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Paula y Julia: Tejedoras de toda una vida

Escribe: Pedro Alva Mari帽as*
Edición N° 1462

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Manos que cuentan historias,

de abuelas que, al amanecer,

tejen la vida en la urdimbre,

como el sol teje el amanecer.

 

No es solo tela lo que nace,

es memoria, es identidad,

un legado que se enlaza

con la fuerza de la tierra.

MARÍA CORNEJO SENMACHE Y JULIA GONZÁLES TORRES. Han sido, junto con otras damas, las mayores exponentes del telar de cintura que es tan tradicional en el norte del país. Las dos dejan el tejido como herencia familiar ya que sus hijas siguen esta práctica y se esmeran por llegar a la excelencia de sus madres. Ambas fallecieron a edad avanzada, pero con la lucidez y las ganas de seguir trabajando en lo que ha sido su pasión de toda la vida. Ambas tejedoras, heredaron la tradición de sus familiares y se han mantenido activas porque era un “negocito” que les generaba ingresos para mantenerse y ayudar en la mantención de sus familias. Una de ellas, María Cornejo incursionó hacia la artesanía más comercial, se posicionó bien en el espacio de artesanía de la avenida Venezuela, abrió un negocio para lo que producía y también para los artículos que tenían demanda. Julia se había procurado un lugarcito en el mercado de Monsefú en donde ofrecía sus tejidos y también sus platillos de poda.

María Cornejo fue la protagonista, la tejedora que aceptó y cumplió con el reto de confeccionar “El paño más grande del mundo” y sobre lo cual escribimos un artículo que fue publicado en el Dominical de La Industria varios años después de la apoteósica exhibición del tejido. Años después, sus hijas Chavesta – Cornejo protagonizarían otro suceso al tejer “la alforja más grande del mundo” y que centrara la atención de los visitantes a la Feria del Fexticum.

Julia Gonzáles, por el contrario, prefirió seguir el camino de lo cotidiano, trabajando, calladamente, persistentemente y acelerando las labores cuando habían pedidos especiales de prendas para obsequiarlos y lucirlos en bautizos, eventos importantes, matrimonios. Sin embargo, varios de los paños que le he comprado a través del tiempo han terminado en manos de personas que aprecian este tipo de trabajos y hasta en manos de una candidata a la presidencia de la República que fue obsequiada con un paño pequeño, de esos que elaboraba Julia con tanto esmero. Recuerdo haberle contado la anécdota de su paño, pero como que no le dio tanta importancia … así era ella.

Ambas tejedoras recibieron varios reconocimientos oficiales otorgados generalmente por la por la Municipalidad de Monsefú o por las comisiones organizadoras del Fexticum. También han aparecido en los medios de comunicación, aunque muchas veces sin ser nombradas, según nos contaban. Es natural que María Cornejo fuera la que más apariciones en los medios ha tenido. Ambas también guardaron algunas experiencias de mal trato que recibieron de algunas autoridades que no valoraron su trabajo o no tuvieron puntualidad en las retribuciones por sus servicios. Por encima de estas circunstancias ellas siempre estuvieron conscientes del reconocimiento general que gozaron de su gente y de sus autoridades.

Tuve la suerte de conocerlas ya en el tiempo avanzado de sus vidas, a María Cornejo la acompañé a su última morada y me contuve de expresar un saludo final por el temor de no contener mis emociones pues había, como puede notarse, mucho que expresar cuando una mujer de su valía se va para siempre. A Julia tuve que buscarla y rebuscarla porque ya no aparecía en su lugar de ventas en el mercado, llegué a su casa y permitió la toma de algunas fotografías y también tenía ya elaborados los seis paños que solía comprarle para obsequiarlos y usarlos a lo largo del año. Uno de esos paños está en Europa, otro en Lima, dos en otros lugares y he reservado dos paños para mí y los he declarado patrimonio personal intransferible porque ya Julia no podrá confeccionar otros tejidos porque partió en un viaje sin retorno.

Con el fallecimiento de Paula Cornejo y de Julia Gonzáles se suponía que la tradición familiar de tejedoras se truncaba, pero felizmente sus respectivas hijas tomaron la decisión de continuar con la tradición familiar. Las hijas Chavesta – Cornejo siguen siendo destacadas artesanas que confeccionaron la “Alforja más grande del mundo”. Por el lado de Julia, sus hijas Mechán - Gonzáles siguen la tradición y tengo un hermoso paño tejido por Orlinda, una de sus hijas.  Con ello se confirma que el arte de tejer es una tradición familiar que continuará tejiendo tradiciones, identidades y esperanzas por muchos años más.

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*Instituto de Desarrollo Regional – INDER

Celular: 951679597.

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HOSPITAL DE MOTUPE: PRONIS debe acelerar la ejecuci贸n y garantizar su culminaci贸n

Escribe: Jos茅 Carlos S谩nchez Manayay (*)
Edición N° 1462

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La obra, con una inversión superior a S/137 millones, registra un avance físico de 48,64 % al cierre de junio de 2026 y tiene como nueva fecha contractual de culminación el 28 de noviembre de 2026, tras una ampliación de 500 días. El proyecto, ejecutado por el PRONIS, es esperado por más de 87 mil habitantes de Motupe y distritos cercanos, quienes requieren con urgencia una infraestructura que permita fortalecer y mejorar el acceso a los servicios de salud.

De acuerdo con el Contrato de Obra N.° 022-2023-PRONIS, la ejecución entró en vigencia el 6 de noviembre de 2023, estableciéndose inicialmente como fecha contractual de culminación el 28 de junio de 2025.

Sin embargo, el reporte de situación del SSI, actualizado al 14 de julio de 2026, señala que el proyecto continúa en ejecución, con un avance físico de 48,64 % y un avance financiero de 57,1 %, correspondientes a junio de 2026.

El mismo reporte informa que fueron aceptados 500 días calendario de ampliación de plazo, estableciéndose como nueva fecha de culminación contractual el 28 de noviembre de 2026. Asimismo, registra siete prestaciones adicionales aprobadas, equivalentes al 4,15 %, mientras otro adicional permanece observado por la entidad debido a la falta de sustento técnico y está pendiente de levantamiento por parte de la supervisión.

Ante este escenario, resulta fundamental que el PRONIS garantice el cumplimiento del nuevo plazo contractual y ponga a disposición de la ciudadanía un cronograma de ejecución actualizado, que permita conocer los trabajos pendientes y los principales hitos previstos hasta la culminación del proyecto.

La población espera respuestas

Más allá de los porcentajes de avance, la culminación del Hospital de Motupe tiene un impacto directo en la calidad de vida de miles de personas. La nueva infraestructura permitirá fortalecer la capacidad de atención de los servicios de salud y brindar mejores condiciones para una atención oportuna, adecuada y de calidad a la población de Motupe y de los distritos de su ámbito de influencia.

Para una población que espera contar con servicios de salud fortalecidos, la conclusión del proyecto representa una necesidad que trasciende las cifras de ejecución. Cada nueva postergación prolonga la espera de ciudadanos que requieren una infraestructura moderna y con mayor capacidad de atención. Por ello, resulta fundamental que la obra mantenga un ritmo de ejecución adecuado, se cumpla con la nueva fecha contractual y se adopten las medidas necesarias para evitar mayores retrasos en un proyecto de evidente importancia social para Lambayeque.

Información actualizada para el control ciudadano

El seguimiento de una inversión pública requiere información oportuna, accesible y actualizada, especialmente cuando se trata de una obra de gran impacto social. En el caso del Hospital de Motupe, mientras el SSI reporta un avance físico de 48,64 % a junio de 2026, la plataforma INFOBRAS registra un avance de 42,47 % y señala como fecha del último avance marzo de 2026, aunque mantiene el estado de la obra como “En ejecución”.

Esta diferencia en el nivel de actualización dificulta que la ciudadanía disponga de una misma referencia temporal al consultar el estado de la inversión. Si bien ambas plataformas tienen finalidades y mecanismos de registro propios, resulta fundamental que la información sobre una obra financiada con recursos públicos se mantenga actualizada, de manera que ciudadanos, medios de comunicación y entidades competentes puedan realizar un adecuado seguimiento de su ejecución.

La obra no puede seguir esperando

El Hospital de Motupe no representa únicamente una inversión de más de S/137 millones; constituye una infraestructura estratégica para mejorar los servicios de salud de más de 87 mil habitantes.

La demora en la ejecución de una obra de esta magnitud también pone en evidencia la importancia de prevenir cualquier riesgo que pueda afectar el uso eficiente de los recursos públicos. La corrupción y otras prácticas contrarias a la integridad pueden convertirse en obstáculos para el cierre de brechas y terminar afectando directamente a la población, especialmente cuando se trata de servicios esenciales como la salud.

En ese contexto, corresponde al PRONIS informar de manera transparente sobre el avance del proyecto y mantener actualizado su cronograma de ejecución. Asimismo, resulta pertinente que la Contraloría General de la República, en el marco de sus competencias, realice el seguimiento que corresponda a esta inversión, mientras que la Defensoría del Pueblo pueda mantener la atención sobre las demandas de la población vinculadas al acceso oportuno a los servicios públicos de salud.

La culminación del Hospital de Motupe representa una oportunidad para mejorar la atención sanitaria de más de 87 mil habitantes y responder, con transparencia, eficiencia y sentido de urgencia, a una necesidad que la población no puede seguir esperando.

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(*) Politólogo.

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Las noches eternas de 鈥淓l Tr茅bol"

Escribe: Larcery D铆az Su谩rez
Edición N° 1462

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Todos los días, cerca de la medianoche y luego de culminar la jornada laboral, abandonaba canal 4 TV de Chiclayo y recorría a pie veinte cuadras hasta mi casa.Tomaba la calle Elías Aguirre y, obligatoriamente, debía pasar por el parque principal, en el corazón de la ciudad.

Muchas fueron las noches en que, tras partir desde la urbanización Los Parques hasta el barrio Suazo, al este de Chiclayo, me detenía en el restaurante “El Trébol” (años después a su nombre se agregaría el de “Las Américas”), a un costado de la iglesia Catedral. Saciaba mi sed, probaba algunos alimentos y, sobre todo, me reencontraba con la gente de prensa, que tenía a ese lugar como punto de bohemia y conversación de las largas jornadas del día.

Más de los domingos, a veces bien acompañado, iba al restaurante tras disfrutar de una de las excelentes películas que proyectaba el Cine Teatro “Tropical”, a un costado del restaurante, en tiempos en que para ingresar se formaban largas colas y en que la platea y el balcón se abarrotaban, ante los esfuerzos personales de Luis Cortez, quien regentaba la sala.

Comenzaba la década del setenta. Ocho años antes, el 26 de septiembre de 1962, se habían abierto sus puertas. “El Trébol” marcaría el ritmo de la vida social de la ciudad durante décadas. Augusto Vásquez Torres, un hombre con “corazón de oro” venía de trabajar en el restaurante Roma y, junto a su esposa, Lucila Ramos Bobadilla; e hijas, Martha, Mary, Luisa, Lina y Marianela Vásquez Ramos, decidió darle vida a ese local.

Pero la historia de este restaurante no comenzó con el brillo de la inauguración, sino con el polvo de un abandono de casi cuarenta años y unos muebles de madera tan pesada que parecían anclados al pasado. A su lado, desde el primer día estuvo Lizandro Sánchez Rodríguez. Acababa de salir del ejército y fue contactado por don Augusto. “Vamos a abrir ese negocio. ¿Quieres trabajar conmigo?”, le dijo. No solo fue el primer mozo. Se convirtió en el guardián de los secretos de una casa que atendía tanto a los hombres más ricos de la región como a los periodistas más agudos de la bohemia chiclayana.

Cada mañana, a las diez, el ritual se repetía. La “primera mesa” de “El Trébol” era territorio exclusivo de “Los Satanaces”, un grupo de diez a doce personajes que Lizandro describe como “los millonarios de Lambayeque”. Sus sesiones de café y whisky podían extenderse hora tras hora, hasta que Lizandro les servía los mejores cortes de lomo finoantes de que se retiraran. Existía tal confianza que, a veces, se iban sin pagar, saldando sus cuentas al día siguiente sin que faltara jamás un centavo. Sánchez recuerda con picardía cómo sus compañeros evitaban esa mesa porque tales parroquianos no solían dejar propina. Pero él los atendía con devoción sabiendo que, al final, la lealtad de estos clientes era el motor del local.

Tinta y bohemia

Cuando caía la noche, el ambiente se transformaba. Los banqueros del Banco Popular, en la esquina de Elías Aguirre y la avenida Balta y los periodistas de varios medios, tomaban el relevo. En la entidad bancaria trabajaban por la mañana quienes ejercían el periodismo por las noches, sobre todo deportivo, como Ángel Navarro Carlos, director de “Ovación”, el programa de Deportes de Radio Star o Juan Rafael Sorogastúa Leyva, director de “Pregón Deportivo”, de Radio Délcar y después en radio Chiclayo, así como algunos miembros de estos espacios, como Jorge Raffo Niquén, Juan Francisco Vélez Quiroz, el “Gallo Vélez”, Alejandro Gonzáles Bravo, Pablo Horna Sánchez. Y, con ellos, estaban los bohemios y trasnochadores periodistas Jesús Alfonso “Fuco” Tello Marchena, José Ramírez Ruiz, Manuel Vidarte Sierra, Germán Segura Salcedo, Baxter González Solano, Manuel Herrera Portilla o Jorge “el Negro” Quiroz Rodríguez, quienes eran parte esencial de esas tertulias donde se mezclaba el periodismo con el esparcimiento. Y, por supuesto, el autor de esta nota, que esporádicamente por allí se colaba para escuchar los consejos de viejos colegas y aprender de sus gratas experiencias periodísticas.

Ángel Navarro, “El zorro”, debido a temas de salud evitaba la cerveza y prefería el ron o pisco. Otros, como este escriba, solo bebíamos cerveza y fumábamos como chinos; más por acompañar las noches de bohemia. La familiaridad era tal que estos personajes a veces llevaban sus propias botellas, confiando plenamente en que se les atendería “a buena altura”. Y entre tertulia, juegos de casino y de dados, la noche se nos pasaba hasta que más nos retirábamos obligados por el cierre del local.

Para el dueño del restaurante, Augusto Vásquez, yo era “el joven periodista”. Había asumido la dirección de prensa en la única televisora que, desde Lima y con programas periodísticos y de entretenimiento en Chiclayo, emitía su señal en todo Lambayeque y gran parte del norte y nororiente peruano. La amistad con don Augusto permitía a los periodistas la licencia de permanecer en un espacio del establecimiento, departiendo anécdotas, celebrando acontecimientos, cuchicheando las últimas noticias y, por qué no, recordando algún amor no correspondido. Y, sí, más de una vez me jaraneé hasta el amanecer, escuchando y tratando de entonar las canciones de José José, Roberto Carlos, Nino Bravo y Jeanette con su Corazón de poeta.

El sindicato y la amistad

Lo que hacía único a “El Trébol” era la relación entre su dueño, Augusto Vásquez, y su primer mozo. Tal como me cuenta Lizandro Sánchez, él no solo era el empleado de confianza.Alrededor de 1968, tras regresar de una beca de tres años en México, Lizandro se convirtió en dirigente del sindicato de trabajadores hoteleros. Bajo su liderazgo, el sindicato logró conquistas históricas para el local: la jornada de 8 horas con alimentos y la dotación de uniformes.

A pesar de la cercanía y amistad que tenía con don Augusto, Lizandro sabía separar los ámbitos. Relata que se sentaba a la mesa a negociar “de igual a igual”, recordándole a sus compañeros que en ese momento se discutían temas de la empresa y no cuestiones personales. Cuando don Augusto despedía a un trabajador de manera impulsiva o incorrecta, Sánchez intervenía para advertirle sobre las consecuencias legales, como multas o juicios perdidos, basándose en su conocimiento de leyes laborales. “Usted es mi jefe; yo le admiro... pero hay que respetarnos”, le insistía Lizandro a don Augusto. Sus compañeros se asombraban de cómo Lizandro podía sentarse a negociar pliegos de reclamos con el dueño con tanta naturalidad. La clave era la autoridad moral: Nunca faltó un solo día al trabajo en décadas. Siempre llegaba puntual. Ello le permitía exigir derechos con la frente en alto. Lizandro actuaba frecuentemente como un puente entre la ley y su jefe. Mantenía una postura ética clara: aclaraba que el sindicato no estaba para defender a “rateros” o malos elementos, sino para asegurar que se respetaran los procedimientos legales y evitar que la empresa se viera perjudicada por fallos administrativos.

La jerarquía se disolvía al terminar la jornada. Cerca de las tres o cuatro de la mañana. Don Augusto, Lizandro y los mozos Cabrejos, Pérez, Quispe, Alarcón (apodado “el altazo”), Saldivar y De la Torre, solían subirse a una camioneta que los esperaba en la puerta para irse a “El Gitano”, en la calle Lora y Cordero que atendía toda la noche hasta el amanecer. No los acompañaba la señora Luz Carrasco, quien se despedía para ir a su casa. Hasta esa hora, Luz permanecía en caja y controlaba estrictamente las cuentas, como persona de máxima confianza de la familia.

Ya en “El Gitano” jugaban “cachito” (dados). Don Augusto solía pagar las primeras seis botellas antes de entrar al juego. En esas noches, el patrón se convertía en un amigo más que compartía chistes y risas, demostrando ese “corazón de oro” que a veces le jugaba malas pasadas en los negocios, permitiendo que gente que no servía se aprovechara de su bondad.

La salsa del sabor

El restaurante brilló durante varios años, tanto como lugar estratégico, como por su atención y servicio gastronómico. No se podía hablar de “El Trébol” sin su chicharrón de pollo, el plato bandera que surgió de la experimentación del propio Augusto Vásquez. Sin ser un chef de escuela, don Augusto ingresaba a la cocina para supervisar que ningún plato saliera sin su aprobación. De sus idas al mercado y sus pruebas con cremas espesas nació una sustancia deliciosa: la “Salsa Trébol”, que don Augusto preparaba en base a huacatay, una hierba aromática famosa por su intensa fragancia, que mezcla notas de menta, albahaca y cítricos; ahora clave en la gastronomía peruana para preparar la ocopa y cremas de pollo a la brasa.

Fue un éxito rotundo que Lizandro aprendió a preparar “copiándose” la receta al observar a su jefe. Y la usa hasta hoy. Con su familia ha instalado un servicio de menú de delivery en su propia casa, donde hace degustar la salsa del sabor, según lo comprobamos con Luisa Vásquez, hija de don Augusto, cuando ambos le robamos a Sánchez valiosos minutos de su descanso, para que nos contara estos y otros muchos recuerdos de su paso por ese espacio de gastronomía, bebidas y conversación infinita de esas noches eternas. No guarda fotografías de esa época. Solo un recuerdo físico de hace cincuenta años: un reloj en alto relieve, con la propaganda de una bebida gaseosa.

El traspaso y la etapa final

Al otro costado del cine “Tropical”, existía un amplio local abarrotado con desechos del mismo cine, que incluían máquinas de proyectar viejas, rollos de películas deterioradas y otros enseres. Don Augusto alquiló ese ambiente y lo destinó para que sus hijas estuvieran al frente en un local exclusivo para comidas. Lo bautizó como “Las Américas”. El “Trébol”, su “Trébol”, seguiría como bar. Ambos restaurantes, a uno y otro costado del cine “Tropical”.

Antes de comenzar la década del ochenta, el negocio original de “El Trébol” empezó a decaer debido a malos negocios externos de don Augusto, como la formación -sin los conocimientos necesarios- de una academia y la adquisición de una máquina bordadora, que terminaron en embargo. El local fue traspasado a una persona que llevó a don Augusto a Lima para cerrar el trato. Al final, esa persona no cumplió con el pago de las deudas sociales de los trabajadores y el contrato se deshizo. Ante tal situación, los trabajadores, bajo la gerencia de Lizandro Sánchez, decidieron tomar el nombre y mudarse a un nuevo local en la calle Torres Paz, entre la avenida Balta y la calle Colón. Allí, en esta nueva ubicación Lizandro Sánchez se desempeñó como gerente durante 10 años, manteniendo vivo el nombre de “El Trébol”, hasta que la sociedad de mozos finalmente se disolvió debido a dificultades administrativas.

Hoy, el local de Elías Aguirre es un recuerdo que renace con un ambiente del mismo nombre, pero ya con otra nueva historia; porque allí ya no están don Augusto, ni su esposa e hijas; ni tampoco Lizandro y sus compañeros que atendían; ni los bohemios de entonces; ni mucho menos la inconfundible “salsa Trébol”, que ahora se continúa sirviendo en “Las Américas” y que en la puerta, con un gran letrero, da la bienvenida al Papa León XIV.

Sin embargo, en el testimonio de Lizandro Sánchez, “El Trébol” sigue vivo. Es la historia de una época donde la palabra valía más que un contrato, donde el patrón y el obrero podían ser cómplices en una mesa de dados, y donde Chiclayo encontraba su alma entre el aroma de un buen café y el eco de una jarana con cajón.

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* Periodista. Director de www.miraporellos.pe

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HISTORIA QUE INSPIRA: Miguel Portocarrero y la vocaci贸n de servir ante el dolor ajeno

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Chiclayo ganó el concurso nacional para el nombramiento en Trabajo Social en el INEN.

Hay caminos que no se eligen por diseño, sino por revelación. Durante años, para el chiclayano Miguel Portocarrero Araujo, la vida transcurría entre los compases de la música —su primera pasión sobre los escenarios— y las aulas universitarias donde cursaba la carrera de Derecho. Creía que la defensa de la justicia era su meta final hasta que una apendicitis lo llevó, de emergencia, a la cama de un hospital y luego a un cambio en su ruta profesional.

Aquella estancia hospitalaria no solo curó su cuerpo, sino que redefinió su destino. Fue allí donde conoció a una trabajadora social que no se limitó a revisar un expediente clínico, sino que indagó con calidez en su entorno familiar y sus emociones. Miguel Portocarrero observó aquella intervención cercana, profundamente humana, y descubrió una labor que trascendía los códigos legales: la capacidad de sostener al vulnerable en su momento más frágil. Dejó los tribunales a mitad de carrera para postular a Trabajo Social en la Universidad Señor de Sipán, convencido de que su verdadera trinchera no estaba en las leyes, sino en el contacto directo con el ser humano.

De la gestión a la primera línea

Su egreso en el 2024 marcó el inicio de una evolución profesional acelerada. Tras un paso por el sector privado en gestión de bienestar laboral dentro de una call center, sintió la necesidad de llevar su vocación hacia un impacto social más profundo. Decidió ingresar al sector público a través del Servicio Rural y Urbano Secundario de Salud - SERUMS, logrando ingresar en el octavo puesto a nivel nacional.

Designado al Centro de Salud Paiján, en La Libertad, asumió la gestión de Promoción de la Salud. Allí articuló esfuerzos con municipios, policías y procuradurías para impulsar campañas médicas e intervenciones en beneficio de la comunidad. Su gestión no pasó desapercibida, pero al culminar su periodo de servicio, el ansia de seguir aportando lo llevó a mirar hacia la capital.

A fines de año, se presentó al concurso público nacional convocado por el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas – INEN, para cubrir plazas nombradas bajo el régimen 276 de la función pública. Competía contra más de 300 profesionales de todo el país, muchos con años de trayectoria. Sin embargo, su rigurosa preparación académica y el perfil de gestión demostrado le valieron ocupar el primer lugar en su especialidad, alcanzando su nombramiento en la institución referente de la oncología en el Perú.

La misión de humanizar

El traslado a Lima y el ingreso al INEN significaron un choque de realidad profundo. Trasladarse desde su cálida Chiclayo natal para asumir turnos de 12 horas en las áreas más complejas del instituto —como Emergencia y Medicina Paliativa— puso a prueba su temple.

“El impacto emocional fue fuerte”, confiesa. En Medicina Paliativa, donde los pacientes no buscan una cura sino aliviar el dolor o alcanzar calidad de vida en sus días finales, el agotamiento va más allá de lo físico. “Terminaba mis turnos sintiendo que un camión me había pasado por encima; llegaba a casa solo a bañarme, descansar y desconectarme para asimilar todo lo vivido, hasta entender que era parte del proceso y del aprendizaje”, comenta.

En esos pasillos, donde convergen familias provenientes de regiones muy pobres como Ayacucho y Huancavelica, de los rincones más alejados del país, muchos sin soporte familiar en la capital ni recursos para costear donantes de sangre o estadía, comprendió que la salud no es únicamente un tema de infraestructura o medicinas. El mayor déficit, advierte, reside en la pérdida de sensibilidad.

“La empatía y la humanización se han ido perdiendo en el sector Salud. Ver pacientes desorientados o angustiados por citas lejanas te obliga a intervenir, a buscar alternativas con aliados como las damas voluntarias o gestiones de emergencia para acelerar su atención”, reflexiona.

Recuerda con particular conmoción el caso de una paciente extranjera con cáncer de estómago en estado avanzado que no contaba con documentos para acceder al Servicio Integral de Salud - SIS. Gracias a coordinaciones estratégicas con Migraciones, logró agilizarse su carné de extranjería e internarla a tiempo. Aunque la paciente falleció semanas después debido a la gravedad de la enfermedad, la familia lo llamó no para lamentar el trámite, sino para agradecerle haber estado a su lado hasta el último aliento. Para él, esa es la esencia de su profesión: devolverle la dignidad al paciente y la certeza de que no está solo.

Liderazgo con sello chiclayano

A sus primeros meses de gestión, su desempeño y compromiso le han valido asumir la coordinación interina del Área de Trabajo Social en el INEN para mesas de trabajo institucional, un nuevo reto que afronta con la humildad de quien aprende en la marcha. Aunque la capital impone su propio ritmo, asegura sentirse en casa al cruzar miradas y acentos con los paisanos chiclayanos que transitan por el hospital.

Miguel Portocarrero Araujo representa a una nueva generación de profesionales que no le teme a la complejidad de la salud pública. Su historia recuerda que detrás de cada diagnóstico hay una historia de vida, y que la empatía no es solo una virtud deseable, sino la herramienta médica indispensable para sanar.

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LAS ISLAS LOBOS DE AFUERA: Santuario de biodiversidad e historia en el mar peruano

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Forman parte de la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras.

En la inmensidad del océano Pacífico, a unos 93 kilómetros al oeste de la costa del departamento de Lambayeque, se erige el archipiélago de las Islas Lobos de Afuera. Con una extensión territorial de 235,81 hectáreas, este enclave insular peruano está compuesto por dos islas principales —denominadas Cachimbo e Independencia— de dimensiones similares, las cuales se encuentran separadas por un angosto canal marítimo de apenas 36 metros de ancho. Acompañadas por arrecifes, farallones y diez islotes vecinos como Lagarto, Lagartija, San Agustín y El Vigilante, estas islas representan uno de los ecosistemas marinos más singulares del litoral del Perú.

A diferencia de las formaciones continentales más recientes, el sustrato de las Islas Lobos de Afuera constituye el vestigio de una antigua cadena montañosa precámbrica conocida como la Cordillera de la Costa. Con una elevación máxima de 61 metros sobre el nivel del mar y situadas al borde mismo del zócalo continental, la superficie insular cuenta con un núcleo de granito intrusivo del periodo Jurásico recubierto por rocas metamórficas del Carbonífero Superior, sobre las cuales reposan depósitos históricos de guano. Su terreno es agreste, dominado por acantilados, fondos de cascajo, quebradas y hondonadas carentes de vegetación. Asimismo, la geografía de las islas cumple un rol clave en la biogeografía marina al marcar el límite austral de distribución de múltiples especies pertenecientes a la Provincia Bioecológica Panámica.

La posición estratégica de las islas y sus enormes yacimientos fertilizantes convirtieron al archipiélago en objeto de intensas disputas diplomáticas e hitos de reafirmación patriótica durante el siglo XIX. Luego de que el Estado peruano declarara el guano como «Bien nacional» en 1842 y decretara su jurisdicción sobre todas las islas del litoral en 1852, las potencias de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia iniciaron una agresiva campaña internacional para catalogar a Lobos de Afuera como res nullius (tierra de nadie). Argumentando la distancia del continente y un supuesto hallazgo previo por navegantes norteamericanos, el Secretario de Estado estadounidense, Daniel Webster, desconoció abiertamente la soberanía peruana.

Esta presión internacional obligó al Gobierno del Perú a movilizar a la Armada y afianzar una base militar permanente en la zona. Los registros del sabio Antonio Raimondi en 1863 contabilizaban más de 607 000 toneladas de guano en la zona, cifra que explicaba la codicia de los mercados extranjeros. Tras la explotación industrial iniciada en 1872, el aprovechamiento del recurso continuó incluso de forma ilegítima durante la guerra del Pacífico por las fuerzas de ocupación y, posteriormente, pasó temporalmente a manos de la compañía británica Peruvian Corporation bajo las cláusulas del Contrato Grace hasta 1926. Aunque la actividad extractiva mermó sensiblemente a lo largo del siglo XX, la última gran campaña oficial tuvo lugar en 1997 con la recolección de 840 toneladas.

Reserva de fauna marina

En la actualidad, el valor fundamental de las Islas Lobos de Afuera trasciende lo económico para situarse en la conservación ambiental. Al encontrarse cerca de la zona de divergencia donde la corriente de Humboldt se desvía hacia el oeste, las aguas que rodean al archipiélago alimentan un ecosistema de altísima biodiversidad. Por esta razón, en el año 2009 las islas quedaron integradas legalmente dentro de la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras, asegurando la protección estatal de sus frágiles ambientes marino-costeros.

La biodiversidad del recinto es prodigiosa: alberga al menos 99 especies de peces, 52 de moluscos, 16 de crustáceos, 39 de equinodermos, 33 de aves y más de un millar de lobos marinos chuscos (Otaria flavescens) que colonizan sus orillas. Entre las colonias reproductivas de aves destacan el piquero de Nazca (Sula granti), el piquero patas azules (Sula nebouxii), el pelícano peruano (Pelecanus thagus), el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) y el zarcillo (Larosterna inca). En sus roqueríos también habitan saurios clave para el equilibrio ecológico, como el gekko o jañape (Phyllodactylus microphyllus) y la lagartija peruanista (Microlophus peruvianus), que controlan las poblaciones de insectos y parásitos en las nidadas. Además, sus aguas continentales sirven de refugio a la tortuga verde (Chelonia mydas), especie marina amenazada a escala global.

Para resguardar la navegación y mantener la presencia institucional en este confín insular, las islas cuentan hoy con una estación meteorológica e hidrológica de la Dirección de Hidrografía y Navegación (DHN) de la Marina de Guerra del Perú, además de dos faros y un radio-faro que guían de manera ininterrumpida a las embarcaciones. Las Islas Lobos de Afuera permanecen como un faro de soberanía y un tesoro natural invalorable en las aguas del Pacífico sur.

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IGLESIA SAN ANTONIO DE PADUA: El centro de la devoci贸n franciscana en Chiclayo

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • La Iglesia San Antonio ha sido remodelada en los últimos años para que tenga la prestancia propia de una basílica, como cariñosamente le llaman los chiclayanos.
  • La imagen del Cristo crucificado que se exhibe en el altar mayor del templo fue traída por los misioneros españoles en el siglo XVII.

En la cuadra 4 de la avenida Luis González se ubica la Iglesia San Antonio de Padua, templo construido por los frailes franciscanos, quienes erigieron este monumento luego de la demolición de la Iglesia Matriz, también edificada por ellos.

Los franciscanos llegaron a esta tierra a mediados del siglo XVI y empezaron inmediatamente con su tarea de evangelización. Fruto de ello terminaron de construir en 1583 la Iglesia Matriz, ubicada al lado de lo que queda del convento de Santa María. Lamentablemente, los franciscanos se fueron de Chiclayo en 1827 y en 1962 el templo fue demolido para dar paso “a la modernidad”.

Pese a ello, los franciscanos no desmayaron en su misión evangelizadora y a su retorno edificaron un nuevo templo, la hoy Iglesia San Antonio de Padua, a donde acuden cientos de fieles diariamente.

Remodelación

Hoy los religiosos franciscanos han emprendido la tarea de remodelar su templo. Gracias al apoyo de la comunidad, se ha hecho el cambio tanto de la puerta principal como las laterales, las cuales ahora son de madera y tienen un arco en la parte superior, emulando a la extinta Iglesia Matriz.

El padre Mauro Vallejo, guardián del convento Sagrado Corazón de Jesús, que se ubica al costado de la Iglesia San Antonio, cuenta que su proyección es gestionar ante la Santa Sede que a la parroquia San Antonio de Padua se le dé el título oficial de basílica, en honor a la trayectoria e importancia de los franciscanos en Chiclayo. Para esto -indica- se están haciendo todas estas mejoras, a fin de que el templo se encuentre a la par de la majestad del título de basílica, el cual ya de cariño los chiclayanos le han otorgado.

A futuro, la proyección es que en lo que queda del convento de Santa María se levante al menos un museo que sirva de remembranza de la historia colonial de Chiclayo y el aporte de los franciscanos en la fundación de esta ciudad.

Arte y arquitectura

El templo se condice con una arquitectura de arte sacro. El punto focal del altar mayor lo constituye una venerada talla en madera policromada de Cristo Crucificado, una reliquia traída por misioneros españoles durante el siglo XVII que ha sobrevivido al paso de los años. A este patrimonio histórico se suman solemnes lienzos al óleo en los muros laterales que retratan pasajes de la vida de San Francisco de Asís y de San Antonio de Padua, así como retablos finamente trabajados que custodia la parroquia para la veneración de la comunidad.

Los techos del interior albergan murales de refinada factura artística —entre ellos obras del pintor Marcial Anhuamán Castro— que han sido restaurados para preservar sus vivos colores originales.

La cúpula principal y el ábside del presbiterio de la Iglesia San Antonio de Padua presenta una destacada pintura mural alegórica, donde se representa la asunción de la Virgen María, rodeada de un denso manto de nubes doradas, ángeles y querubines sobre un fondo azul que simula el cielo abierto. La composición incluye la representación iconográfica de San Francisco de Asís y San Antonio de Padua en actitud de adoración y contemplación divina hacia la figura central.

Hoy los franciscanos también han recuperado el auditorio que durante años estuvo cerrado al público. Renombrado como el salón ‘Solano’, este espacio se usa para conferencias, recepciones y velatorio. Tiene un aforo para 120 personas.

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MUSEO BR脺NING: Pionero en la conservaci贸n del patrimonio cultural

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • El museo custodia más de 1400 piezas arqueológicas fabricadas en metales preciosos, cerámica, textiles, madera y piedra.
  • El museo lleva el nombre de Hans Heinrich Brüning, quien fue su gestor y por más de 50 años desarrolló una esforzada e indesmayable labor en defensa de la herencia cultural.

Creado el 10 de julio de 1921, el Museo Arqueológico Nacional Brüning es el más antiguo en Lambayeque con 105 años de historia, consolidándose como una de las instituciones museísticas más importantes del país y un referente en la investigación, conservación, defensa y difusión del patrimonio cultural del norte del Perú.

Su nombre obedece a su fundador, Hans Heinrich Brüning, cuya valiosa colección arqueológica constituye un legado y fuente fundamental para el conocimiento de las culturas prehispánicas de Lambayeque.

El museo y su relación con su fundador

Hablar del Museo Brüning es hablar indudablemente también de Hans Heinrich Brüning, ciudadano alemán que llegó al Perú en 1875 y se puso inmediatamente al servicio como mecánico de la hacienda azucarera de Pátapo. A la par de su labor, quedó fascinado por la historia, las costumbres y la lengua mochica de los pobladores locales.

Fue así que, a lo largo de casi cinco décadas, rescató y compró cientos de piezas arqueológicas de metal, cerámica y textil a los pobladores locales, evitando que se perdieran por el huaqueo o el comercio ilegal. Brüning no solo juntaba piezas; documentó minuciosamente la vida cotidiana de las comunidades indígenas a inicios del siglo XX. Sus más de 2000 fotografías en placas de vidrio son hoy un testimonio etnológico invaluable de las tradiciones, fiestas, técnicas de tejido y pesca ancestral de la costa norte.

El museo

En 1921, en el marco de las celebraciones por el centenario de la independencia del Perú, el Estado peruano —bajo el gobierno del presidente Augusto B. Leguía— adquirió formalmente la colección privada de Brüning por la suma de 6000 libras peruanas.

De esta forma, el 10 de julio de 1921 se oficializó la creación del Museo Arqueológico Nacional Brüning, siendo nombrado como primer director del museo el propio Hans Heinrich Brüning, quien se encargó de catalogar e inventariar las piezas. Inicialmente, el museo funcionó en la casa de Brüning, quien ya dos años antes había acondicionado un espacio en su vivienda de la calle San Roque N° 59, hoy calle Dos de Mayo, para exhibir al público la impresionante colección privada que había reunido.

Brüning permaneció en el cargo hasta 1925, cuando por problemas de salud regresó a su ciudad natal en Alemania, donde falleció en 1928 a los 79 años.

El edificio actual, inaugurado en 1966 y diseñado por Celso Prado Pastor, rinde homenaje a las pirámides truncadas de adobe (huacas) de las culturas Mochica y Lambayeque. La idea del arquitecto era que el visitante sintiera que estaba ascendiendo a un templo prehispánico para descubrir los tesoros en su interior.

Salas de exposición

Hoy, el Museo Brüning cuenta con cinco salas de exposición. Está la Sala Hans Heinrich Brüning, ubicada al inicio del recorrido, la cual rinde homenaje al investigador, mostrando su diario de campo, sus cámaras fotográficas, mapas trazados por él y una selección de sus icónicas fotografías históricas del Lambayeque de 1900.

Se encuentran luego la Sala Introductoria y Multimedia, donde se aprecian proyecciones audiovisuales sobre el medio ambiente, geografía e historia de la costa norte; la Sala de Arqueología, que exhibe cronológicamente más de 1400 piezas de las culturas Chavín, Vicús, Moche, Sicán/Lambayeque, Chimú e Inca; y la Sala de Orfebres o Sala de Oro, donde hay más de 500 piezas de metalurgia prehispánica de incalculable valor como máscaras funerarias, vasos ceremoniales, coronas, narigueras y orejeras de oro y plata.

La última en ser inaugurada fue la Sala de la Sacerdotisa de Chornancap, la cual consiste de un nivel entero dedicado al hallazgo de la gobernante y líder espiritual Lambayeque, exhibiendo la recreación de su tumba intacta y sus adornos de la más alta orfebrería.

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EL PALACIO MUNICIPAL DE CHICLAYO: Centenario monumento de la ciudad

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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En el corazón urbano de Chiclayo se levanta el Palacio Municipal, emblemática edificación republicana, de estilo Art Nouveau, que condensa más de un siglo de transformaciones urbanas, episodios trágicos y renacimientos. Considerado una de las joyas arquitectónicas más representativas del departamento de Lambayeque, este monumento fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 1986.

El origen de la sede municipal chiclayana se remonta a la época colonial, cuando los gobiernos locales funcionaban bajo la figura de ayuntamientos o cabildos. Investigaciones históricas revelan que la edificación primigenia constaba de dos plantas y cuatro portales adosados al Parque Principal: el primer nivel albergaba la cárcel pública y en el segundo sesionaba el concejo.

La visión de erigir la actual Casa Consistorial cobró fuerza en 1908, durante el primer mandato del presidente Augusto B. Leguía. El proyecto, impulsado decididamente por el exalcalde y diputado José Francisco Cabrera junto a Francisco Cúneo Salazar y el propio jefe de Estado, encomendó sus planos iniciales al arquitecto e ingeniero peruano Pedro Ignacio Geraldino Villalba. Las obras civiles arrancaron formalmente en 1919 bajo la dirección del ingeniero Ladislao Ulises Hidalgo San Miguel, exdirector de la Escuela de Artes y Oficios de Chiclayo. Financiado por el gobierno central y con recursos propios por una suma superior a las 30 000 libras de oro peruanas, el edificio fue concebido como un símbolo de modernidad para la pujante urbe norteña.

Diseño arquitectónico

A nivel arquitectónico, la edificación destaca por sus elegantes detalles de influencias europeas e hispánicas. La fachada ostenta tres vistosas rejas de fierro forjado en el nivel inferior, acompañadas por pilastras de orden corintio que sustentan el pabellón principal donde se abre el balcón. En el patio interior sobresalen catorce columnas rodeando una majestuosa escalera imperial que se bifurca hacia ambos márgenes, lugar donde rinde homenaje un busto al exalcalde José Francisco Cabrera. Coronando la estructura, un ático disimula el tejado y sirve de base a una esbelta torre en la que se instaló en 1922 un Monumental Reloj público importado para marcar la hora de la ciudad.

La magna inauguración tuvo lugar el 9 de diciembre de 1924, bajo la gestión del alcalde Adán Wenceslao Grillo Cortez, coincidiendo con las celebraciones por el primer centenario de la Batalla de Ayacucho. Durante sus primeras décadas, el moderno edificio albergó en su primer piso a instituciones claves como la Cámara de Comercio, el Correo, el Telégrafo y el Comité Olímpico Departamental, mientras que el segundo nivel quedó reservado para la Alcaldía y el Salón Consistorial. En 1973, durante la administración municipal de Gerardo Pastor Boggiano, la sede amplió su infraestructura mediante la construcción de un edificio de fachada hacia la avenida José Balta.

No obstante, la historia del palacio no estuvo exenta de severas adversidades. El 7 de septiembre de 2006, un dantesco incendio consumió gran parte de la estructura superior, destruyendo casi por completo el ático, la torre y el campanario, elaborados tradicionalmente en madera y quincha. Frente a la conmoción pública, en 2008 se aprobó un riguroso plan de restauración encabezado por el arquitecto Jorge Cosmópolis Bullón y secundado por Mario Seclén Rivadeneira. Tras un arduo trabajo técnico, el 26 de abril de 2010 el edificio fue devuelto al pueblo de Chiclayo totalmente recuperado, combinando la preservación estética con la seguridad estructural.

Desde su reapertura en abril de 2010, el Palacio Municipal ha transformado su primer nivel en un activo dinámico centro de proyección cultural. A lo largo de los años, el espacio ha recibido a cientos de miles de visitantes y ha alojado cerca de 140 exposiciones artísticas, consolidándose como un eje ineludible de la vida intelectual chiclayana.

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PASEO YORTUQUE: El museo al aire libre m谩s grande del Per煤

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Cuenta con 53 esculturas en fibra de vidrio y 2000 metros de murales en alto relieve.
  • Es considerado también el primer museo al aire libre de Lambayeque.

Con una extensión de 1.6 kilómetros, el Paseo Yortuque es el corredor temático más largo del Perú. Sus imponentes esculturas en fibra de vidrio que pueden llegar hasta los cinco metros de altura, hacen de este paseo peatonal un lugar imponente, donde se relata el desarrollo social y la mitología de las civilizaciones prehispánicas de Lambayeque (especialmente Mochica y Lambayeque/Sicán), extendiéndose hasta las épocas colonial y republicana.

Es, además, un paseo temático gestionado desde la iniciativa vecinal, pues fueron los vecinos de la urbanización Federico Villarreal, liderados por Juan Gamarra Romero, quienes decidieron cambiar el muladar en el que se había convertido la avenida Chinchaysuyo por un gran museo temático. Desde su inauguración en el 2015, este espacio se ha convertido en un destino de concurrencia obligatoria dentro del paquete turístico en Chiclayo.

Iniciativa vecinal

Después de radicar por más de 30 años en Alemania, el doctor en Filosofía Juan Gamarra, vecino de la urbanización Federico Villarreal, comenzó a gestar en el 2006 la idea de un paseo ecológico y temático que represente la historia cultural de Lambayeque, desde la llegada de los primeros hombres en estas tierras hace más de 12 mil años.

Fue así que siete años después, tras múltiples gestiones, se logró la asignación de presupuesto y se dio inicio a la construcción de esta obra, la cual fue ejecutada por el Gobierno Regional de Lambayeque con una inversión de casi 10 millones de soles. Retrasos en la instalación de las esculturas hicieron que recién fuera inaugurada el 17 de marzo del 2015 con la presencia del entonces ministro de Vivienda, Construcción y Saneamiento, Milton Von Hesse.

“Concebida la idea del proyecto, pensé que este no solo serviría para impulsar la identidad cultural de nuestro pueblo, sino también para fomentar el turismo y convertirse en un atractivo para Chiclayo. Me dediqué durante dos años, silenciosamente, a pulir la idea original y, cuando tuve la sensación que podía convertirse en un proyecto de inversión pública, lo presenté el 28 de enero del 2008, con ayuda de mis vecinos, a las autoridades de Chiclayo. La municipalidad lo hizo suyo, lo inscribió en el Ministerio de Economía para su financiamiento y empezó la lucha, hasta que, para suerte del Paseo Yortuque, en enero 2011, el ingeniero Humberto Acuña Peralta, presidente regional, se enamoró del proyecto y de inmediato nos ofreció su apoyo”, contaría durante su inauguración el doctor Juan Gamarra.

Paseo temático

Así, entre los límites de los distritos de Chiclayo y La Victoria, donde antes había cerros de basura alrededor de la acequia, hoy se erige el Paseo Yortuque. Su gran atractivo radica en las 53 esculturas a gran escala hechas en fibra de vidrio. Los visitantes podrán observar icónicas escenas como el desembarco de Naylamp, quien aparece sobre una embarcación mística flanqueado por sus oficiales y servidores que esparcen polvo de la concha Spondylus; la imagen de la Sacerdotisa de Chornancap; y la imponente comitiva del Señor de Sipán rodeado de sus guerreros, concubinas y jefes militares.

El recorrido escultórico abarca además la cotidianeidad ancestral y el folclore vivo de la costa norte. A lo largo de las plazoletas es posible contemplar recreaciones de antiguos pobladores pescando sobre caballitos de totora, agricultores, deidades mochicas como el degollador Ai Apaec e impresionantes pasajes de las épocas colonial y republicana que inmortalizan a parejas ejecutando la tradicional marinera con pañuelo en mano.

Hoy, el reto de las autoridades en torno al Paseo Yortuque radica en garantizar un mantenimiento integral y sostenible que preserve su valor cultural y ecológico frente al paso del tiempo, pero también de los malos ciudadanos que ensucian e incluso vandalizan las esculturas en fibra de vidrio.

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LA DANZA DE LOS DIABLICOS DE T脷CUME: La leyenda y la eterna lucha entre el bien y el mal

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Danza forma parte de la fiesta en honor a la Purísima Concepción.

En el distrito de Túcume, ubicado en la provincia de Lambayeque, se celebra una de las manifestaciones folclóricas y religiosas más impactantes de la costa norte peruana: la Danza de los Diablicos. Esta tradición, practicada en el marco de la festividad de la Virgen Purísima Concepción entre los meses de enero y febrero —con sus días centrales del 3 al 5 y el 10 de febrero—, constituye un ritual mágico-religioso que escenifica la constante lucha entre las fuerzas del mal y del bien.

El origen de esta danza se sustenta en la mística leyenda del "Carretón", un mito ideado históricamente por los colonizadores españoles con el propósito de infundir temor, acelerar la conversión de la población indígena al catolicismo y acrecentar la fe en Dios y la Virgen. Según cuenta la memoria oral, los españoles diseñaron una carreta gigante tirada por cuatro caballos en la que transportaban a supuestos demonios con cuernos, trenzas, capas de espejillos, cascabeles y máscaras que emitían ruidos escalofriantes.

Desde 1620 y por varios años, el "Carretón" emergía sorpresivamente desde el misterioso cerro Purgatorio para dar vueltas ensordecedoras por la aldea antes de perderse nuevamente en las entrañas de la montaña, dejando una marca indeleble en la mente de los antiguos pobladores. Para contextualizar este pasaje, el sociólogo Hermes Aldana señala que la llegada de los diablicos se consolidó como parte de un ritual asumido e integrado activamente por la población indígena local.

La estructura de la representación

Dentro de la estructura interpretativa de la danza, destaca una cuadrilla de personajes encabezada por el "Diablo Mayor", conocido también como Lucifer o Luzbel, quien actúa como la figura central del grupo. Junto a él danzan los "diablos elegantes", encargados de mantener el orden de la formación y evitar el acercamiento de los espectadores. En el extremo opuesto se sitúa el Ángel, un personaje vestido de blanco que empuña una espada y se ubica frente al anda de la Virgen como símbolo indiscutible de la pureza, el bien y la protección divina.

A nivel estético, la vestimenta de los diablicos ha atravesado considerables transformaciones con el paso del tiempo. Antiguamente, los danzantes lucían máscaras de hojalata con figuras de perros, chanchos o toros con largas cabelleras. Sin embargo, a raíz de las devastadoras lluvias provocadas por el fenómeno del Niño en 1983 —las cuales derrumbaron muchas viviendas de adobe y aplastaron las indumentarias originales—, los propios bailarines comenzaron a confeccionar sus máscaras utilizando cartón pintado de vivos colores, adornadas con espejos y cuernos de chivo o toro para aportar realismo. Asimismo, el vestuario moderno incorporó el uso de capas y sustituyó los viejos látigos por espadas, dejando de lado el uso de plumas de pavo real.

Uno de los momentos cumbres de la festividad radica en la representación teatral de los "Siete vicios", un pasaje dramatizado donde el grupo de diablicos busca armar la figura de un chivo negro pieza por pieza frente al Ángel. Mientras danzan, cada diablico se aproxima para recitar sus "relaciones" o versos referidos a un vicio que pretende imponer al mundo, colocando la pieza correspondiente hasta culminar con la cabeza del animal. Lograda la figura, el Diablo Mayor sostiene un duelo a espadas con el Ángel, quien resulta vencedor en la batalla. Para consagrar el triunfo del bien, el Ángel reemplaza la cabeza negra del chivo por una blanca, transformando la efigie demoníaca en la de una oveja o cordero, máximo símbolo de salvación y fe cristiana. De este modo, las calles principales de Túcume continúan vibrando cada año al ritmo de cascabeles y máscaras, reeditando una tradición donde la fe comunitaria triunfa sobre las sombras del pasado.

La danza de los Diablicos de Túcume fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación el 29 de mayo de 2013, mediante la Resolución Viceministerial n.° 034-2013-VMPCIC-MC.

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HUACA VENTARR脫N: La cuna de la civilizaci贸n lambayecana y el templo que alberga el mural m谩s antiguo de Am茅rica

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Es uno de los recintos más importantes para la historia departamental.  

En las inmediaciones del centro poblado de Ventarrón, dentro del distrito de Pomalca y a escasos minutos de Chiclayo, se erige el sitio arqueológico huaca Ventarrón. Considerado por la comunidad científica como el auténtico origen de la civilización en el departamento de Lambayeque, este hito de la arqueología americana se consagra como el primer templo erigido en la región, cuya antigüedad se calcula en aproximadamente 4500 años. El recinto corresponde a una imponente estructura ceremonial desarrollada íntegramente durante el periodo precerámico, sirviendo como el núcleo de un primigenio centro sagrado cuya fase inicial de ocupación ha sido fechada por los especialistas entre los años 2035 y 2300 a. C.

El valor histórico de huaca Ventarrón se vio profundamente revalorizado en el año 2007, cuando se iniciaron trabajos de excavación arqueológica liderados por el destacado arqueólogo peruano Ignacio Alva Meneses. Las labores de campo permitieron identificar las particulares características de su diseño arquitectónico, el cual evidencia la genialidad, la grandeza y el refinamiento técnico de los antiguos pobladores del norte del Perú. En la segunda fase constructiva del monumento, fechada en 4000 años de antigüedad, los antiguos constructores levantaron un recinto culminante sobre una gran plataforma de barro. Fue precisamente en el interior de este espacio donde los arqueólogos realizaron un hallazgo trascendental para la historia del arte prehispánico: la pintura mural polícroma más antigua descubierta en todo el continente americano, cuya iconografía plasma con gran dinamismo una escena sobre la cacería de venados.

La arquitectura de este centro ceremonial precerámico se distingue por una rica policromía que decoraba varios de los ambientes de mayor jerarquía espiritual. Destaca entre ellos un recinto de planta cruciforme con la forma de la tradicional chacana o cruz andina, así como otros espacios de menores dimensiones que presentan formas escalonadas y circulares. Toda esta compleja infraestructura no fue estática; por el contrario, fue objeto de minuciosas remodelaciones periódicas durante el propio periodo precerámico, entre los años 2500 y 1800 a. C., reflejando una constante renovación ritual.

Puesta en valor

En la actualidad, los visitantes que recorren el sitio arqueológico pueden contemplar de cerca la magnificencia de su diseño y adentrarse en sus sectores emblemáticos. Entre los puntos de mayor atractivo destacan el «Templo de los peces y la zarigüeya», el «Templo rojo-blanco, cacería de venados» y el «Templo verde», todos insertos en un extenso y pintoresco paisaje natural que añade misticismo a la visita.

Asimismo, la importancia de Ventarrón trasciende al templo principal. Tanto en las cumbres como en los alrededores de la elevación geográfica se aprecian numerosos vestigios de construcciones prehispánicas que dan testimonio de una ocupación humana densa, continua e intensa a lo largo de diversos periodos históricos. Este histórico entorno ya había despertado el interés de los pioneros de la investigación en el Perú a finales de la era virreinal e inicios de la república; de hecho, los primeros registros fotográficos del sitio fueron capturados por la lente del recordado etnógrafo e investigador alemán Enrique Brüning durante la última década del siglo XIX, perennizando la memoria de un monumento que sigue revelando las raíces más profundas de la identidad lambayecana.

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IGLESIA DE SAN PEDRO DE M脫RROPE: Cuna de la evangelizaci贸n mochica

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • En la capilla La Ramada de la Iglesia San Pedro se evangelizó a la comunidad mochica de Mórrope.
  • La iglesia es Patrimonio Cultural de la Nación desde el 18 de agosto de 1980, debido a su valor histórico.

 

Durante el siglo XVI, la Orden de los Frailes Menores se instaló en Mórrope. Allí, los religiosos franciscanos emprendieron la labor de catequizar a la comunidad local. Esto no era nuevo para los frailes, quienes llevaban haciendo esta labor en otras partes del Perú. Lo que sí fue nuevo para ellos fue enfrentarse a una nueva lengua, la muchik, distinta a la quechua que se hablaba en otras ciudades del Perú y a la que ya estaban acostumbrados. Allí, la Iglesia de San Pedro tuvo un rol importante al convertirse en el centro de estudio de llamada lengua ‘yunga’ y de la evangelización a los indígenas.

La Iglesia San Pedro de Mórrope fue construida entre los años 1536 y 1550 por los franciscanos. Adjunta al templo principal se construyó una capilla, llamada ‘La Ramada’. Aquí se catequizó a la población indígena local, poniendo a la imagen del apóstol San Pedro como eje principal, a fin de que su figura de pescador ayudará a canalizar el culto ancestral de los mochicas en Mórrope hacia el agua.

Arquitectura de barro

La Iglesia San Pedro fue construida utilizando técnicas mixtas que integraban el conocimiento nativo (adobe, quincha, madera de algarrobo) con la arquitectura religiosa barroca renacentista española. Presenta una planta basilical de una sola nave alargada con capillas laterales. Su fachada es de estilo barroco mestizo sencillo, flanqueada por dos torres campanario de cuerpo piramidal.

Su estructura de cubierta (techo) está sostenida por un entramado de gruesas vigas y columnas de madera de algarrobo, un árbol nativo del bosque seco famoso por su extraordinaria resistencia a las plagas y la humedad.

En su interior alberga altares y retablos tallados en madera con pan de oro, así como valiosas esculturas de arte sacro virreinal, entre las que destaca la imagen de San Pedro Apóstol, patrono del pueblo.

Iglesia abierta

Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para los evangelizadores fue la resistencia de los mochicas a congregarse en espacios cerrados y oscuros. En la cosmovisión autóctona, los ritos sagrados se realizaban al aire libre, en plataformas de huacas y bajo la vista del sol y la luna. Para resolver esto, los franciscanos erigieron junto al templo una Capilla, llamada La Ramada o conocida también como la Capilla de Indios.

Esta capilla consistía en una estructura techada con troncos de algarrobo y quincha, pero con un frente totalmente abierto hacia la plaza. El sacerdote oficiaba la misa desde el altar cubierto, mientras miles de indígenas permanecían reunidos en la explanada al aire libre. Esta arquitectura de transición redujo el rechazo indígena y facilitó su asistencia a las doctrinas.

Conservación

Al estar construida predominantemente en tierra (adobe) y madera, el templo ha sufrido severos daños a lo largo de los siglos debido a los sismos y las lluvias del fenómeno El Niño, especialmente los de 1983, 1998 y 2017.

A raíz de ello, entre los años 2000 y 2010, el Ministerio de Cultura y el Plan Copesco ejecutaron proyectos de restauración estructural y conservación de sus lienzos y retablos para evitar el colapso de la nave principal y reabrir sus puertas al culto y al turismo.

En el 2023, con el uso de drones y escáner láser 3D, especialistas del Ministerio de Cultura concluyeron el registro digital del complejo arquitectónico integrado por la capilla La Ramada, Iglesia y convento. Este registro digital proporcionó información valiosa para que las autoridades puedan hacer una inversión para restaurar este templo integrante del Patrimonio Cultural de la Nación.

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DIVINO NI脩O DE ETEN: Milagro eucar铆stico del Per煤

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Se busca que el Vaticano reconozca la aparición del Niño Jesús en la hostia consagrada dentro del catálogo oficial de milagros eucarísticos.
  • Ciudad Eten es un destino obligatorio de peregrinación para los fieles católicos.

Chiclayo es un pueblo de fe, qué duda cabe. El papa León XIV lo reconoció durante su primer mensaje a los fieles en la Plaza San Pedro. Un lugar donde tuvieron especial eco sus palabras del sumo pontífice fue Ciudad Eten, un pequeño distrito de aproximadamente 12 mil habitantes de donde emerge el único milagro eucarístico del Perú y del que el entonces obispo Robert Prevost fue su principal impulsor.

Hoy, la gente de Ciudad Eten y todos los fieles católicos del Perú aguardan que la santa sede dé una probación formal al milagro eucarístico ocurrido en Eten, en 1649. Paradójicamente, quien inició este expediente para su reconocimiento formal ante el Vaticano fue el mismo papa León XIV en el 2019, cuando se desempeñaba como obispo de la Diócesis de Chiclayo.

“Aunque no se conservan las hostias en las que apareció el niño Jesús, la historia, los datos y la devoción en la continuidad de estos 370 años está bastante documentada. Lo que no se ha hecho es un estudio completo, pero sí algunas investigaciones. Nunca fue presentado al Vaticano para una aprobación formal de la Iglesia y en eso estamos ahora", diría en aquel entonces el monseñor Prevost.

Historia de un milagro

La manifestación del Divino Niño del Milagro se remonta al 2 de junio de 1649. Durante las vísperas de la fiesta de Corpus Christi, el fraile franciscano Jerome de Silva Manrique exponía el santísimo sacramento en la custodia, cuando -de pronto, en la hostia consagrada apareció el rostro de un niño de cabello rizado y tez clara. Fue presenciado por el sacerdote, autoridades locales e indígenas del pueblo.

El vicario eclesiástico de la época, Fernando de la Carrera, tomó declaración a fray Jerónimo Silva Manrique y los testigos del suceso: Domingo Martínez, español natural, residente en la Ciudad de Zaña (27 años); Andrés Neciosup, sacristán mayor de la Iglesia (36 años); Pablo Quinocial, alcalde ordinario de Eten (68 años); Fabián Chancafe, también alcalde ordinario de Eten (36 años) y los pobladores presentes en el acto litúrgico. El interrogatorio, del que participaron por separado, constó de siete preguntas ante las cuales cada uno manifestó haber visto el rostro del Divino Niño.

Mes y medio después, el 22 de julio de 1649, Durante la misa en honor a Santa María Magdalena, patrona del pueblo, al momento del alzar la custodia, volvió a aparecer la figura del Niño Jesús dentro de la sagrada forma. En esta ocasión, la figura vestía una túnica de color granate.

Apenas unos minutos después, durante la misma misa, la imagen del Niño Jesús cambió para transformarse en tres corazones entrelazados unidos por un punto brillante, lo que los teólogos e historiadores de la época interpretaron como un símbolo de la Santísima Trinidad.

Festividad

Así, cada mes de julio se celebra la festividad en honor al Divino Niño del Milagro. Las celebraciones, que se extienden a lo largo de varias semanas y alcanzan su punto culmen entre el 22 y el 23 de julio, transforman las calles de Eten en un centro de peregrinación masiva. Miles de fieles de la región Lambayeque, de diversos puntos del país y del extranjero se congregan para rendir culto a la venerada imagen, participando en solemnes misas, rosarios y en las tradicionales vísperas iluminadas por castillos de fuegos artificiales.

Paralelamente a las actividades litúrgicas, en Ciudad Eten se monta toda una feria gastronómica, artística y cultural. La organización de estas actividades está a cargo del comité parroquial, la hermandad local y la municipalidad, manteniendo viva una tradición eclesial de casi cuatro siglos.

En total, Eten acoge en promedio a 50 mil peregrinos que visitan la imagen del Divino Niño del Milagro. Se espera que la cifra de visitantes incremente cuando se concretice el proyecto de la basílica y santuario del Divino Niño del Milagro, para lo cual se ha destinado un terreno de 11 hectáreas, de las cuales una se encuentra en proceso judicial, luego de ser ocupado por el llamado ‘Comité Multisectorial’ que administra actualmente el santuario.

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EL SANTUARIO NUESTRA SE脩ORA DE LA PAZ: Arquitectura moderna y devoci贸n mariana en Chiclayo

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Forma parte de la Ruta de León, constituida a partir de la elección del papa chiclayano.

En la ciudad de Chiclayo se alza el Santuario Nuestra Señora de la Paz, de la Diócesis de Chiclayo. Este recinto sagrado fue erigido con el firme propósito de venerar a la virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz, convirtiéndose con los años en un punto importante para la vida espiritual de la región y en un centro privilegiado para romerías y celebraciones masivas.

La historia del santuario comenzó a gestarse en el año 1987, cuando la señora Carmela de Gómez Sánchez donó generosamente un terreno de dos hectáreas para la construcción del templo. El proyecto arquitectónico fue encomendado al reconocido estudio Haacker Velaochaga y Cía., el cual concibió un diseño de trazos sobrios, funcionales y modernos que integra con maestría la arquitectura religiosa contemporánea al entorno urbano de la ciudad. A la par de otros santuarios erigidos a finales del siglo XX, la edificación prioriza la amplitud y la funcionalidad espacial para acoger a grandes masas de peregrinos durante liturgias y festividades marianas.

Estructuralmente, el santuario presenta una planta de líneas sencillas y rectas de gran capacidad para el confort de los fieles. Sus volúmenes y fachada, construidos predominantemente en concreto, acentúan la monumentalidad de su función sagrada sin descuidar la armonía estética contemporánea. El corazón del santuario lo constituye la iglesia principal, estructurada en una forma octogonal regular coronada por una cúpula excéntrica. Sus amplios ventanales garantizan el ingreso abundante de luz natural, brindando un ambiente fresco y claro que resalta la belleza del altar mayor. Este último luce un elegante retablo de tres cuerpos adornado con nichos y columnas donde resplandece la imagen de la virgen.

La fisonomía exterior del conjunto se completa con una esbelta torre de 30 metros de altura erigida a la derecha del templo. Con un sobrio acabado en tonos ocre y blanco, esta estructura cumple un rol estético y simbólico de visibilidad en el horizonte chiclayano. Asimismo, la infraestructura contempla accesos rampados adaptados para personas con movilidad reducida y amplias esplanadas exteriores rodeadas de áreas verdes acondicionadas al clima árido de la costa peruana.

Uno de los sectores más cautivadores del templo es su subsótano, pavimentado con mármol en tonos negro y crema con paredes semi-enchapadas. Lo que despierta mayor admiración en este nivel inferior es su techo artesonado dispuesto en cuadrículas, cuyas cenefas lucen atractivos matices en rojo ocre, verde y dorado. En este ambiente reservado se encuentra el sagrario, flanqueado por dos confesionarios dispuestos simétricamente, así como dos habitaciones acondicionadas para servir como la cripta de los obispos de la Diócesis de Chiclayo. Toda la edificación emplea materiales duraderos como el concreto y el ladrillo, garantizando resistencia estructural y un bajo costo de mantenimiento ante las variables del clima local.

La escultura de la virgen

El origen de la sagrada efigie de la Virgen de la Paz guarda una profunda conexión con la historia patria. Si bien la patrona de Chiclayo es la Inmaculada Concepción, los obispos de la Iglesia peruana decidieron encomendar el destino de la República del Perú a la Virgen María bajo el título de Nuestra Señora de la Paz durante las conmemoraciones de las Fiestas Patrias del 28 de julio. Ante ello, el obispo de Chiclayo, monseñor Ignacio María Orbegozo, mandó elaborar la estatua. En 1985, durante la visita pastoral del Papa Juan Pablo II al Perú, la imagen fue presentada ante el Sumo Pontífice en Trujillo, quien la bendijo de manera solemne. Al admirar la obra, el Santo Padre manifestó que la imagen era merecedora de un monasterio; palabras que el obispo Orbegozo interpretó como un llamado a edificar un santuario custodiado por la vida contemplativa.

Fiel a ese encargo pontificio, de forma contigua al templo se construyó el Monasterio de Carmelitas Descalzas Nuestra Señora de la Paz y San José. La culminación de esta gran obra dio paso a su solemne bendición e inauguración oficial el 15 de agosto de 1993, en una emotiva ceremonia litúrgica presidida por el Nuncio Apostólico.

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BOSQUE DE P脫MAC: El bosque de algarrobos m谩s grande del mundo

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Es una de las cuatro áreas protegidas en el Perú categorizadas como santuarios históricos.
  • Aquí se concentra la mayor población continua y agrupada de algarrobos del planeta.

Categorizada inicialmente como Zona Reservada Batán Grande, desde el 1 de junio del 2001 el Bosque de Pómac cuenta con la categoría de santuario histórico, debido a la labor de conservación paisajística-cultural de esta zona, catalogada como la más representativa de la ecorregión de bosque seco ecuatorial en su formación vegetal típica de algarrobo.

Cuenta con una extensión de 5887.38 hectáreas de un ecosistema de bosque seco de llanura, donde se calcula que existen cerca de dos millones de algarrobos. Pero, además, Pómac no es solo un refugio natural, sino un complejo arqueológico de primer nivel, pues dentro del santuario se ubica el Complejo Arqueológico de Batán Grande, compuesto por 36 pirámides o huacas de adobe entre las que destacan huaca del Oro, huaca Las Ventanas, huaca La Merced, huaca Rodillona, entre otras.

Biodiversidad

En el Bosque de Pómac habitan mamíferos menores adaptados a la escasez de agua de la franja costera. El zorro sechurano se posiciona como el principal depredador terrestre de la zona, cumpliendo un rol ecológico clave al controlar las poblaciones de roedores y actuar como dispersor de semillas de algarrobo. Asimismo, en las zonas más densas y alejadas del tránsito vehicular habitan el gato montés, el oso hormiguero amazónico o tamandúa y el venado de cola blanca.

Asimismo, habitan reptiles como la iguana o pacaso y serpientes como la boa macanche, especie que regula la fauna menor dentro de la cuenca del río La Leche. Estos animales se han adaptado a la masa de algarrobos y dependen de la preservación del hábitat vegetal como garantía para su supervivencia.

Pómac también representa uno de los santuarios ornitológicos más relevantes del Perú, ya que alberga a casi un centenar de especies de aves, muchas de ellas de rango restringido. La especie insignia del área es la cortarrama peruana, un ave en peligro de extinción que depende directamente de los brotes tiernos del algarrobo y el zapote para su subsistencia.

En cuanto a la flora, además del algarrobo se encuentran otras especies vegetales adaptadas a soportar largos períodos de sequía como el zapote, el faique, el vichayo y el palo verde.

Árbol milenario

Uno de los atractivos turísticos más visitados en el Bosque de Pómac es el ‘Árbol Milenario’, un longevo ejemplar de algarrobo que según evaluaciones forestales tiene más de 500 años, datando su origen a finales del siglo XV.

Con un tronco de formas retorcidas que supera los cuatro metros de perímetro y ramas colosales que se extienden horizontalmente hasta apoyarse en el suelo, este árbol ha sobrevivido a intensos fenómenos El Niño, megasequías y al avance de la tala en la región.

Para los pobladores locales, este árbol es considerado un punto de conexión con la historia ancestral Sicán, atribuyéndosele propiedades místicas, leyendas sobre la fortuna y una fuerte carga energética. A sus pies se realizan tradicionales pagos a la tierra y peticiones, convirtiéndose en una parada ritual y obligatoria donde los visitantes acostumbran dejar ofrendas o tocar sus ramas históricas.

Actividades

La visita al Bosque de Pómac cuenta con seis paradas imperdibles para los turistas. La primera es el centro de interpretación, que es el punto de partida obligatorio, donde se explica la historia, la ecología del bosque seco y las normas de conservación. Luego sigue el ‘árbol milenario’ que se ha descrito, donde los visitantes suelen tomarse fotos y recargar energías.

Más adelante se encuentra el Mirador Las Salinas, donde los visitantes tienen una vista panorámica de la extensión verde del bosque y las pirámides que emergen entre los árboles. De allí se puede ir hacia las huacas, Las Ventanas y El Oro, donde se realizaron las principales excavaciones de la cultura Sicán.

Pero el paseo a Bosque de Pómac no culmina allí, pues también se ofrecen alquileres de caballos y bicicletas con guías locales comunitarios para recorrer los senderos del bosque; mientras que en los accesos como Poma III hay stands de artesanía en telar de cintura, miel de abeja y gastronomía local.

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HUACRUPE-LA CALERA: Reductor de la biodiversidad y patrimonio que resiste en el coraz贸n de Olmos

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Es el referente de sabana verde del bosque seco en Lambayeque.

En el árido y vasto territorio del distrito de Olmos, dentro de la provincia de Lambayeque, se despliega el Área de Conservación Regional (ACR) Huacrupe-La Calera. Establecida oficialmente el 23 de junio de 2011 mediante el Decreto Supremo n.° 012-2011-MINAM, esta reserva abarca una extensión de 7272,27 hectáreas de bosque seco comprendidas entre los cerros Huacrupe y La Calera. Su creación respondió al objetivo estratégico de conservar una muestra representativa del ecosistema de bosque seco de sabana, garantizando al mismo tiempo que las comunidades locales puedan aprovechar los recursos de flora y fauna mediante prácticas sostenibles.

El ámbito de influencia directa del área protegida alberga a 1071 habitantes —distribuidos en un 52,83 % de hombres y un 47,17 % de mujeres— que componen unas 200 familias asentadas en los centros poblados de Huacrupe, Santa Rosa, La Calera Santa Isabel, San Cristóbal Grande y Piedra Mora. Estas poblaciones hacen uso directo de los bienes y servicios ecosistémicos que brinda el monte. El entorno se caracteriza por un clima cálido con una temperatura media anual de 25,5 °C, pudiendo alcanzar máximas de 35 °C y mínimas de 22,3 °C. Las precipitaciones oscilan entre los 70 mm y 300 mm anuales, mientras que la red hidrológica local está conformada principalmente por las quebradas Botija y Vega del Padre.

La riqueza biológica de Huacrupe-La Calera es excepcional. En su territorio se registran 45 especies de flora y formaciones vegetales singulares. La asociación de algarrobo y sapote resulta preponderante, abarcando el 50 % de la superficie, mientras que la combinación de hualtaco y palo santo cubre más del 70 % del área. Dentro del inventario florístico destacan siete especies arbóreas amenazadas de acuerdo con la legislación peruana: algarrobo, sapote, faique, hualtaco, palo santo y aromo. Asimismo, el bosque alberga especies como palo verde, overo, vichayo, yunto, canutillo, cun cun, papelillo, cactus, y arbustos como charamusco, hierba blanca, choclillo y hierba mora.

Especies nativas

Además de su valor forestal, el lugar actúa como un banco de germoplasma in situ de especies nativas comestibles —como la yuca de monte y el tomatillo— y de pastos como la alfalfilla, los cuales proliferan durante los episodios del fenómeno El Niño. En cuanto a la fauna silvestre, se han contabilizado 58 especies de aves (encabezadas por el majestuoso cóndor andino), 11 especies de mamíferos (incluyendo pumas, murciélagos, lechuzas y monos) y siete especies de reptiles, entre los que se identifican seis saurios y una serpiente, destacando especies como la sancarranca, el macanche y el azulejo.

El atractivo de la reserva no se limita a su biodiversidad, pues también resguarda una notable herencia arqueológica y paisajística. En el Cerro Huacrupe existen dos vestigios de filiación incaica: una ciudadela de piedra sepultada y un sector de 10 000 metros cuadrados cubierto de petroglifos. En la parte alta de este mismo cerro fluye un manantial de elevado potencial turístico y se ubica un mirador natural que regala una impresionante vista panorámica de la sabana verde del bosque seco.

 

Pese a su trascendencia ecológica y cultural, el área enfrenta severas amenazas que ponen en riesgo su conservación. La principal presión la constituye la deforestación destinada a la elaboración de carbón, actividad de la cual depende económicamente el 40 % de los pobladores locales. A ello se suman la ganadería extensiva de caprinos y ovinos, la cacería furtiva para venta y autoconsumo, la escasez de agua y la ocurrencia de incendios forestales provocados. Proteger Huacrupe-La Calera exige afianzar las alternativas sostenibles para que la comunidad y el bosque sigan coexistiendo en armonía.

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MUSEO AFROPERUANO: Al rescate de la memoria de la esclavitud

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • En Zaña se ubica el único museo de Latinoamérica dedicado exclusivamente a visibilizar y poner en valor el legado de la población de origen africano.
  • Es conocido por la exhibición de los instrumentos de castigo y tortura a los que fueron sometidos los esclavos africanos.

Ubicado en la calle Independencia 645 de la ciudad de Zaña se encuentra el Museo Afroperuano, una institución que se dedica a la investigación, salvaguardia y difusión del patrimonio cultural material e inmaterial de los afrodescendientes en el Perú con una perspectiva continental. Fue inaugurado en el 2005 y desde el 2017 obtuvo un reconocimiento de nivel mundial cuando la UNESCO declaró a Zaña como Sitio de Memoria de la Esclavitud y de la Herencia Africana.

El Museo Afroperuano se encuentra precisamente en Zaña, ya que fue a esta tierra a donde llegaron los hombres y mujeres traídos del África para trabajar en los ingenios azucareros de la entonces Villa de Santiago de Miraflores de Zaña. La corona española trajo a miles de esclavos provenientes de Angola, El Congo y el golfo de Guinea, quienes se constituyeron en el motor económico de la riqueza de la villa colonial, pero también sufrieron severos castigos corporales, los cuales son descritos en este museo.

El museo

El Museo Afroperuano fue creado gracias a la iniciativa de la comunidad local, recogida por el sociólogo Luis Rocca Torres, quien es fundador y director de este recinto. Nació con la misión de combatir un olvido histórico de la población africana en el Perú y poder visibilizar, rescatar y poner en valor las contribuciones que los afrodescendientes han hecho al Perú en cuanto a música, gastronomía e identidad cultural.

El museo cuenta con una sala donde se exhiben réplicas y piezas originales de elementos de sometimiento utilizados contra los esclavizados durante la colonia: cadenas, cepos, grilletes, marcas de hierro (carimbas) y látigos.

Asimismo, cuenta con una sala donde se muestran mapas del comercio transatlántico, rutas de desembarco en los puertos del Pacífico como el Callao y documentos históricos coloniales sobre la compra, venta y tasación de personas esclavizadas que eran destinadas al trabajo en las haciendas azucareras y ganaderas del valle de Zaña.

Pero, además, cuenta con un ambiente donde se exhibe el aporte musical de la cultura afroperuana. Aquí hay instrumentos musicales, particularmente de percusión, como el checo, elaborado a base de una calabaza seca; cajones, tambores e instrumentos ancestrales a base de mate o calabaza como la angara y la cijra.

En paralelo se exhiben imágenes de bailes tradicionales traídos por los africanos como el lundero, el festejo, el tondero o el golpe tierra. En este museo se conservan partituras, testimonios orales, décimas y letras de oratoria popular transmitidas por ancianos de la comunidad.

Impacto cultural

Al ser Zaña una de las villas coloniales con mayor proporción de población afrodescendiente en la costa norte, debido a la intensa mano de obra requerida por los ingenios azucareros, la puesta en marcha del museo ha permitido a las nuevas generaciones reconectar con su identidad.

La labor del museo afroperuano no se ha limitado solo a la conservación y exhibición, sino que se ha dado un espacio importante a la investigación, lo cual ha tenido como resultado la publicación de múltiples libros; grabaciones sonoras que rescatan décimas, versos y canciones tradicionales que de otra forma se hubieran perdido; y la reconstrucción de la marimba, un instrumento de percusión parecido al xilófono y que era tocado en antaño por los afrodescendientes, pero que se había extinguido desde el siglo XVIII.

+NOTICIAS:

  • El costo para el ingreso al Museo Afroperuano es simbólico. Se paga entre S/3 y S/5, monto que se destina al mantenimiento de la colección y las actividades culturales del centro.

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CHAPARR脥: Primera 谩rea de conservaci贸n privada del Per煤

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Esta zona del bosque seco ecuatorial refugia en su interior al oso de anteojos y a la pava aliblanca.
  • La reserva es impulsada y administrada por la Comunidad Campesina Muchik Santa Catalina de Chongoyape.

Con más de 34 mil 400 hectáreas, el área de conservación privada Chaparrí es uno de los destinos ecológicos más importantes del país. Este es el hábitat del oso de anteojos, animal insignia de la reserva y que se encuentra tanto en estado silvestre como en semicautiverio. La pava aliblanca, los zorros, venados de cola blanca, reptiles y más de 230 especias de aves dan vida a este ecosistema que anualmente recibe en promedio 15 mil visitantes.

El área protegida fue creada el 19 de diciembre del 2001 mediante la Resolución Ministerial n.° 1324-2001-AG. Es la primera área de conservación privada del Perú y ocupa una parte de la cuenca del río Chancay-Lambayeque, comprendida entre las regiones de Lambayeque y Cajamarca. Su nombre obedece al cerro Chaparrí, el cual era venerado por los mochicas y que aún hoy es considerado sagrado para los chamanes del lugar.

Fauna

Además del oso de anteojos, único oso nativo de Sudamérica, en la reserva también habita la pava aliblanca, ave endémica que la comunidad científica dio por extinta durante un siglo, pero que gracias a un dedicado programa de reproducción en cautiverio y posterior reintroducción ha logrado surcar nuevamente los cielos del bosque seco ecuatorial.

Hoy en día, sus senderos albergan a más de 230 especies de aves, transformando a la zona en un enclave privilegiado para el avistamiento de ejemplares de rango restringido como el colibrí de Tumbes, la pava barbada y el cóndor andino.

La densa vegetación de Chaparrí también es hogar de zorros sechuranos, pumas, venados de cola blanca y sajinos, mientras que en las quebradas habita la boa macanche, una especie clave para el control biológico.

Flora

En tanto, la flora de la Reserva Ecológica de Chaparrí está dominada por vegetación adaptada a condiciones de extrema aridez y escasa precipitación. La especie más representativa es el algarrobo, árbol de raíces profundas que extrae agua subterránea y sostiene la estructura del suelo contra la erosión.

Junto al algarrobo destacan el hualtaco, apreciado históricamente por su madera dura, el zapote y el palo santo, arbustos y árboles cuyas hojas y resinas reducen al mínimo la pérdida de agua durante la temporada seca.

En la parte alta de Chaparrí se encuentran especies cactáceas y matorrales espinosos. Destacan los cactus gigantes como el gigantón y el pasacana, además del pasallo y el charán. Estas plantas tienen tallos carnosos que acumulan humedad durante las breves lluvias de verano, lo que les permite sobrevivir a periodos prolongados de sequía y ofrecer alimento y refugio temporal a la fauna local.

Modelo sostenible

Al tratarse de un área de conservación privada bajo administración comunitaria, la afluencia de turistas no busca la masificación, sino un modelo de turismo sostenible altamente regulado. El control de acceso exige el ingreso obligatorio con guías acreditados de la comunidad Muchik Santa Catalina, limitando la capacidad de carga diaria para evitar la perturbación del hábitat de especies amenazadas y garantizar la integridad de los senderos de interpretación.

La oferta turística en la reserva se organiza a través de tres circuitos principales de caminata. El primero es la Ruta del Oso de Anteojos, que conduce al centro de rescate para observar ejemplares en semicautiverio y conocer los protocolos de rehabilitación de la especie. El segundo es la Ruta de la Pava Aliblanca, enfocada en los recintos de crianza y reintroducción de esta ave endémica. Por último, la Ruta de la Huachuma (o San Pedro) ofrece un recorrido dedicado a la etnobotánica y la conservación de más de 120 plantas medicinales, integrando elementos de la cosmovisión y el chamanismo mochica vinculados al Cerro Chaparrí.

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EN EL CORAZ脫N DE ZA脩A: El convento de San Agust铆n

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Este monumento histórico es una de las pocas arquitecturas con influencias del gótico tardío en la costa peruana.
  • De los siete conjuntos religiosos que se levantaron en la época colonial en Zaña, el convento San Agustín es el mejor conservado.

A solo una cuadra de la plaza mayor de Zaña se encuentra el Convento de San Agustín, un complejo arquitectónico cuya construcción inició en 1584 y que durante más de un siglo fue el corazón de la intelectualidad y religiosidad local. Su edificación tan bien conservada permite observar los majestuosos arcos góticos y muros barrocos que lo convierten en uno de los testimonios arquitectónicos más impresionantes del Perú colonial.

A pesar de su importancia, uno de los retos del Convento de San Agustín, llamado también como Convento de Zaña, es mejorar su afluencia de visitantes, pues reportes de la Gerencia Regional de Comercio Exterior y Turismo señalan solo un promedio de 5000 visitantes al año. Es el mes de noviembre, durante el aniversario de Zaña, donde llega la mayor cantidad de turistas, así como también en Semana Santa, donde el interés del turismo religioso se centra en los restos de las iglesias coloniales que hay en Zaña.

Construcción y apogeo  

Los documentos de la época refieren que la construcción del convento inició en 1584 por el religioso fray Alonso García y se habría culminado a inicios del siglo XVII. Allí los frailes de la Orden de San Agustín se dedicaron a la meditación y contemplación, pero también evangelizaban a las comunidades indígenas de la zona, particularmente a la numerosa población africana que había sido traída para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar.

Los frailes se dedicaban al estudio de filosofía, teología, gramática y lenguas indígenas como el mochica para predicar directamente al pueblo de Zaña. En aquel entonces, el apogeo económico de la ciudad era tal que hacendados y comerciantes adinerados donaban sus recursos económicos al convento y tierras agrícolas que los frailes agustinos administraban para el financiamiento y sostenimiento del convento.

La dinámica en el convento era constante, pues contaba con áreas destinadas a acoger viajeros, autoridades coloniales y otros religiosos que venían de paso. Además, se cuenta que diariamente en la portería del convento se distribuía comida y auxilio para los pobres y enfermos de la villa.

Arquitectura gótica

El convento estaba conformado por dos claustros y un templo ubicado en la esquina noreste, según el plano de la ciudad publicado por el obispo Martínez de Compañón en 1780. El sostén de la nave central dependía de un sistema de nervaduras de ladrillo que convergían en los pilares, una técnica de ingeniería muy avanzada para la época en una zona de alta sísmica.

Esta bóveda de crucería en ladrillo, propia del gótico tardío, es una de las rarísimas muestras de este tipo de arquitectura en la costa peruana. El templo fue diseñado bajo el esquema de nave única con capillas laterales, un formato muy promovido por la Contrarreforma para concentrar la atención de los fieles en el altar mayor. La nave contaba con ventanales superiores arqueados diseñados para bañar de luz natural el altar y la cúpula del crucero.

Destrucción y conservación

Lamentablemente, todo este ritmo de vida se vio abruptamente interrumpido por dos sucesos. El primero ocurrió en 1686, cuando el pirata inglés Edward Davis invadió Zaña y saqueó el templo y el convento, llevándose cuantiosas riquezas en oro, plata y finas telas ceremoniales. A pesar de eso, los frailes se mantuvieron en el templo, pero el 15 de marzo de 1720 un devastador Fenómeno El Niño provocó el desborde del río Zaña e inundó la ciudad, incluyendo el convento.

Tras la inundación, los religiosos agustinos intentaron limpiar las instalaciones del barro y las piedras que dejó la inundación y se tiene registro que hasta 1728 aún quedaban algunos religiosos en la práctica del oficio divino hasta que terminaron de abandonar por completo las instalaciones debido a la decadencia en la que cayó el pueblo.

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DEL CERRO CHALP脫N: En Motupe est谩 mi cruz

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Se ha confirmado que el sagrado madero presidirá el altar mayor en la misa del papa León XIV.
  • Se han cumplido 158 años del hallazgo de la Santísima Cruz de Motupe.

Corría el año 1868, cuando la noticia de que se avecinaba una gran catástrofe llegó al tranquilo pueblo de Motupe. La tradición oral relata que en esos años se hablaba de un gran diluvio que arrasaría con pueblos enteros en el norte del Perú, rumor que venía asociado a la epidemia de fiebre amarilla que un año antes se había desatado en el país y que -cifras más, cifras menos- dejó alrededor de 10 mil personas fallecidas.

En medio de ese clima de sugestión, los pobladores de Motupe recordaron que a inicios de esa década había llegado al pueblo un sacerdote franciscano llamado Juan Agustín de Abad, quien, oculto en los cerros de la zona, se dedicó a la oración, el ayuno y la penitencia, y que eventualmente bajaba al pueblo a distribuir los sacramentos a los fieles. Recordaron que antes de abandonar Motupe, en 1866, el fraile les había mencionado que había tallado tres cruces de guayacán para que protegieran a la zona de cualquier catástrofe: una estaba ubicada en el cerro Chalpón, otra en el cerro Rajado y otra en el cerro Penachí.

Fue así que la población de Motupe se volcó hacia los cerros en aras de encontrar alguna de estas cruces para que les brindara protección. Tras varias expediciones fallidas, el 5 de agosto de aquel año, un joven motupano de 22 años llamado José Mercedes Anteparra Peralta divisó en una gruta natural de muy difícil acceso, casi suspendida en el abismo, una cruz de 2.70 metros de altura por 1.60 de ancho. Estaba incrustada en la roca junto a una sábana y algunos manuscritos del fraile franciscano.

José Mercedes bajó corriendo al pueblo para dar la gran noticia y, al día siguiente, una multitud de hombres y mujeres llegó al cerro con cuerdas y andas improvisadas para descender el madero. Aquel año no ocurrió el anunciado cataclismo, lo cual fortaleció la fe de los lugareños en la cruz. Desde entonces han transcurrido 158 años y la Santísima Cruz de Motupe se ha convertido en un signo de fe popular.

La festividad

Hoy en día, la festividad de la Cruz de Motupe mueve alrededor de 700 mil visitantes, consolidándose como la fiesta de religiosa más concurrida a nivel regional. Todos los 2 de agosto la cruz es bajada de la gruta hasta el caserío El Zapote y continúa su recorrido en procesión hasta El Salitral. El 5 de agosto, día central de la festividad, la cruz llega hacia Motupe, donde se celebra una misa multitudinaria en la plaza principal, a las afueras del templo San Julián.

Durante los días de fiesta Motupe se convierte en una gran feria popular. Las calles se llenan de puestos de artesanía, dulces tradicionales, platos típicos, se realizan presentaciones artísticas, hay noches de serenata y conciertos musicales. Por su parte, la hermandad se encarga de que la cruz salga en procesión por la noche el 5 de agosto, seguida de miles de fieles que abarrotan las angostas calles de la ciudad.

Tras varios días en el templo San Julián recibiendo la visita constante de devotos, el 14 de agosto se realiza el retorno de la Cruz, nuevamente en procesión, hasta su cueva en la cumbre del Cerro Chalpón, donde permanece resguardada hasta el año siguiente.

La importancia de la Santísima Cruz de Motupe también ha sido consagrada en un marco normativo. A través de la Ordenanza Regional N° 001-2018, se declaró de importancia regional la realización de esta festividad religiosa cada 5 de agosto.

Además, en el 2011 se declaró mediante resolución ejecutiva a la Cruz de Motupe como ‘benefactora y protectora’ de Lambayeque por constituirse en un ícono religioso y fuente espiritual del pueblo católico. Cabe resaltar que esto se hizo como desagravio por el robo de la que fue víctima ese mismo año.

+NOTICIAS:

  • El último 5 de agosto, el obispo de Chiclayo, monseñor Endinson Farfán, anunció que la Cruz de Motupe presidirá el altar central durante la misa del papa León XIV en su visita a Chiclayo.

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LA IGLESIA DE SAN PEDRO DE LAMBAYEQUE: Monumental reliquia de la arquitectura y el arte virreinal de la costa norte

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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En el centro histórico de la ciudad de Lambayeque, ubicada de forma paralela a la Plaza 27 de Diciembre, se erige la emblemática Iglesia de San Pedro. El templo ocupa exactamente el espacio original que le fue asignado a mediados del siglo XVI durante la fundación del pueblo de indios de San Pedro de Lambayeque. Su orientación sigue la fiel tradición litúrgica de los templos cristianos: la capilla mayor o cabecera apunta al Oriente (Este), por donde nace el Sol como símbolo de Cristo Salvador, mientras que la fachada principal o de pies mira hacia el Poniente (Oeste), donde se oculta el astro rey.

El templo limita por el atrio lateral norte con las antiguas capillas doctrinales o ramadas, las cuales forman una calle contigua. Por el sur colinda con la Plaza 27 de Diciembre y la antigua cuadra de San Sebastián (actual calle Bolívar); por el este con la cuadra Ayacucho (histórica calle Real de Mercaderes, posteriormente del Comercio, Independencia y hoy 8 de Octubre); y por el oeste con la antigua cuadra del Cabildo en la vieja calle San Roque (luego Unión y actualmente 2 de Mayo).

La imponente fachada principal está flanqueada por dos torres compuestas por tres cuerpos divididos por cornisas voladas. El primer cuerpo presenta una base cuadrada, sobre la cual descansan el segundo y tercer cuerpo de planta octagonal (ochavada). Las esquinas de estos niveles están reforzadas con pilastras decoradas con un tipo de almohadillado en placas rectangulares en ángulo. La portada de los pies, calificada por el restaurador limeño José María Gálvez Pérez como de una marcada tendencia post-renacentista, exhibe en su ingreso principal un vano de dintel arqueado. Este acceso se halla flanqueado por columnas estriadas de capitel toscano sobre pedestales que sostienen un entablamento con friso de triglifos.

Por encima del entablamento, un frontón partido alberga en su centro un ventanal ovalado con fina carpintería de madera y vidrios policromados de estilo vitral. El conjunto remata en un frontón circular con volutas laterales. Destaca sobre un pedestal en la cima del imafronte la colosal escultura del Apóstol San Pedro, patrón de la iglesia y la ciudad. Esta obra, elaborada por el insigne escultor chiclayano originario de Pimentel Miguel Baca Rossi, mide cuatro metros de altura y fue instalada en el año 1947.

Su distribución

Este majestuoso, espacioso y elegante “edificio noble” de la fe católica en Lambayeque fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación, por Resolución Suprema Nº 2900, en 1972.

El templo, de aspecto sobrio, está construido sobre cimientos de hiladas de ladrillo asentado con cal, con arcadas de cal y ladrillo y sólidos muros de adobes con mortero de barro como cerramiento.

Internamente, el templo presenta una planta en cruz latina con una nave principal y dos laterales separadas por arquerías de medio punto, además de coro alto, sacristía y bautisterio. En la parte alta de la nave central se ubican 14 balconcitos con antepechos de hierro que proveen de iluminación y ventilación natural. La bóveda principal exhibe una pintura mural efectuada en 1940, mientras que en los muros se conservan vestigios de pintura mural representativa del siglo XVII.

Las naves laterales albergan suntuosos retablos de los periodos barroco y rococó. Entre ellos resplandece el retablo de Nuestra Señora de las Mercedes, considerado una de las joyas más deslumbrantes del arte virreinal en el norte peruano, ensamblado entre 1783 y 1786 por el maestro don Juan Inocencio de Heredia. La iglesia custodia magníficos altares en pan de oro y un altar metálico que sustituye al original, destruido tras un devastador incendio en 1897, consolidándose como un espacio donde la fe y la historia virreinal cobran vida.

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MONSEF脷: Fe, maestr铆a artesanal y profundas tradiciones de un pueblo con alma mochica

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Es el pueblo más festivo del departamento y capital de la cumbia peruana, por excelencia.

Ubicado en el corazón de la fértil campiña de Chiclayo, Monsefú se erige como una de las villas más emblemáticas del norte peruano, donde el fervor religioso, la identidad ancestral y la destreza manual se entrelazan de forma cotidiana. Conocida por sus arraigadas costumbres y la riqueza de sus manifestaciones culturales, esta comunidad ha logrado preservar con orgullo el legado de la civilización Mochica, proyectándolo hacia el presente a través de la calidez de su gente, sus sabores tradicionales y, de manera muy especial, la veneración a su santo patrono: el Jesús Nazareno Cautivo.

La devoción por esta efigie sagrada halla su origen en una prodigiosa leyenda que comenzó el 14 de septiembre de 1547. Aquel día, según relatan los historiadores y la memoria oral, una embarcación procedente de España arribó a la franja costera compartida por las playas de Santa Rosa y Pimentel. Entre el cargamento de la nave fue hallado un cajón de madera que custodiaba la hermosa estatua del Nazareno. Curiosamente, cuando los pobladores del lugar intentaron mover la pesada caja, esta se volvió inamovible, resultando imposible trasladarla a pesar del esfuerzo humano.

La noticia del singular hallazgo se propagó rápidamente por toda la comarca. Fue entonces cuando un grupo de pescadores monsefuanos acudió al litoral y, para asombro de los presentes, logró alzar la caja sin complicación alguna y transportarla con extrema facilidad hacia su pueblo. En Monsefú le erigieron una modesta capilla para su veneración. Sin embargo, la tradición cuenta que la imagen desaparecía misteriosamente de su altar ante la escasez de fieles que acudían a rezarle. Tras intensas búsquedas, los lugareños la hallaban invariablemente en los alrededores del poblado. Para evitar que volviera a marcharse, los fervientes creyentes decidieron atar la escultura y colocarle finas cadenas en las manos, gesto devocional que dio origen a su célebre apelativo de Señor Cautivo.

A 479 años de aquel milagroso arribo, la sagrada imagen del Jesús Nazareno Cautivo descansa en su morada principal: la parroquia San Pedro de Monsefú. Allí se exhibe ataviada con imponentes túnicas bordadas en finos hilos dorados, convirtiéndose en el epicentro de multitudinarias peregrinaciones de creyentes que acuden desde diversos rincones del país a rendirle pleitesía y agradecer los favores concedidos.

Pueblo de arte

A la par de su profunda religiosidad, Monsefú destaca como un pueblo organizado donde la creatividad del auténtico artesano se manifiesta en su máxima expresión. Para cautelar que esta herencia cultural moche no pierda su esencia, en 1989 se impulsó la creación de un espacio emblemático: el Parque Artesanal de Monsefú, situado en la avenida Venezuela, entre las calles Diego Ferré y Manuel María Ízaga. Esta iniciativa comenzó con 35 integrantes bajo el liderazgo de su primera presidenta, la señora Lucrecia Chafloque Custodio.

Actualmente, el recinto es administrado por la Asociación de Artesanos de Productores del Parque Artesanal de Monsefú (ADAPPAM), institución que reúne a 33 stands registrados y vela por el orden y la tranquilidad de sus miembros. En este vibrante paseo comercial, artesanos locales exhiben y venden productos hechos a mano a través de técnicas ancestrales transmitidas de generación en generación. Los visitantes pueden observar en vivo el delicado proceso de confección: las bordadoras plasmando motivos en servilletas y túnicas; las tejedoras elaborando tradicionales alforjas con hilo pardo; y los maestros cesteros dando forma a canastas, petates, alfombras, muebles y petatones confeccionados en carrizo.

La oferta artesanal incluye vistosos paños, vestimentas para el baile de la marinera, sombreros de paja, adornos en madera tallada y finas piezas de alfarería. Estos trabajos encandilan por sus vivos colores y por reflejar con maestría la historia, fauna, flora y costumbres de la costa norte. Asimismo, el paseo artesanal se complementa con la gastronomía tradicional. Un puesto especializado ofrece una irresistible variedad de dulces locales como manjar blanco, dulce de membrillo, higos rellenos, alfajores, cocadas, natillas y ajonjolíes; mientras que al caer la tarde, tanto turistas como residentes se deleitan con los famosos picarones o buñuelos monsefuanos recién fritos.

Por su incomparable valor cultural, el Parque Artesanal se ha consolidado como un punto imperdible dentro de las rutas turísticas del departamento de Lambayeque, donde los viajeros nacionales e internacionales encuentran el recuerdo perfecto que sintetiza la fe, el arte y el espíritu inquebrantable de Monsefú.

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EL BALNEARIO DE PIMENTEL: La joya costera de Lambayeque que fusiona la tradici贸n y modernidad

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • El viejo muelle es uno de los atractivos más representativos de Lambayeque.

Ubicada a tan solo 15 kilómetros de Chiclayo, se extiende la deslumbrante playa de Pimentel. Este balneario se emplaza en la región natural Chala o Costa sobre una franja baja, arenosa y extendida que abarca cinco kilómetros hacia el sur y otros cinco kilómetros hacia el norte. Caracterizado por su relieve llano sin mayores alteraciones —salvo suaves ondulaciones de cerros bajos en el límite con Chiclayo—, el litoral presenta una fase intermareal de 80 a 100 metros de tierra adornada con lomadas de escasa altura. Con una regular extensión en forma de media luna, la playa regala desde la misma orilla una vista pintoresca donde destacan cómodos chalets modernos, vistosos edificios de departamentos, cuidados jardines, palmeras y un hermoso malecón que invita al paseo, coronado por el imponente muelle curvo.

El entorno meteorológico de Pimentel se clasifica como desértico subtropical árido, influenciado directamente por la corriente fría de Humboldt, la cual actúa como un eficaz regulador térmico. Su clima se distingue por ser templado, saludable y de calor moderado, refrescado por una constante brisa marina y fuertes vientos, registrando una ausencia prácticamente total de lluvias. La temperatura media anual se sitúa en los 21 °C, con una mínima anual de 15,37 °C en el mes de septiembre y una máxima de 28,27 °C. Durante los meses de verano, los termómetros fluctúan entre los 25,59 °C en diciembre y los 28,27 °C en febrero.

En este privilegiado ecosistema marino, la profundidad del mar varía de 1,5 a 3 metros cerca de la orilla según la marea, mientras que a 100 metros o más mar adentro alcanza los 5 metros o más. A pesar de la aridez, la flora local exhibe especies de poca altura como el melón de oso, la verbena y la malva. Por su parte, la fauna marina es de una riqueza excepcional, albergando especies comerciales y ecológicas como la merluza, anchoveta, caballa, pez espada, langostas, guitarra y una variada biodiversidad de aves costeras que sobrevuelan el litoral.

El viejo muelle

En 1912, el gobierno otorgó la concesión para construir un muelle para lanchas y un ferrocarril de 0.70 m en entrerriel entre Pimentel y el fundo Pomalca a la Sociedad Agrícola Pomalca Limitada. Los trabajos de la citada vía férrea comenzaron su primer tramo a fines del año 1913, llegando a inaugurarse el tramo Pimentel – Chiclayo en septiembre de 1914, el segundo tramo en 1915 y el tercer tramo en 1961. La inauguración del muelle fue un acontecimiento memorable en aquella fecha en que se puso en actividad la locomotora que arrastrando su largo convoy unió el referido puerto con la capital de Lambayeque.

Los chiclayanos celebraron con júbilo y entusiasmo ese suceso, asistiendo a dicha inauguración todas las autoridades constituidas de Chiclayo y Lambayeque, las mismas que se confundieron con el pueblo para celebrar el acontecimiento regional, ese nuevo hito de progreso que se planteaba en el departamento.

A Pimentel llegaban todos los vapores directos desde EE. UU., Europa, Japón y otros países, pudiéndose recibir por dicha bahía la carga sin necesidad de trasbordo. Después de 5 años de haberse implantado la Compañía Ferrocarrilera de Pimentel con su respectivo muelle, el referido puerto disfrutó de su antigua categoría de puerto menor en la provincia de Chiclayo, supeditado al régimen aduanero de aquella época, pero fue tan solo a fines de marzo de 1920 que el gobierno de don Augusto B. Leguía, en su apacible deseo de darle mejor vida a Pimentel dio la Ley Nº 4047 que el Congreso de la República Peruana expidió elevando Pimentel a Puerto Mayor.

El magnífico muelle de Pimentel comienza con una curva que fue técnicamente trazada, y construida por no poder conseguirse el terreno del que debía arrancar en línea recta para echarlo sobre el canal natural. El muelle tiene 602 mts. de longitud, su construcción es probadamente para soportar el movimiento portuario por más de 97 años, sólida sobre pilotes de seis pulgadas de diámetro con tirantes de 1.1/2 en tramos de 4.1/2 y 6 mts; una viguería de hierro doble “T”, y plataforma de vigas de madera de 5’x8’ pulgadas.

El proyecto del muelle, es del ingeniero Word, y modificado por la Bruckeban Flender A. G. Bemratha R.H., Alemania, que fue la firma que lo construyó. El Muelle metálico que todavía nos acompaña, comenzó a operar en 1914 y fue un aliado estratégico para la defensa nacional en época de guerra, así como para aliviar las dificultades de los pueblos castigados por los fenómenos naturales. En la actualidad, el muelle está refaccionado y destinado al sector turismo, siendo de uso peatonal, y para pesca con cordel por parte de sus visitantes, además, se observa a los pescadores que a diario realizan sus labores de descarga y transporte de sus productos hidrobiológicos.

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LAQUIPAMPA: El santuario natural que protege a la pava aliblanca y los secretos del bosque seco

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Es el primer refugio de vida silvestre que se declaró en el Perú.

En el punto de encuentro donde convergen la cálida costa norte y las estribaciones andinas de la provincia de Ferreñafe, dentro del distrito de Incahuasi, emerge una joya de la conservación del Perú: el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa. Su nombre proviene de la voz quechua que significa «Pampa de los llantos», un espacio natural que destaca por resguardar un ecosistema privilegiado y por ser el escenario de rescate de especies emblemáticas que se creían extintas en el territorio nacional.

La historia de esta área natural protegida se remonta al 5 de octubre de 1982, cuando fue establecida oficialmente mediante la Resolución Ministerial n.° 00692-82-AG/DGFF como la Zona Reservada de Laquipampa, abarcando inicialmente una extensión de 11 346.90 hectáreas. Tras más de dos décadas de valiosos esfuerzos de conservación, el 7 de julio de 2006 se emitió el Decreto Supremo n.° 045-2006-AG, otorgándole un estatus histórico al ser declarada como el Primer Refugio de Vida Silvestre del Perú, con una superficie delimitada de 8 328.64 hectáreas. Los objetivos centrales de esta categorización fueron proteger una muestra representativa del bosque seco, asegurar el hábitat de fauna amenazada como la pava aliblanca, el oso de anteojos y el cóndor andino, e impulsar la investigación científica sobre el manejo, reproducción en cautiverio y repoblamiento de especies locales.

Uno de los mayores tesoros que alberga el refugio es la población de 22 ejemplares de pava aliblanca (Penelope albipennis), una especie de ave endémica del bosque seco peruano que se encuentra críticamente en peligro de extinción. La trayectoria de esta ave es singular: fue descrita por la ciencia en 1877 y, al no registrarse nuevos avistamientos durante un siglo completo, la comunidad internacional la dio por extinta. Sin embargo, en 1977 fue redescubierta en Lambayeque por el conservacionista Gustavo del Solar, devolviendo la esperanza a la ornitología mundial. Hoy en día, la supervivencia de esta ave en Laquipampa se logra gracias al esfuerzo activo de la propia población local asentada en la zona de amortiguamiento.

Para científicos y naturalistas, Laquipampa representa un destino extraordinario para el avistamiento de aves y el estudio de la biodiversidad. El refugio conserva de forma inalterada una gradiente de sucesión vegetal que transita desde el bosque seco hasta el bosque húmedo, extendiéndose desde el valle del río La Leche a los 200 metros sobre el nivel del mar hasta alcanzar los 2 500 m s. n. m. Esta continuidad ecológica resulta sumamente difícil de encontrar en otras regiones del país, especialmente en la franja norte.

Paraíso terrenal

La riqueza biológica del área protegida abarca una imponente diversidad de avifauna. Además de la pava aliblanca, el refugio es morada de la paloma ventriocrácea (Leptotila ochraceiventris), el pitajo de Piura (Ochthoeca piurae), el rascahojas capuchirrufo (Hylocryptus erythrocephalus), la pava parda (Penelope barbata), el limpia-follaje cuellirrufo (Syndactyla ruficollis), el mosquerito pechigris (Lathrotriccus griseipectus), el semillero azul (Amaurospiza concolor) y el emblemático cóndor andino (Vultur gryphus). En la lista de mamíferos destacan el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), el venado de cola blanca (Odocoileus virginianus), el oso hormiguero (Tamandua tetradactyla) y la ardilla nuca blanca (Sciurus stramineus), sumándose además un registro de 17 especies de reptiles y dos de anfibios. 

Llegar a este refugio natural implica una travesía de tres horas desde Chiclayo. El recorrido se realiza por la vía asfaltada que pasa por Ferreñafe y Pítipo, bordeando el Santuario Histórico Bosque de Pómac —cuna de la cultura Sicán y extenso algarrobal— hasta llegar a Batán Grande. Desde allí, se toma el camino afirmado a la izquierda que atraviesa los pintorescos poblados del valle del río La Leche hasta arribar a la comunidad campesina de San Antonio de Laquipampa, sede del centro de interpretación.

El lugar goza de un clima sumamente saludable con temperaturas que oscilan entre los 18 °C y los 28 °C. La temporada más cálida discurre entre diciembre y mayo, alcanzando sus picos en febrero y marzo, mientras que las temperaturas más bajas se registran en julio y agosto. Las precipitaciones se concentran principalmente entre los meses de marzo y abril.

Las actividades de turismo de naturaleza y recreación son variadas. Destaca el circuito de observación de la pava aliblanca en la localidad de Lajas (a 800 m s. n. m.) y la ruta por la quebrada Shambo para avistar a la pava parda. Asimismo, a 20 minutos del centro de interpretación se ubican las cascadas de Lajas, un atractivo conjunto de cuatro caídas de agua cristalina ideal para caminatas. Los pobladores de la zona de amortiguamiento complementan la experiencia ofreciendo servicios alimentarios, hospedaje y guiado turístico. Por si fuera poco, el refugio resguarda un patrimonio arqueológico ancestral, evidenciado en la huaca «El Zapote» en Puchaca —donde se hallaron restos humanos, ceramios y chaquiras— y en la cueva «Pozo» en San Antonio de Laquipampa, reafirmando que este territorio es un espacio donde la historia prehispánica y la riqueza natural conviven en perfecta armonía.

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CHOTUNA-CHORNANCAP: El majestuoso complejo que custodia el legado de la gobernante Lambayeque

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Chotuna viene de la palabra mochica “Chot”, que fue el nombre del templo en el que, según la leyenda, Naimlap mandó guardar el ídolo de piedra verde llamado Llampallec, del cual deriva el nombre del departamento.

En la extensa llanura arenosa costera, situada a solo 8 kilómetros al oeste de la ciudad de Lambayeque y a 4.5 de la línea de playa de San José, se yergue el complejo arqueológico Chotuna-Chornancap. Se trata de uno de los principales monumentos de la región que conserva gran parte de su majestuosa monumentalidad casi intacta, habiendo resistido con hidalguía el incesante paso de los siglos y las incursiones de depredadores. El recinto abarca una vasta superficie compuesta por 95 hectáreas destinadas al sector de Chotuna y 17 hectáreas correspondientes al área de Chornancap. Todo este territorio se encuentra moldeado por médanos estables de arena eólica que, en diversos sectores, cubren parcialmente importantes estructuras arquitectónicas.

Los reconocimientos de campo y las prospecciones realizadas en la zona permiten constatar una intensa actividad humana en el pasado. La presencia de áreas destinadas a cementerios y sectores residenciales queda al descubierto mediante la dispersión en superficie de fragmentería cerámica, restos de osamentas humanas y claras evidencias de ocupación doméstica.

La zona monumental alberga impresionantes volúmenes arquitectónicos entre los que destacan la Huaca Chotuna, la Huaca de los Frisos, la Huaca Susy —bautizada así en emotivo homenaje a la arqueóloga Susana Meneses—, la Huaca de los Sacrificios, la Huaca de la Ola Antropomorfa y la Huaca Chornancap. Asimismo, las prospecciones arqueológicas ejecutadas entre los años 2007 y 2008 lograron documentar más de cien montículos adicionales al este de Chotuna. Estos hallazgos confirmaron una secuencia ocupacional ininterrumpida y prolongada que abarca desde la época Virú o Gallinazo, pasando por el Moche Medio, Moche Tardío, Lambayeque, Chimú e Inca, hasta llegar al periodo Colonial.

Actualmente, el entorno paisajístico del complejo está definido por amplios campos agrícolas dedicados al cultivo de arroz y algodón, entre los cuales asoman pequeños montículos arqueológicos y algunas viviendas modernas dispuestas en los límites de la zona intangible, especialmente en los flancos sur y este. Además del paisaje agrícola, la cercanía con el litoral marino impone una presión climática e influencia ambiental única sobre todo el monumento. Reconociendo su valor histórico inapreciable para la identidad del país, el Estado peruano lo declaró oficialmente Patrimonio Cultural de la Nación mediante la Resolución Directoral N° 1156, emitida el 6 de diciembre del año 2002.

Las huacas

El núcleo principal del conjunto lo define la imponente Huaca Chotuna, una colosal estructura de adobe con forma tronco-piramidal que alcanza aproximadamente los cuarenta metros de altura. Sus muros presentan lados inclinados hacia el frente oeste, punto donde se inicia el recorrido de una monumental rampa circunferencial. Esta vía de acceso asciende rodeando los lados oeste, norte y este de la pirámide hasta culminar en la plataforma superior. Hacia el oeste, muy cerca de esta rampa, yacen los restos de un gran recinto rectangular cuyas evidencias sugieren que estuvo destinado a labores artesanales y de especialización a manera de talleres. En tanto, hacia la sección sudeste del monumento se extienden enormes espacios amurallados de planta rectangular construidos con adobes de regular tamaño. Si bien se presentan como amplios corralones, las hipótesis científicas plantean que se habría tratado de escenarios de uso ritual y administrativo concebidos para albergar masivas concentraciones humanas.

A tan solo un kilómetro y medio al oeste de Chotuna se erige el sector de Chornancap, dominado por una pirámide trunca de veinticinco metros de altura que se despliega en una planta rectangular. Esta edificación presenta una rampa de acceso directo orientada hacia el este y se encuentra flanqueada por áreas menores que hoy yacen sepultadas bajo los médanos. Precisamente en este sector, las exploraciones desarrolladas en el año 1982 sacaron a la luz una impresionante plaza decorada con murales policromos. Ambas moles piramidales reflejan en su diseño arquitectónico y en el uso masivo del adobe las formas clásicas de la edificación monumental representativa de la cultura Lambayeque, desarrollada entre los siglos VIII y XIII d. C.

El descubrimiento de mayor trascendencia científica en este complejo ocurrió al confirmarse científicamente el sexo femenino del personaje central hallado en la tumba de Chornancap. Este hito colocó a la investigación arqueológica en una posición interpretativa extraordinaria e impensable para la época, al permitir documentar por primera vez a una de las principales mujeres de la élite gobernante de la cultura Lambayeque. La suntuosidad y calidad de los bienes de prestigio que la acompañaban en su lecho funerario revelaron de forma contundente que esta dignataria desempeñó las más altas funciones de soberana política y máxima sacerdotisa de su tiempo, transformando para siempre la visión sobre las estructuras de poder en el Perú antiguo.

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EL FASCINANTE HALLAZGO DEL MURAL POLICROMO DE 脷CUPE: Un tesoro de la cultura Lambayeque en el valle de Za帽a

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Descubrimiento se produjo en 1983 luego que la zona fuera atentada por los huaqueros.

 Durante periódicos reconocimientos arqueológicos realizados en 1978 en la parte baja del valle de Zaña, un equipo de especialistas identificó las evidencias tangibles de un extraordinario mural policromo asociado a un importante edificio prehispánico. Los factores naturales del entorno y la desafortunada acción de excavadores clandestinos en la región habían dejado expuesta una pequeña porción de este muro decorado. Afortunadamente, esta sección logró ser protegida y cautelada oportunamente para garantizar su conservación y posterior estudio científico. Tras este primer hallazgo y las medidas inmediatas de resguardo, entre los meses de octubre y noviembre de 1983 se ejecutó la primera temporada oficial de investigación arqueológica en el área, bajo la conducción de los reconocidos arqueólogos Walter Alva Alva y Susana Meneses Castañeda.

La estructura arquitectónica que contiene estas pinturas murales se localiza en el paraje denominado San Miguel, perteneciente a la Cooperativa Agraria de Úcupe, en el distrito de Lagunas, provincia de Chiclayo. El sitio se ubica en una extensa llanura aluvial, en la sección baja meridional del valle del río Zaña, a tan solo dos kilómetros y medio en línea recta de la desembocadura marítima. El entorno geográfico corresponde a un paisaje árido característico de las áreas desérticas marginales cercanas a las tierras agrícolas actuales, donde bosques de algarrobos y arbustos xerófilos se distribuyen sobre un terreno ondulado por capas de arena eólica y dunas semiestables. Hacia el sur destacan los Cerros de Purulén como la única formación montañosa relevante de la zona, mientras que al este se extienden las pampas de Úcupe cruzadas por el cauce ocasional del río Carrizal, quedando los campos de cultivo y el cauce principal del río Zaña al oeste y al norte.

El desarrollo de los trabajos de campo contó con un respaldo institucional decisivo. Destacó el auspicio de la Comisión de Arqueología General y Comparada del Instituto Arqueológico Alemán, cuyo director, el profesor H. Müller-Karpe, mostró un particular interés por la recuperación documental de esta monumental evidencia histórica. Asimismo, la Cooperativa Agraria de Úcupe brindó un valioso apoyo logístico proporcionando personal para las faenas arqueológicas. La comunidad local y sus trabajadores desempeñaron un rol fundamental al asumir la protección del sitio desde su descubrimiento en 1978, manteniendo una vigilancia permanente sobre la huaca. Las acciones finales en el terreno pudieron concretarse gracias al oportuno apoyo brindado por el empresario Giorgio Battistini, desde la ciudad de Chiclayo.

Las representaciones

Las figuras representadas en la pintura mural pertenecen estilísticamente al periodo clásico de Lambayeque, una tradición cultural de la costa norte del Perú que se consolidó entre los años 850 y 1100 d. C. Esta civilización abarcó un ámbito geográfico comprendido entre el valle de Jequetepeque por el sur y el valle de Olmos por el norte. Sus expresiones iconográficas, manifestadas habitualmente en delicados trabajos de orfebrería y cerámica, presentan como motivo central recurrente a un personaje mitológico caracterizado por sus ojos «alados» o almendrados, una nariz en forma de pico de ave y un vistoso tocado semilunar.

El ejemplo más emblemático de esta divinidad completa es el célebre Tumi de Íllimo o Batán Grande, considerado una de las mayores obras maestras de la metalurgia prehispánica andina. En la cerámica, el personaje suele aparecer moldeado en el gollete de vasijas de cuerpo globular y base pedestal, mientras que en otros artefactos aparece únicamente su faz o símbolos convencionales asociados en máscaras funerarias de metal u objetos rituales, combinados con otros seres mitológicos. Se trata de un motivo iconográfico de altísima valoración religiosa y política para la cultura Lambayeque, cuyo significado profundo aún permanece en estudio por parte de los científicos.

En el Mural de Úcupe, los personajes representados adoptan las convenciones de esta tradición artística general, por lo que no constituyen una excepción estilística aislada. Sin embargo, su valor documental radica en el extraordinario conjunto de variaciones que presenta cada uno de los individuos dibujados, mostrándolos como personajes claramente diferenciables dentro de una misma unidad temática. Los arqueólogos señalan que proponer una interpretación definitiva resulta prematuro en tanto no se complete la excavación y documentación de la composición total de las pictografías, las cuales abarcan muros laterales y estructuras subyacentes que aún permanecen enterradas en el sitio arqueológico.

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LA SACERDOTISA DE CHORNANCAP: La mujer que gobern贸 en el per铆odo Sic谩n tard铆o

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • El descubrimiento de su tumba permitió la construcción del museo más joven de Lambayeque.

El Museo de Sitio Chotuna Chornancap, ubicado a nueve kilómetros de la ciudad de Lambayeque, alberga en su seno la historia de una antigua gobernante y sacerdotisa de la cultura Sicán, cuyo descubrimiento cambió trascendentalmente la cosmovisión que se tenía de la mujer durante los siglos XII y XIII. Tras su inauguración el 19 de septiembre del 2009, miles de personas visitan los hallazgos del complejo Chotuna-Chornancap, pero es a partir del 2011, con el hallazgo de la Sacerdotisa de Chornancap, que toma una importancia aún mayor, puesto que la sacerdotisa ha sido comparada con otros grandes personajes preincas como la Dama de Cao en la cultura Moche o las sacerdotisas de San José de Moro.

Tanta fue la importancia de este hallazgo que los bienes de esta sacerdotisa, que gobernó entre los siglos XII y XIII d.C., han sido expuestos en museos del Perú y el mundo como el Museo de la Nación en Lima, el Museo Paul Getty en Los Ángeles, el Museo Metropolitano de Nueva York, el Museo Quai Branly en París y el Museo de Oro en Colombia.

El hallazgo

El descubrimiento de la tumba de la sacerdotisa de Chornancap data del 2011, cuando un grupo de arqueólogos al mando de Carlos Wester La Torre dieron con una tumba de un personaje femenino que había sido enterrado en medio de brazaletes, sortijas, narigueras, orejeras, vasos ceremoniales, labrados en oro y plata, corona, máscara y cetro.

Lo suntuoso de su ajuar funerario se condice también con la forma de entierro, pues ocupaba una plataforma superior y estaba rodeada de ocho mujeres jóvenes de entre 15 y 20 años, las cuales habían sido sacrificadas para acompañar a la sacerdotisa.

Una corona de cobre dorado con relieves de la divinidad Sicán y las orejeras de oro y plata con incrustaciones de turquesa develaron el poder de mando que tenía este personaje, cronológicamente datado en el período Sicán tardío, aproximadamente entre los años 1250 y 1300.

El atuendo que vestía la sacerdotisa de Chornancap era de túnicas decoradas envueltas en dos mantos con aplicaciones de discos lunares de cobre, algo propio de la realeza Sicán. A su alrededor había vasos de metal, conocidos como keros, y valvas de la concha spondyluys, considerada como sagrada y asociada a los rituales de la lluvia y la fertilidad.

Importancia  

El estudio de los arqueólogos reveló que los restos hallados correspondían a una mujer que fungía de líder religiosa y mediadora, puesto que era la encargada de presidir los rituales más importantes del valle, especialmente aquellos destinados a las lluvias y la mitigación de los devastadores efectos del Fenómeno El Niño.

Pero su liderazgo iba más allá de lo espiritual, dado que las insignias de mando antes descritas que se encontraron a su lado confirmaron que ejercía también la jefatura política y administrativa de la zona. Posteriormente se le asoció también con la iconografía Mochica en la que se representa a una sacerdotisa en la presentación de un cáliz sagrado.

Se calcula que al momento de su muerte la sacerdotisa de Chornancap tenía entre 45 y 50 años, una estatura de 1.60 metros, una talla inusual para las mujeres de la época, y un estado de salud ósea que revelaba una nutrición privilegiada y sin rasgos de haber realizado trabajo físico duro, lo cual era coherente con el estatus que llevaba.

Si bien hoy en día la mayoría del hallazgo de la sacerdotisa de Chornancap se encuentra en el Museo Brüning de Lambayeque, en el museo de sitio se exhibe una recreación del arribo, desembarco, muerte y funeral de Naylamp, así como objetos de cerámica y de metal descubiertos de las investigaciones realizadas en la zona arqueológica.

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MUSEO SIC脕N: El refugio de las riquezas de Bosque de P贸mac

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • El Museo Nacional Sicán cumplirá 25 años al servicio de la comunidad.
  • En este museo se albergan los restos del Señor de Sicán.

A 18 kilómetros al noreste de Chiclayo, se encuentra el Museo Nacional Sicán, recinto de conservación, investigación y difusión de la cultura Sicán. En su interior se encuentran los hallazgos de las excavaciones en el Santuario Histórico Bosque de Pómac, particularmente en las tumbas de élite en Huaca del Oro y Huaca Las Ventanas.

Hoy, el Museo Nacional Sicán tiene una estrecha relación con la comunidad de influencia del Bosque de Pómac, en Batán Grande, mediante programadas de voluntariado donde forman a defensores del patrimonio y estrategias para promover a las asociaciones locales de artesanos y productores de miel de abeja y algodón nativo.

La gesta del Museo Nacional Sicán no hubiera sido posible si en 1978 el arqueólogo japonés Izumi Shimada no establecía el Proyecto Arqueológico Sicán. La intención de Shimada era demostrar que en el complejo de Batán Grande existió una civilización autónoma y no solo el moche tardío o chimú como se le catalogaba en ese entonces.

Así, entre 1991 y 1996 se hicieron excavaciones en Huaca del Oro, donde se encontró una tumba intacta de la élite Sicán en la que yacía el Señor de Sicán, un antiguo gobernante de entre 40 y 45 años y 1.60 metros de estatura. A su lado fueron enterrados dos mujeres jóvenes, de unos 20 años y dos niñas, quienes posiblemente fueron sacrificadas para acompañarle en su trance a la otra vida al Señor de Sicán.

Se trató de un enorme descubrimiento de más de una tonelada de bienes suntuarios, máscaras de oro, metales finos y ornamentos. Había cerámicos, objetos de oro, plata y bronce, piedras preciosas y conchas tropicales.

El museo

Sin embargo, al no existir en Lambayeque una infraestructura con la tecnología, seguridad y climatización adecuada para conservar los hallazgos de alto valor, surgió la necesidad de poner en marcha un museo. Fue así que el director del proyecto inició las gestiones con el gobierno de Japón para que, a través de su programa de cooperación cultural, se pueda financiar la construcción y equipamiento del mismo.

En 1999, la Municipalidad Provincial de Ferreñafe determinó ceder el terreno donde se edificó a la postre el museo, en la puerta de entrada al Bosque de Pómac. El diseño arquitectónico evoca las formas piramidales de los templos de adobe (huacas), rodeado de vegetación nativa para no desentonar con el entorno del bosque seco.

Finalmente, el museo fue inaugurado en noviembre del 2001, teniendo al arqueólogo Carlos Elera Arévalo como su primer director. En el museo se puede encontrar una exposición general sobre el trabajo de investigación liderado por Izumi Shimada, con una explicación cronológica de las tres fases principales: Sicán temprano, Sicán medio y Sicán tardío.

Hay también una reconstrucción a escala real de la tumba este de Huaca del Oro, la cual muestra en un corte transversal a doce metros de profundidad al Señor de Sicán sepultado en posición invertida, acompañado de sus acompañantes y su ajuar funerario

Asimismo, se exhibe una reconstrucción de la tumba oeste, donde se halló a otro personaje noble rodeado de múltiples nichos y ofrendas rituales.

Finalmente, hay una sala climatizada de alta seguridad donde se exhiben los metales preciosos extraídos de las tumbas. Aquí sobresale la máscara de oro de Sicán, obra considerada como cumbre de la orfebrería preincaica, con ojos alados adornados con cuentas de esmeralda y ámbar, pigmentados con cinabrio rojo; y el ajuar funerario del Señor de Sicán, que incluye un tocado de oro con plumas de metal y aplicaciones de plata, pecheras, guantes de láminas de oro, vasos ceremoniales repujados, tumis y orejeras.

A ello se suma que en el museo hay secciones didácticas como los talleres de alfarería y cerámica, orfebrería y metalurgia, y las redes de consorcio e intercambio donde hay exposición de los bienes suntuarios importados de larga distancia, como conchas Spondylus y Strombus traídas de Ecuador, lapislázuli de Chile y esmeraldas de Colombia.

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T脷CUME: El museo de sitio que transform贸 el Valle de las Pir谩mides en un modelo de gesti贸n mundial

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Es referente mundial por la integración de la comunidad a la preservación del patrimonio.

En el corazón del departamento de Lambayeque, a las faldas del emblemático Cerro Purgatorio y rodeado por la imponencia de 26 pirámides, se erige el Museo de Sitio de Túcume. No es solo un espacio destinado a la exhibición de reliquias del pasado, este lugar representa el triunfo de un modelo de gestión cultural que ha logrado integrar de manera exitosa la investigación arqueológica, la conservación del entorno natural y el desarrollo de la comunidad local.

El vínculo directo entre la población de Túcume y la protección de su rico legado histórico comenzó a tejerse entre 1989 y 1994, cuando el célebre etnógrafo noruego Thor Heyerdahl lideró un trascendental proyecto de investigación arqueológica con el respaldo financiero del Museo Kon-Tiki de Oslo. En el marco de estas labores de campo, y antes de que concluyera la investigación, el 20 de agosto de 1992 se oficializó la creación del museo de sitio para garantizar una gestión adecuada del vasto complejo de pirámides y templos construidos por la cultura Sicán o Lambayeque.

La institución contó en su codirección con el destacado arqueólogo y antropólogo peruano Alfredo Narváez, e inauguró oficialmente sus puertas al público un año después, el 20 de agosto de 1993. Actualmente, bajo la dirección de la arqueóloga Bernarda Delgado Elías, se consolida como el segundo museo más visitado de la región Lambayeque, registrando un flujo promedio de 36 visitantes al año.

Patrimonio en custodia

Las salas del museo resguardan una valiosa y variada colección de bienes arqueológicos rescatados durante las excavaciones de aquellos años. El recorrido abarca piezas representativas de la última fase de la cultura Lambayeque, así como del paso de las civilizaciones Chimú e Inca, e incluso del periodo Colonial. Entre sus exhibiciones más destacadas sobresalen las deslumbrantes joyas halladas en la tumba del Señor de Túcume, un importante descubrimiento realizado entre 1991 y 1992. Asimismo, los visitantes pueden contemplar detalladas maquetas de las huacas que conforman la zona arqueológica y comprender de forma pedagógica el antiguo proceso de orfebrería, desde la extracción primaria de los metales hasta la compleja producción de los artefactos. La propuesta se complementa con muestras vivas de la gastronomía regional, la tradición textilera y el universo de creencias locales.

El gran diferencial de Túcume radica en su compromiso social y ambiental. La institución tiene el mérito de haber implementado un innovador programa de educación para la conservación del patrimonio cultural y natural que custodia, el cual se puso en marcha en 1998, mientras que en 2009 se consolidó formalmente su Plan de Manejo. Dicho plan estratégico articula todas las actividades del sitio a través de cuatro líneas de acción fundamentales: Patrimonio Cultural, dedicada a las investigaciones arqueológicas; Turismo Sostenible, enfocada en los visitantes y la infraestructura; Educación, orientada a la conservación; y Población, centrada en el desarrollo del espacio urbano y rural contiguo.

Referente mundial

El impacto de este trabajo comunitario y sostenible trascendió fronteras en el año 2015, cuando la Asociación Británica de Escritores de Viaje —un prestigioso gremio del Reino Unido que agrupa a reconocidos periodistas, fotógrafos, ilustradores y documentalistas especializados— galardonó al Museo de Sitio de Túcume como el Mejor Proyecto Mundial de Turismo. El camino hacia este reconocimiento nació tras la visita de la escritora de viajes británica Hilary Bradt, coautora del libro Trekking in Peru, quien quedó enamorada de la propuesta. Este galardón revistió un valor supremo para el Perú por premiar iniciativas que generan un beneficio directo en las comunidades, permitiendo que el museo peruano superase en su categoría al Lugar de Nacimiento de la Música Country en Bristol (Virginia, Estados Unidos) y al Centro Caribeño de Expresión y Memoria de la Trata de Esclavos y la Esclavitud (Isla de Guadalupe).

Para alcanzar este estándar y obtener el premio, el complejo atravesó un ambicioso plan de remodelación ejecutado con el Plan Copesco Nacional, demandando una inversión de 11 millones de soles mediante la Obra de Mejoramiento del Servicio Cultural del Museo de Sitio de Túcume. Esta intervención se dividió en dos partes principales. En el sector A se intervino en la remodelación del auditorio, el área de ventas y el parador turístico, construyendo además salas de reuniones y de museografía. En el sector B se edificaron la sala principal, la Sala del Bosque Seco, la Sala del Templo de la Piedra Sagrada, y se habilitaron zonas de usos múltiples como una sala de audiovisuales, una cafetería, servicios higiénicos y una tienda destinada a la venta de artesanías elaboradas por los pobladores de la zona.

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MUSEO TUMBAS REALES: Donde descansa el Se帽or de Sip谩n

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • El museo recibió a 191 mil 682 visitantes el año pasado, marcando un récord de asistencia desde su inauguración en el 2002.
  • El recinto alberga más de 600 joyas y ornamentos del Señor de Sipán.

Inaugurado el 8 de noviembre del 2002, el Museo Tumbas Reales de Sipán alberga uno de los más importantes tesoros culturales del antiguo Perú. A lo largo de sus más de tres mil metros cuadrados de extensión se exhiben las más de 600 joyas del Señor de Sipán y una réplica exacta de la cámara funeraria del gobernante Mochica. Su importancia es tal que anualmente llegan miles de visitantes nacionales y extranjeros, consolidándose como el museo más concurrido de la región.

“Desde el momento en que se descubre esta fabulosa tumba que representaba al primer gobernante del antiguo Perú que podíamos recuperar científicamente, asumimos la responsabilidad también de gestionar la construcción de un museo que albergue en dignas condiciones esta página importante de nuestra historia”, diría Walter Alva, el arqueólogo descubridor del Señor de Sipán, en el marco del último aniversario del museo.

Arquitectura

El Museo Tumbas Reales de Sipán cuenta con una extensión de área techada de 3156.45 metros cuadrados. El diseño arquitectónico fue elaborado por el arquitecto Celso Pastor Prado y está inspirado en las antiguas pirámides truncas de la cultura Mochica como las huacas El Sol y La Luna.

Su acceso es a través de una rampa de más de 70 metros, tal como en los antiguas templos moches. Esta pendiente, sin embargo, conduce directamente al tercer nivel, por lo que el recorrido de los visitantes siempre es de arriba hacia abajo: inician en el tercer piso y culminan en el primero.

La distribución museográfica es tal que le permite al visitante vivir la experiencia que tuvieron los arqueólogos cuando descubrieron al Señor de Sipán en 1987. La narrativa parte desde el proceso inicial de la excavación del mausoleo real del Señor de Sipán hasta el registro de las osamentas; permitiendo al visitante entender el proceso que se realizó para el registro de la tumba de este gobernante moche.

Tesoros

En el museo se exhiben las más de 600 joyas encontradas en la tumba del Señor de Sipán y más de dos mil pieza de oro en total. Hay una réplica exacta de la cámara funeraria que puede observarse desde el segundo nivel, mediante la cual los visitantes pueden recrear lo que encontró el equipo dirigido por Walter Alva.

Uno de los ambientes de mayor interés es la Sala Real Mochica, donde se encuentra una réplica del Señor de Sipán vestido con sus prendas de guerrero, pectoral de oro y otras joyas preciosas. Son en total 35 maniquíes que representan su entorno político, de los cuales lo llamativo es que diez han sido articulados, permitiendo que tengan movilidad, lo que le da más realismo aún para los visitantes.

Entre los muchos tesoros que aquí se encuentran destacan estandartes de cobre dorado sobre tela, corona de cobre dorado con símbolos reales, pectorales de conchas, orejeras de oro y turquesas, sonajeras de oro, tocado de algodón, adornos en plumas, una imagen felínica completa, un pectoral de oro confeccionado con caracoles, una sonajera de oro con la figura de un degollador y un pectoral de cobre.

Recientemente, el museo inauguró el parque etnobotánico ‘El Algarrobal de la Chilala’, un espacio educativo diseñado para fortalecer la educación ambiental y patrimonial, y que forma parte del Programa de Protección al Medio Ambiente y Revaloración de la Flora y Fauna de Lambayeque, iniciativa del Plan Sipán Hacia la Sostenibilidad.

Como parte de su vínculo de extensión con la comunidad, el museo tiene programas como ‘Defensores del patrimonio’, el cual busca orientar a los escolares de la región en protección, valoración y cuidado de sitios arqueológicos. Cuenta también con talleres de dibujo, danza, pintura, escultura, teatro y títeres, dirigidos a la población de la zona de influencia.

+NOTICIAS:

  • La construcción del museo Tumbas Reales de Sipán empezó en 1995 con el apoyo financiero del Fondo Contravalor Suiza-Perú.

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HUACA RAJADA: La tumba del Se帽or de Sip谩n

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Pasó de ser una zona devastada por los huaqueros a convertirse en el complejo arqueológico de mayor notoriedad en la región.
  • Desde el 2009 también funciona un museo de sitio en la zona que guarda las joyas y los ornamentos hallados en las excavaciones.

Ubicado en los alrededores del centro poblado Sipán, en el distrito de Zaña, se encuentra el complejo arqueológico Huaca Rajada, un conjunto mochica de tres pirámides truncas, donde se ocultó la tumba del Señor de Sipán, gobernante del siglo III que dominó el noroeste del antiguo Perú y cuyo hallazgo fue comparado por la prensa internacional con la tumba del mismo Tutankamón.

La trascendencia de los hallazgos funerarios de la realeza mochica en Huaca Rajada hizo que el Estado ponga en valor este complejo arqueológico que hoy tiene la Jerarquía 2 como recurso turístico.  Desde el 2009 también funciona un museo de sitio, el cual alberga ornamentos y joyas encontradas durante excavaciones arqueológica hechas del 2007 en adelante. El año pasado, el museo de sitio recibió a 37 mil 120 visitantes.

El hallazgo

Hasta antes de 1987, la zona de Huaca Rajada era un reducto dominado por huaqueros, quienes lucraban con las excavaciones clandestinas. Aquel año, el arqueólogo Walter Alva y su equipo conformado por otros destacados profesionales como Luis Chero Zurita y Susana Meneses emprendió un proyecto para recuperar esta zona, pese a la férrea resistencia de los huaqueros.

Fue así que el 26 de julio de 1987 se encontró una tumba intacta de un gobernador precolombino de aproximadamente 40 años y 1.65 metros de estatura. La importancia de este personaje devino de todo lo que se encontró enterrado consigo: tres mujeres, dos varones, un niño, dos guardianes, dos llamas y un perro, todos los cuales habrían sido sacrificados para que continúen sirviendo a este gobernante en el más allá, según la creencia de los moches.

El ajuar funerario de quien sería bautizado a la postre como el Señor de Sipán estuvo compuesto de alrededor de 600 objetos entre los que sobresalen los tres pares de orejeras de oro, un collar formado por veinte frutos de maní elaborados en plata y oro, tocados y emblemas hechos del mismo material y piedras preciosas como turquesas y lapislázuli. A ello se suman diversas ofrendas de cerámica.

Posteriormente se hallaron otras dos tumbas. En una se hallaron los restos de un antiguo sacerdote contemporáneo al Señor de Sipán y que habría sido uno de los principales personajes de la jerarquía religiosa. En su ajuar se hallaron símbolos del sol y la luna, copas, una corona de cobre bañada en oro y otros elementos de culto.

En la otra tumba se halló a otro gobernante, llamado el Viejo Señor de Sipán, quien fue enterrado con una nariguera de oro y plata con un tocado de búho sobre un podio.

Excavaciones recientes

Vente años después, en el 2007, se reiniciaron las excavaciones, descubriéndose al interior del sarcófago nuevos ornamentos de cobre como una corona en forma de V, tocados, armas de combate, cabezas felínicas, una nariguera de oro, una escultura en cobre macizo de un hombre de pie con máscara de búho,  un porta escudo, una estólida, una porra, una corona de búho, collares con cabeza de ave, entre otros muchos. Esta tumba fue atribuida a un sacerdote-guerrero.

En el 2009 se descubrió una tumba más, la cual incluso es más antigua que las cuatro anteriores. Data de inicios de la ocupación Mochica y fue atribuida a un joven guerrero de aproximadamente 21 años al momento de su muerte. Portaba un escudo y una base de lanza o porra; además poseía una corona de búho y dos botellas escultóricas.

Museo de sitio

En tanto, en el museo de sitio se exhiben los hallazgos posteriores al descubrimiento del Señor de Sipán. Aquí se encuentran piezas elaboradas en oro, plata y cobre dorado, como orejeras, pectorales, cetros, narigueras y tocados; vasijas, cántaros y huacos de fina factura utilizados en ritos funerarios y libaciones; así como diversos cerámicos.

El museo de sitio cuenta con una sala de interpretación audiovisual donde se proyecta el relato del descubrimiento del Señor de Sipán. La visita al museo incluye también el recorrido al sector del mausoleo real, donde se aprecian las réplicas exactas de las fosas funerarias en el lugar preciso donde fueron excavadas.

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LA CATEDRAL DE CHICLAYO: El regalo de Balta al pueblo que lo hizo presidente

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • Construcción se inició en 1869 y fue consagrada 90 años después.

En el centro histórico de Chiclayo se ubica la imponente Iglesia de Santa María Catedral, joya de la arquitectura religiosa que no solo engalana el paisaje urbano de la ciudad, sino que atesora una peripecia histórica llena de promesas políticas, desafíos técnicos y más de medio siglo de paralización antes de ver culminada su estructura.

La chispa que dio origen a este templo nació de un compromiso militar y político. Tras la feroz jornada del 7 de enero de 1868, en la que el coronel José Balta salió victorioso en Chiclayo contra las tropas del general Mariano Ignacio Prado, el pueblo chiclayano aclamó al caudillo. Una vez asumida la presidencia de la república, Balta buscó cumplir su promesa de erigir una obra de gran envergadura para la ciudad. Atendiendo al clamor popular que demandaba un gran templo católico, el 30 de diciembre de 1868 firmó el decreto para la creación de una comisión encargada de los planos y el presupuesto, nombrando a los ingenieros Mario Alleón y Guillermo Townsend.

Poco después, a mediados de 1869, el presidente encomendó al ingeniero Felipe Arancibia concebir un templo “grande y suntuoso”. El diseño original concebido por Arancibia planteaba una iglesia de planta basilical de cruz latina con tres naves: una nave central de 15 metros de ancho y dos laterales de 6.50 metros cada una. El coro alto se extendería sobre el pórtico y la fachada estaría enmarcada por dos imponentes torres.

Conforme explica la arquitecta Velia Beltrán Centurión, en 1869 se colocó la primera piedra en una solemne ceremonia apadrinada por el hijo del presidente Balta y oficiada por el sacerdote Manuel Vargas Machuca. La cimentación, realizada sobre piedra azul con umbraladura de algarrobo, cal, arena y yeso, tomó 40 días. Sin embargo, el entusiasmo inicial chocó rápidamente con la realidad económica. Tras dieciocho meses de trabajos en los que se levantó el templo hasta el segundo cuerpo de las torres, las obras se paralizaron por falta de financiamiento. Las paredes quedaron inconclusas, faltaban los pisos, el revestimiento y la gran bóveda.

Durante más de cincuenta años, el gigantesco armazón de mampostería quedó en el olvido, expuesto al deterioro por el paso del tiempo y las filtraciones de humedad. La «Iglesia Nueva», como se le conocía, pasó a ser un espacio desolado utilizado como cancha para juegos de pelota, lugar para carruseles, peleas de gallos y hasta plaza de toros. A inicios del siglo XX, la frustración era tal que surgieron voces que proponían demoler la estructura inconclusa para ampliar el Parque Principal.

Reinicio y culminación

El rescate del templo llegó en febrero de 1928, bajo el gobierno del presidente Augusto B. Leguía y con el decidido respaldo de la ciudadanía. Tras más de medio siglo de abandono, se reanudó la construcción. La responsabilidad de los trabajos recayó primeramente en el ingeniero y arquitecto alemán Roberto Behr. Posteriormente, en 1935, el arquitecto y proyectista Víctor Mora Flores, natural de Paiján, asumió la tarea y tuvo a su cargo la ornamentación del altar mayor para el centenario de la ciudad.

Los maestros alarifes e ingenieros de la época emplearon técnicas tradicionales para la época, logrando una resistencia notable en las columnas mediante mortero compuesto por claras de huevo de aves, cal y yeso. Hacia fines de la década de 1939 la edificación propiamente dicha estaba concluida, aunque los detalles de acabados y correcciones estructurales se extendieron hasta la década de 1950.

El reconocimiento eclesiástico a esta majestuosa obra no tardó en llegar. El 17 de diciembre de 1956, el papa Pío XII desmembró la Arquidiócesis de Trujillo para erigir la Diócesis de Chiclayo. Con este nuevo estatus, el histórico templo pasó a llamarse oficialmente Catedral. Finalmente, el 7 de diciembre de 1959, la Catedral fue consagrada a los Sagrados Corazones de Jesús y María por el primer obispo de Chiclayo, monseñor Daniel Figueroa Villón, en compañía de monseñor Jerónimo Mondoñedo.

Hoy en día, la Catedral de Chiclayo ha cobrado un nuevo protagonismo al haber sido la sede episcopal del ahora papa León XIV.

 

 

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Municipalidad de Chiclayo registra S/ 169 millones de inversi贸n en diversas obras p煤blicas

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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En cuatro años de gestión, la Municipalidad Provincial de Chiclayo impulsó obras y equipamiento para mejorar colegios, modernizar el manejo de residuos, fortalecer la seguridad y recuperar calles y avenidas de la ciudad.

Durante cuatro años de gestión, la Municipalidad Provincial de Chiclayo ha desarrollado un importante programa de inversiones orientado a recuperar infraestructura, fortalecer los servicios públicos y atender algunas de las principales necesidades de la ciudad.

Con una inversión que alcanza los S/ 169 millones, la gestión municipal ha priorizado sectores estratégicos como educación, limpieza pública, gestión de residuos sólidos, seguridad ciudadana y transitabilidad, con el objetivo de cerrar brechas y recuperar obras y servicios que permanecieron postergados durante años.

Educación: recuperar lo que estuvo abandonado

Uno de los principales ejes de inversión ha sido la recuperación y culminación de infraestructura educativa. En los colegios Juan Tomis Stack, Miguel Muro Zapata, César Vallejo y Juan Mejía Baca, se han destinado más de S/ 40 millones, permitiendo recuperar instituciones educativas que habían quedado abandonadas en el marco de proyectos vinculados a la Reconstrucción con Cambios (RCC).

Estas intervenciones buscan brindar mejores condiciones de infraestructura para miles de estudiantes y contribuir a que la comunidad educativa cuente con ambientes adecuados para el desarrollo de sus actividades.

Una nueva estrategia para los residuos sólidos

Otro de los grandes componentes de esta inversión corresponde a la gestión integral de los residuos sólidos. La Municipalidad Provincial de Chiclayo gestionó ante el Ministerio del Ambiente una inversión de S/ 66 millones, destinada al relleno sanitario y a la implementación de dos plantas de valorización de residuos.

Estas plantas permitirán aprovechar residuos orgánicos e inorgánicos y constituyen un paso importante hacia la modernización del sistema de manejo de residuos, con la perspectiva de avanzar hacia un Chiclayo más limpio y sostenible.

 

 

Más maquinaria para una ciudad más limpia

El fortalecimiento de la limpieza pública también ha sido una prioridad. La Municipalidad invirtió aproximadamente S/ 9 millones en maquinaria, incorporando ocho compactadoras, cuatro volquetes, una motoniveladora, dos minicargadores y un rodillo.

A este equipamiento se suma maquinaria obtenida mediante gestiones ante el Ministerio del Ambiente (MINAM): dos volquetes, dos cargadores frontales, una excavadora, dos tractores oruga, dos camionetas y una minivan.

La incorporación de estos equipos permite ampliar la capacidad operativa municipal y mejorar las labores de limpieza, recolección y mantenimiento de la ciudad.

Más seguridad y capacidad de patrullaje

La seguridad ciudadana constituye otro de los frentes de inversión. Después de más de 18 años, la Municipalidad Provincial de Chiclayo adquirió 26 camionetas y 14 motocicletas, con una inversión superior a S/ 3 millones.

La renovación del parque automotor busca fortalecer el patrullaje integrado y mejorar el trabajo articulado entre la Municipalidad y la Policía Nacional del Perú, incrementando la capacidad de respuesta frente a las necesidades de seguridad de la población.

Recuperación de calles y avenidas

La recuperación de la transitabilidad ha concentrado también una importante parte de los recursos municipales. Más de S/ 51 millones han sido destinados al mejoramiento de calles, avenidas, urbanizaciones y pueblos jóvenes de distintos sectores de Chiclayo.

Entre las zonas y vías intervenidas figuran la avenida Bermejo, avenida Quiñones, urbanización San Juan, avenida El Ejército, calle Cuneo, calle Arequipa y avenida Sáenz Peña, entre otras importantes arterias de la ciudad.

Estas obras buscan mejorar las condiciones de circulación vehicular y peatonal, recuperar vías deterioradas y contribuir a una ciudad con mejores condiciones de movilidad.

Inversión que se traduce en servicios

Las inversiones ejecutadas durante estos cuatro años forman parte de una estrategia orientada a recuperar la capacidad de la Municipalidad Provincial de Chiclayo para ejecutar obras y fortalecer los servicios que brinda a la población.

 

Educación, limpieza pública, gestión de residuos sólidos, seguridad ciudadana y transitabilidad han sido algunos de los principales frentes de trabajo.

Más allá de las cifras, la inversión se traduce en infraestructura educativa recuperada, maquinaria puesta al servicio de la ciudad, mejores condiciones para los estudiantes, mayor capacidad para mantener limpia Chiclayo, fortalecimiento del patrullaje y calles que vuelven a ser transitables.

Son cuatro años de inversión que buscan sentar las bases para un Chiclayo con mejores servicios, infraestructura recuperada y una Municipalidad con mayor capacidad para responder a las necesidades de sus ciudadanos.

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WALTER ALVA: El hombre que puso a la arqueolog铆a de Lambayeque en los ojos del mundo

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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  • El arqueólogo de Contumazá se hizo conocido mundialmente por el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán.
  • Alva Alva ha dirigido el Museo Brüning, promovió y dirigió el Museo Tumbas Reales, lideró las excavaciones del complejo Ventarrón e impulsó la creación del Museo de Sitio Huaca Rajada.

Si la arqueología peruana tiene un exponente a quién agradecerle ese es Walter Alva Alva. Natural de Contumazá, en Cajamarca, el arqueólogo ha dedicado toda su vida al estudio de las culturas que florecieron en la costa norte del Perú, particularmente en Lambayeque, donde su ímpetu por la conservación del patrimonio arqueológico lo llevó al hallazgo más importante del Perú y de América del siglo XX: la tumba intacta del Señor de Sipán.

"Sipán le devolvió la autoestima al norte peruano y demostró que antes de los incas existieron verdaderos reinos con una organización social, religiosa y tecnológica admirable. Siempre digo que Sipán no fue un milagro de la suerte, sino la recompensa a la resistencia de la arqueología peruana frente al saqueo", diría Walter Alva sobre cómo el Señor de Sipán cambió la percepción sobre las culturas precolombinas.

Pasión por la arqueología

Tras graduarse de la Universidad Nacional de Trujillo, Walter Alva llegó a Lambayeque, donde asumió en 1977 la dirección del Museo Nacional Brüning. Allí realizó importantes excavaciones durante una década en las Salinas de Chao (1977), en el valle de Zaña (1977-1978), en el Morro Eten (1979) y en Purulén (1983).

Alva Alva también fue comisario peruano en la exposición ‘Perú a través de los milenios’, desarrollada en Alemania en 1983, y comisario para la exposición en el Museo del Hombre, en París.

Pero fue en 1987 cuando se consagraría con el hallazgo de la tumba del Señor de Sipán. Por aquel entonces, Alva había sido alertado por la Policía del constante huaqueo se que perpetraba en Huaca Rajada, por lo que puso manos a la obra para intervenir en la zona. Sin embargo, el panorama no fue sencillo, pues halló una fuerte resistencia de los huaqueros y la parte de la población local.

"Llegamos a Sipán en el momento más crítico. El pueblo estaba dividido entre los que querían seguir saqueando y los que entendían el valor de la historia. Nos instalamos en una choza de caña, vigilados por la policía y amenazados por traficantes. Sabíamos que nos jugábamos la vida, pero dejar que destruyeran la tumba hubiera sido una traición al patrimonio del Perú", señaló.

Finalmente, el 26 de julio de ese año, tras semanas de excavación metódica retirando capas de tierra y las gruesas vigas de madera de algarrobo que sellaban la cámara funeraria, Walter Alva y su equipo retiraron el sedimento que cubría el féretro, exponiendo los primeros destellos del ajuar funerario de oro y las piezas del soberano mochica.

Promotor cultural

Luego de la recuperación y restauración de las piezas halladas en Huaca Rajada, en las tumbas del Señor de Sipán, el Viejo Señor y el Sacerdote, que retornaron al Perú en marzo de 1993, Walter Alva fue cocurador y coordinador de la Exposición Internacional “Tumbas Reales de Sipán”, realizada en New York, Los Ángeles, Houston, Detroit y Washigton, cuyos fondos sirvieron para concretar en la construcción del museo del mismo nombre en la ciudad de Lambayeque.

En el 2006 fue cocurador y coordinador de la Exposición Internacional “El Señor de Sipán: Misterio y esplendor de una cultura preinca”, realizada en el Museo Arqueológico de Alicante – España, y de la Exposición Internacional “Los Tesoros del Señor de Sipán”, en la Pinacoteca de Sao Paulo – Brasil, en el 2007.

Tiempo después, en el 2008, el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo – PNUD lo invitó a formar parte de su Consejo Consultivo, y en el 2011 fue elegido miembro de la Comisión Consultiva Nacional del Ministerio de Cultura.

Recientemente, Walter Alva Alva, fue condecorado con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, una de las más altas distinciones que otorga el Estado peruano a quienes consagran su vida a la protección, investigación y enriquecimiento del patrimonio cultural de la Nación.

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PREVENCI脫N, EQUIPAMIENTO Y ARTICULACI脫N: EPSEL respuesta ante el Fen贸meno El Ni帽o

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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Empresa cuenta con respaldo del Ministerio de Vivienda y asistencia técnica de OTASS para fortalecer su preparación y proteger los servicios de saneamiento en Lambayeque.

La Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Lambayeque – EPSEL S. A. viene fortaleciendo sus acciones de preparación y respuesta ante la posible ocurrencia del Fenómeno “El Niño”, mediante medidas preventivas, adquisición de equipamiento especializado y trabajo articulado con el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS), a través del Programa Nacional de Saneamiento Urbano (PNSU), y el Organismo Técnico de la Administración de los Servicios de Saneamiento (OTASS).

Como parte de esta estrategia, el MVCS, mediante el PNSU, ha destinado una inversión superior a S/ 10 millones para fortalecer el equipamiento destinado a la atención de emergencias. Estos recursos permitirán a EPSEL S. A. mejorar su capacidad operativa frente a lluvias intensas y eventuales contingencias que puedan afectar los sistemas de agua potable y alcantarillado.

Este esfuerzo cuenta además con el acompañamiento técnico de OTASS, que viene fortaleciendo la preparación de EPSEL S. A. junto con otras empresas prestadoras del norte del país, mediante asistencia técnica, monitoreo de infraestructura crítica, capacitación y disponibilidad de equipamiento para mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias.

Como parte de estas acciones, OTASS monitorea 172 componentes críticos de los sistemas de saneamiento de Tumbes, Piura y Lambayeque mediante un visor georreferenciado, herramienta que permite identificar puntos vulnerables, evaluar riesgos y priorizar la atención de infraestructura estratégica. Esta labor forma parte de una estrategia preventiva orientada a reducir el impacto de posibles emergencias y contribuir a la continuidad de los servicios.

Al respecto, el Gerente General de EPSEL S. A., Ing. Eduardo Vásquez, destacó que la empresa viene trabajando de manera anticipada para fortalecer sus capacidades y contar con los recursos necesarios para atender oportunamente las contingencias que puedan presentarse durante la temporada de lluvias.

“Estamos trabajando de manera preventiva y articulada para que EPSEL cuente con las condiciones necesarias para responder ante cualquier emergencia. La inversión destinada por el Ministerio de Vivienda, a través del PNSU, y el acompañamiento técnico de OTASS nos permiten fortalecer nuestra capacidad operativa y estar mejor preparados para proteger los servicios de saneamiento y atender a la población”, señaló.

El titular de EPSEL S. A. precisó que actualmente la empresa cuenta con cerca del 80 % del equipamiento previsto, mientras continúan los procesos de adquisición de accesorios y componentes indispensables para optimizar el funcionamiento de las motobombas, camiones hidrojet y demás equipos que serán empleados durante la temporada de lluvias.

A ello se suma la implementación del Plan de Contingencia de EPSEL S. A., así como la disponibilidad de cuadrillas debidamente capacitadas y preparadas para intervenir en los puntos críticos de la ciudad. Estas acciones buscan reducir los tiempos de respuesta y garantizar una atención oportuna ante eventuales emergencias que puedan comprometer las redes de saneamiento.

El Ing. Eduardo Vásquez también resaltó la importancia del trabajo coordinado con las autoridades locales, regionales y demás entidades competentes, a fin de establecer mecanismos de respuesta conjunta y optimizar la gestión de los equipos destinados al bombeo y evacuación de aguas pluviales.

“Una emergencia requiere una respuesta articulada. Desde EPSEL estamos coordinando con las autoridades y entidades competentes para fortalecer las acciones preventivas y definir una atención rápida en los sectores que puedan resultar afectados. Nuestro objetivo es reducir los riesgos y proteger a las familias lambayecanas”, sostuvo.

Asimismo, EPSEL S. A. y OTASS impulsan la campaña “Cada Acción Cuenta, Juntos frente al FEN”, que promueve una cultura sanitaria responsable, en la cual la empresa invoca a la ciudadanía disponer correctamente los residuos sólidos y evitar prácticas que puedan generar atoros y dificultar la atención de emergencias durante las lluvias.

En ese sentido, la EPS recuerda que el sistema de alcantarillado no está diseñado para conducir aguas de lluvia. Sin embargo, durante las precipitaciones, los buzones suelen ser utilizados para evacuar el agua acumulada, situación que puede generar sobrecarga en las redes y dificultar la atención de las emergencias.

Por ello, la empresa exhorta a la población a no arrojar residuos sólidos, desmontes ni otros materiales a los buzones de alcantarillado, así como a evitar conectar o verter directamente aguas pluviales hacia estas redes.

Las acciones preventivas de EPSEL S. A. se suman a los esfuerzos que se vienen desarrollando a nivel nacional para fortalecer la capacidad de respuesta de las empresas prestadoras ante el Fenómeno “El Niño”, ya que entre enero de 2025 y mayo de 2026, las intervenciones impulsadas por OTASS en Tumbes, Piura y Lambayeque permitieron descolmatar 1 181,17 kilómetros de redes de alcantarillado, beneficiando a más de 1,3 millones de personas en las tres regiones.

De esta manera, EPSEL S. A. reafirma su compromiso de continuar fortaleciendo su capacidad operativa y preventiva, trabajando de manera articulada con el Gobierno nacional, OTASS, autoridades regionales y locales, y la ciudadanía, con el propósito de responder oportunamente ante eventuales emergencias y contribuir a garantizar la continuidad de los servicios de agua potable y saneamiento en beneficio de la población lambayecana.

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Azucarera Pomalca obtiene aprobaci贸n del PAMA

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1462

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Mediante Resolución Directoral N° 00392-2026-PRODUCE-DGAAMI del 24 de julio de 2026, el Ministerio de la Producción aprobó el Programa de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA) de Azucarera Pomalca, documento que ordena la gestión ambiental de la empresa para los próximos 25 años y que combina el cumplimiento operativo inmediato con un proceso gradual de transformación agrícola hacia la cosecha en verde.

El PAMA comprende 72 medidas ambientales distribuidas entre fábrica y campo, que abarcan desde el manejo de bagazo, cenizas y efluentes industriales hasta el control de quemas, el riego, la protección de fauna y flora, y el relacionamiento con las poblaciones del área de influencia.

Para su cumplimiento la empresa destinará un presupuesto de adecuación ambiental destinado a estudios hidrogeológicos y de suelos, un sistema de tratamiento de efluentes industriales, mallas de contención de bagazo y un lavador de gases, entre otras obras. Por otro lado, también se realizará una inversión adicional para la transición hacia la cosecha mecanizada en verde, adecuación de campos y en maquinaria especializada, adecuación de fábrica, ajuste varietal y aprovechamiento de broza.

Una transición planificada de 25 años hacia la cosecha en verde

La cosecha en verde —que reemplaza gradualmente la quema previa a la cosecha por un sistema mecanizado— se implementará en 3 etapas que comprenden: el ajuste del programa varietal, la incorporación de campos bajo condiciones restringidas (próximos a centros poblados), que suman 2,196 hectáreas y la ampliación a campos no restringidos. En paralelo, la empresa incorporará cosechadoras, tractores y equipo de transporte especializado, además de adecuar su fábrica para el procesamiento de la caña cosechada en verde.

El PAMA también incluye un programa de monitoreo ambiental con 45 estaciones de medición que evaluará de forma semestral la calidad del aire, las emisiones de calderas, el ruido ambiental, los efluentes, el agua subterránea, el suelo, y la flora y fauna del área de influencia. Los resultados se reportarán al Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), permitiendo verificar el cumplimiento de los compromisos asumidos.

Para garantizar el cumplimiento del PAMA, la empresa asignará los presupuestos correspondientes y conformará un comité de seguimiento que sesionará mensualmente y designará responsables por cada medida ambiental.

Para lograr su aprobación del PAMA, la azucarera tuvo que realizar diversos estudios y cumplir una serie de requisitos de acuerdo a la normativa vigente. Asimismo, en cumplimiento del reglamento de Participación Ciudadana en la Gestión Ambiental de la Industria Manufacturera y Comercio Interno, desarrolló tres talleres informativos abiertos a la población, los cuales se realizaron de manera descentralizada en Pomalca, Saltur y Pacherrez; además de una audiencia pública en Pomalca.

Con esta aprobación, Azucarera Pomalca se posiciona como un referente de gestión ambiental dentro del sector azucarero, al ser la primera la única azucarera de Chiclayo en contar con el PAMA y la primera a nivel nacional, que ha elaborado su instrumento de gestión ambiental cumpliendo la normativa legal ambiental actualizada, teniendo en cuenta la inversión, modernización productiva y una transición planificada hacia una agricultura más sostenible.

De esta forma Azucarera Pomalca reafirma su compromiso con Lambayeque y el país, avanzando hacia una agroindustria moderna, competitiva y ambientalmente responsable.

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LA CASA MUSEO JOS脡 ABELARDO QUI脩ONES: CUNA DEL H脡ROE DEL AIRE QUE MANTIENE VIVO SU INMORTAL LEGADO

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1462

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  • Conserva la historia familiar del Gran General del Aire del Perú.

En el distrito de Pimentel se encuentra la Casa Museo José Abelardo Quiñones Gonzales. Inaugurada formalmente con esta denominación en el año 1996, la casona representa un testimonio vivo de la arquitectura vernácula del norte peruano, al haber sido edificada con materiales tradicionales como la caña, el conchuelo (una sólida mezcla regional compuesta por piedra, cemento y arena), el yeso y resistentes vigas de algarrobo que han soportado el paso de las décadas. Entre sus muros impregnados de memoria transcurrieron los años formativos de una de las figuras más veneradas de la historia militar de la patria: el héroe de la Aviación Nacional, José Abelardo Quiñones Gonzales.

La trascendencia histórica de esta edificación se halla indisolublemente ligada al gesto supremo de sacrificio que inmortalizó a Quiñones en las páginas de la historia continental. El 23 de julio de 1941, en medio de las operaciones del conflicto armado contra el Ecuador, el joven piloto entregó su vida por la nación al dirigir decididamente su avión envuelto en llamas e impactar directamente contra las posiciones de las fuerzas enemigas.

Su inquebrantable sentido del deber lo convirtió en un símbolo imperecedero de valor. Aunque sus restos mortales descansan solemnemente en el mausoleo erigido en la Base Aérea Las Palmas, en Lima, su reconocimiento oficial quedó refrendado el 10 de mayo de 1966 cuando, mediante una Ley expedida por el Congreso de la República, el Capitán FAP José A. Quiñones fue promulgado héroe nacional. Dicha norma legal instituyó, además, el 23 de julio de cada año como el Día de la Aviación Militar en todo el territorio peruano.

El inmueble

Desde la promulgación de su heroicidad y la posterior apertura del inmueble como espacio de exhibición pública, diversas instituciones y gestores culturales han emprendido constantes y meticulosos esfuerzos para proteger, restaurar y catalogar cada una de las pertenencias personales que pertenecieron al aviador y a su entorno familiar.

Hoy en día, ingresar a este recinto es realizar un viaje íntimo en el tiempo. El circuito turístico y pedagógico permite a los visitantes recorrer un total de cinco ambientes cuidadosamente preservados, donde se custodia una valiosa colección fotográfica que retrata la cronología vital del personaje. A través de estas imágenes es posible contemplar la infancia del héroe desde muy pequeño, sus retratos afectivos junto a sus padres, sus años de formación en las aulas escolares, sus vivencias cotidianas con los amigos del barrio y su posterior paso por las aulas e instalaciones de la base aérea.

La propuesta museográfica se complementa con pinturas y cuadros al óleo que retratan su estampa militar, así como una foto gigante que captura una de las hazañas más célebres de su carrera aeronáutica: el día de su graduación como oficial, cuando sorprendió a los presentes ejecutando un audaz e impecable pasaje rasante con la aeronave completamente invertida. Esta legendaria maniobra de vuelo caló tan profundo en el imaginario colectivo nacional que su imagen fue elegida para ilustrar el diseño oficial de los billetes de diez soles (S/10.00) que circulan en el país.

A la riqueza fotográfica se suma el enorme valor decorativo e histórico del mobiliario original expuesto en las habitaciones. La casa conserva piezas únicas como la cama de bronce en la que descansaba el joven aviador, su tocador provisto de lavatorio, imponentes arañas de iluminación fabricadas en bronce, delicadas piezas de la vajilla familiar, el juego de comedor completo y elegantes sillones de la época enriquecidos con acabados en mármol. Cada mueble permite comprender el estilo de vida, la sobriedad y la elegancia de las familias tradicionales de la región durante la primera mitad del siglo XX.

En el sector posterior del inmueble, los visitantes son recibidos por un apacible patio al aire libre adornado con un pequeño y cuidado jardín. En este espacio se erige un pedestal que sostiene la estatua del héroe, flanqueado por numerosas placas de homenaje develadas por diversas instituciones civiles, militares y educativas que acuden a rendirle tributo. Para aquellos ciudadanos y estudiosos apasionados por la lectura y la investigación histórica, el recinto alberga además una pequeña biblioteca dotada de documentos, libros y fuentes bibliográficas destinadas a profundizar en la vida, contexto y legado de la aviación peruana.

Con servicios higiénicos acondicionados y una atención orientada a la difusión de los valores patrios, la Casa Museo José Abelardo Quiñones Gonzales se consolida como una parada obligatoria en la ruta cultural de Lambayeque, donde el recuerdo de su sacrificio sigue inspirando a las presentes y futuras generaciones.

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BOSQUE DE P脫MAC: EL BOSQUE DE ALGARROBOS M脕S GRANDE DEL MUNDO

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1462

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  • Es una de las cuatro áreas protegidas en el Perú categorizadas como santuarios históricos.
  • Aquí se concentra la mayor población continua y agrupada de algarrobos del planeta.

Categorizada inicialmente como Zona Reservada Batán Grande, desde el 1 de junio del 2001 el Bosque de Pómac cuenta con la categoría de santuario histórico, debido a la labor de conservación paisajística-cultural de esta zona, catalogada como la más representativa de la ecorregión de bosque seco ecuatorial en su formación vegetal típica de algarrobo.

Cuenta con una extensión de 5887.38 hectáreas de un ecosistema de bosque seco de llanura, donde se calcula que existen cerca de dos millones de algarrobos. Pero, además, Pómac no es solo un refugio natural, sino un complejo arqueológico de primer nivel, pues dentro del santuario se ubica el Complejo Arqueológico de Batán Grande, compuesto por 36 pirámides o huacas de adobe entre las que destacan huaca del Oro, huaca Las Ventanas, huaca La Merced, huaca Rodillona, entre otras.

Biodiversidad

En el Bosque de Pómac habitan mamíferos menores adaptados a la escasez de agua de la franja costera. El zorro sechurano se posiciona como el principal depredador terrestre de la zona, cumpliendo un rol ecológico clave al controlar las poblaciones de roedores y actuar como dispersor de semillas de algarrobo. Asimismo, en las zonas más densas y alejadas del tránsito vehicular habitan el gato montés, el oso hormiguero amazónico o tamandúa y el venado de cola blanca.

Asimismo, habitan reptiles como la iguana o pacaso y serpientes como la boa macanche, especie que regula la fauna menor dentro de la cuenca del río La Leche. Estos animales se han adaptado a la masa de algarrobos y dependen de la preservación del hábitat vegetal como garantía para su supervivencia.

Pómac también representa uno de los santuarios ornitológicos más relevantes del Perú, ya que alberga a casi un centenar de especies de aves, muchas de ellas de rango restringido. La especie insignia del área es la cortarrama peruana, un ave en peligro de extinción que depende directamente de los brotes tiernos del algarrobo y el zapote para su subsistencia.

En cuanto a la flora, además del algarrobo se encuentran otras especies vegetales adaptadas a soportar largos períodos de sequía como el zapote, el faique, el vichayo y el palo verde.

Árbol milenario

Uno de los atractivos turísticos más visitados en el Bosque de Pómac es el ‘Árbol Milenario’, un longevo ejemplar de algarrobo que según evaluaciones forestales tiene más de 500 años, datando su origen a finales del siglo XV.

Con un tronco de formas retorcidas que supera los cuatro metros de perímetro y ramas colosales que se extienden horizontalmente hasta apoyarse en el suelo, este árbol ha sobrevivido a intensos fenómenos El Niño, megasequías y al avance de la tala en la región.

Para los pobladores locales, este árbol es considerado un punto de conexión con la historia ancestral Sicán, atribuyéndosele propiedades místicas, leyendas sobre la fortuna y una fuerte carga energética. A sus pies se realizan tradicionales pagos a la tierra y peticiones, convirtiéndose en una parada ritual y obligatoria donde los visitantes acostumbran dejar ofrendas o tocar sus ramas históricas.

Actividades

La visita al Bosque de Pómac cuenta con seis paradas imperdibles para los turistas. La primera es el centro de interpretación, que es el punto de partida obligatorio, donde se explica la historia, la ecología del bosque seco y las normas de conservación. Luego sigue el ‘árbol milenario’ que se ha descrito, donde los visitantes suelen tomarse fotos y recargar energías.

Más adelante se encuentra el Mirador Las Salinas, donde los visitantes tienen una vista panorámica de la extensión verde del bosque y las pirámides que emergen entre los árboles. De allí se puede ir hacia las huacas, Las Ventanas y El Oro, donde se realizaron las principales excavaciones de la cultura Sicán.

Pero el paseo a Bosque de Pómac no culmina allí, pues también se ofrecen alquileres de caballos y bicicletas con guías locales comunitarios para recorrer los senderos del bosque; mientras que en los accesos como Poma III hay stands de artesanía en telar de cintura, miel de abeja y gastronomía local.

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