Sube!

Paula y Julia: Tejedoras de toda una vida

Escribe: Pedro Alva Mariñas*
Edición N° 1462

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Manos que cuentan historias,

de abuelas que, al amanecer,

tejen la vida en la urdimbre,

como el sol teje el amanecer.

 

No es solo tela lo que nace,

es memoria, es identidad,

un legado que se enlaza

con la fuerza de la tierra.

MARÍA CORNEJO SENMACHE Y JULIA GONZÁLES TORRES. Han sido, junto con otras damas, las mayores exponentes del telar de cintura que es tan tradicional en el norte del país. Las dos dejan el tejido como herencia familiar ya que sus hijas siguen esta práctica y se esmeran por llegar a la excelencia de sus madres. Ambas fallecieron a edad avanzada, pero con la lucidez y las ganas de seguir trabajando en lo que ha sido su pasión de toda la vida. Ambas tejedoras, heredaron la tradición de sus familiares y se han mantenido activas porque era un “negocito” que les generaba ingresos para mantenerse y ayudar en la mantención de sus familias. Una de ellas, María Cornejo incursionó hacia la artesanía más comercial, se posicionó bien en el espacio de artesanía de la avenida Venezuela, abrió un negocio para lo que producía y también para los artículos que tenían demanda. Julia se había procurado un lugarcito en el mercado de Monsefú en donde ofrecía sus tejidos y también sus platillos de poda.

María Cornejo fue la protagonista, la tejedora que aceptó y cumplió con el reto de confeccionar “El paño más grande del mundo” y sobre lo cual escribimos un artículo que fue publicado en el Dominical de La Industria varios años después de la apoteósica exhibición del tejido. Años después, sus hijas Chavesta – Cornejo protagonizarían otro suceso al tejer “la alforja más grande del mundo” y que centrara la atención de los visitantes a la Feria del Fexticum.

Julia Gonzáles, por el contrario, prefirió seguir el camino de lo cotidiano, trabajando, calladamente, persistentemente y acelerando las labores cuando habían pedidos especiales de prendas para obsequiarlos y lucirlos en bautizos, eventos importantes, matrimonios. Sin embargo, varios de los paños que le he comprado a través del tiempo han terminado en manos de personas que aprecian este tipo de trabajos y hasta en manos de una candidata a la presidencia de la República que fue obsequiada con un paño pequeño, de esos que elaboraba Julia con tanto esmero. Recuerdo haberle contado la anécdota de su paño, pero como que no le dio tanta importancia … así era ella.

Ambas tejedoras recibieron varios reconocimientos oficiales otorgados generalmente por la por la Municipalidad de Monsefú o por las comisiones organizadoras del Fexticum. También han aparecido en los medios de comunicación, aunque muchas veces sin ser nombradas, según nos contaban. Es natural que María Cornejo fuera la que más apariciones en los medios ha tenido. Ambas también guardaron algunas experiencias de mal trato que recibieron de algunas autoridades que no valoraron su trabajo o no tuvieron puntualidad en las retribuciones por sus servicios. Por encima de estas circunstancias ellas siempre estuvieron conscientes del reconocimiento general que gozaron de su gente y de sus autoridades.

Tuve la suerte de conocerlas ya en el tiempo avanzado de sus vidas, a María Cornejo la acompañé a su última morada y me contuve de expresar un saludo final por el temor de no contener mis emociones pues había, como puede notarse, mucho que expresar cuando una mujer de su valía se va para siempre. A Julia tuve que buscarla y rebuscarla porque ya no aparecía en su lugar de ventas en el mercado, llegué a su casa y permitió la toma de algunas fotografías y también tenía ya elaborados los seis paños que solía comprarle para obsequiarlos y usarlos a lo largo del año. Uno de esos paños está en Europa, otro en Lima, dos en otros lugares y he reservado dos paños para mí y los he declarado patrimonio personal intransferible porque ya Julia no podrá confeccionar otros tejidos porque partió en un viaje sin retorno.

Con el fallecimiento de Paula Cornejo y de Julia Gonzáles se suponía que la tradición familiar de tejedoras se truncaba, pero felizmente sus respectivas hijas tomaron la decisión de continuar con la tradición familiar. Las hijas Chavesta – Cornejo siguen siendo destacadas artesanas que confeccionaron la “Alforja más grande del mundo”. Por el lado de Julia, sus hijas Mechán - Gonzáles siguen la tradición y tengo un hermoso paño tejido por Orlinda, una de sus hijas.  Con ello se confirma que el arte de tejer es una tradición familiar que continuará tejiendo tradiciones, identidades y esperanzas por muchos años más.

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*Instituto de Desarrollo Regional – INDER

Celular: 951679597.

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