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LA DANZA DE LOS DIABLICOS DE TÚCUME: La leyenda y la eterna lucha entre el bien y el mal

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1462

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  • Danza forma parte de la fiesta en honor a la Purísima Concepción.

En el distrito de Túcume, ubicado en la provincia de Lambayeque, se celebra una de las manifestaciones folclóricas y religiosas más impactantes de la costa norte peruana: la Danza de los Diablicos. Esta tradición, practicada en el marco de la festividad de la Virgen Purísima Concepción entre los meses de enero y febrero —con sus días centrales del 3 al 5 y el 10 de febrero—, constituye un ritual mágico-religioso que escenifica la constante lucha entre las fuerzas del mal y del bien.

El origen de esta danza se sustenta en la mística leyenda del "Carretón", un mito ideado históricamente por los colonizadores españoles con el propósito de infundir temor, acelerar la conversión de la población indígena al catolicismo y acrecentar la fe en Dios y la Virgen. Según cuenta la memoria oral, los españoles diseñaron una carreta gigante tirada por cuatro caballos en la que transportaban a supuestos demonios con cuernos, trenzas, capas de espejillos, cascabeles y máscaras que emitían ruidos escalofriantes.

Desde 1620 y por varios años, el "Carretón" emergía sorpresivamente desde el misterioso cerro Purgatorio para dar vueltas ensordecedoras por la aldea antes de perderse nuevamente en las entrañas de la montaña, dejando una marca indeleble en la mente de los antiguos pobladores. Para contextualizar este pasaje, el sociólogo Hermes Aldana señala que la llegada de los diablicos se consolidó como parte de un ritual asumido e integrado activamente por la población indígena local.

La estructura de la representación

Dentro de la estructura interpretativa de la danza, destaca una cuadrilla de personajes encabezada por el "Diablo Mayor", conocido también como Lucifer o Luzbel, quien actúa como la figura central del grupo. Junto a él danzan los "diablos elegantes", encargados de mantener el orden de la formación y evitar el acercamiento de los espectadores. En el extremo opuesto se sitúa el Ángel, un personaje vestido de blanco que empuña una espada y se ubica frente al anda de la Virgen como símbolo indiscutible de la pureza, el bien y la protección divina.

A nivel estético, la vestimenta de los diablicos ha atravesado considerables transformaciones con el paso del tiempo. Antiguamente, los danzantes lucían máscaras de hojalata con figuras de perros, chanchos o toros con largas cabelleras. Sin embargo, a raíz de las devastadoras lluvias provocadas por el fenómeno del Niño en 1983 —las cuales derrumbaron muchas viviendas de adobe y aplastaron las indumentarias originales—, los propios bailarines comenzaron a confeccionar sus máscaras utilizando cartón pintado de vivos colores, adornadas con espejos y cuernos de chivo o toro para aportar realismo. Asimismo, el vestuario moderno incorporó el uso de capas y sustituyó los viejos látigos por espadas, dejando de lado el uso de plumas de pavo real.

Uno de los momentos cumbres de la festividad radica en la representación teatral de los "Siete vicios", un pasaje dramatizado donde el grupo de diablicos busca armar la figura de un chivo negro pieza por pieza frente al Ángel. Mientras danzan, cada diablico se aproxima para recitar sus "relaciones" o versos referidos a un vicio que pretende imponer al mundo, colocando la pieza correspondiente hasta culminar con la cabeza del animal. Lograda la figura, el Diablo Mayor sostiene un duelo a espadas con el Ángel, quien resulta vencedor en la batalla. Para consagrar el triunfo del bien, el Ángel reemplaza la cabeza negra del chivo por una blanca, transformando la efigie demoníaca en la de una oveja o cordero, máximo símbolo de salvación y fe cristiana. De este modo, las calles principales de Túcume continúan vibrando cada año al ritmo de cascabeles y máscaras, reeditando una tradición donde la fe comunitaria triunfa sobre las sombras del pasado.

La danza de los Diablicos de Túcume fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación el 29 de mayo de 2013, mediante la Resolución Viceministerial n.° 034-2013-VMPCIC-MC.

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