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EN EL CORAZÓN DE ZAÑA: El convento de San Agustín

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1462

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  • Este monumento histórico es una de las pocas arquitecturas con influencias del gótico tardío en la costa peruana.
  • De los siete conjuntos religiosos que se levantaron en la época colonial en Zaña, el convento San Agustín es el mejor conservado.

A solo una cuadra de la plaza mayor de Zaña se encuentra el Convento de San Agustín, un complejo arquitectónico cuya construcción inició en 1584 y que durante más de un siglo fue el corazón de la intelectualidad y religiosidad local. Su edificación tan bien conservada permite observar los majestuosos arcos góticos y muros barrocos que lo convierten en uno de los testimonios arquitectónicos más impresionantes del Perú colonial.

A pesar de su importancia, uno de los retos del Convento de San Agustín, llamado también como Convento de Zaña, es mejorar su afluencia de visitantes, pues reportes de la Gerencia Regional de Comercio Exterior y Turismo señalan solo un promedio de 5000 visitantes al año. Es el mes de noviembre, durante el aniversario de Zaña, donde llega la mayor cantidad de turistas, así como también en Semana Santa, donde el interés del turismo religioso se centra en los restos de las iglesias coloniales que hay en Zaña.

Construcción y apogeo  

Los documentos de la época refieren que la construcción del convento inició en 1584 por el religioso fray Alonso García y se habría culminado a inicios del siglo XVII. Allí los frailes de la Orden de San Agustín se dedicaron a la meditación y contemplación, pero también evangelizaban a las comunidades indígenas de la zona, particularmente a la numerosa población africana que había sido traída para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar.

Los frailes se dedicaban al estudio de filosofía, teología, gramática y lenguas indígenas como el mochica para predicar directamente al pueblo de Zaña. En aquel entonces, el apogeo económico de la ciudad era tal que hacendados y comerciantes adinerados donaban sus recursos económicos al convento y tierras agrícolas que los frailes agustinos administraban para el financiamiento y sostenimiento del convento.

La dinámica en el convento era constante, pues contaba con áreas destinadas a acoger viajeros, autoridades coloniales y otros religiosos que venían de paso. Además, se cuenta que diariamente en la portería del convento se distribuía comida y auxilio para los pobres y enfermos de la villa.

Arquitectura gótica

El convento estaba conformado por dos claustros y un templo ubicado en la esquina noreste, según el plano de la ciudad publicado por el obispo Martínez de Compañón en 1780. El sostén de la nave central dependía de un sistema de nervaduras de ladrillo que convergían en los pilares, una técnica de ingeniería muy avanzada para la época en una zona de alta sísmica.

Esta bóveda de crucería en ladrillo, propia del gótico tardío, es una de las rarísimas muestras de este tipo de arquitectura en la costa peruana. El templo fue diseñado bajo el esquema de nave única con capillas laterales, un formato muy promovido por la Contrarreforma para concentrar la atención de los fieles en el altar mayor. La nave contaba con ventanales superiores arqueados diseñados para bañar de luz natural el altar y la cúpula del crucero.

Destrucción y conservación

Lamentablemente, todo este ritmo de vida se vio abruptamente interrumpido por dos sucesos. El primero ocurrió en 1686, cuando el pirata inglés Edward Davis invadió Zaña y saqueó el templo y el convento, llevándose cuantiosas riquezas en oro, plata y finas telas ceremoniales. A pesar de eso, los frailes se mantuvieron en el templo, pero el 15 de marzo de 1720 un devastador Fenómeno El Niño provocó el desborde del río Zaña e inundó la ciudad, incluyendo el convento.

Tras la inundación, los religiosos agustinos intentaron limpiar las instalaciones del barro y las piedras que dejó la inundación y se tiene registro que hasta 1728 aún quedaban algunos religiosos en la práctica del oficio divino hasta que terminaron de abandonar por completo las instalaciones debido a la decadencia en la que cayó el pueblo.

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