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MONSEFÚ: Fe, maestría artesanal y profundas tradiciones de un pueblo con alma mochica

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1462

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  • Es el pueblo más festivo del departamento y capital de la cumbia peruana, por excelencia.

Ubicado en el corazón de la fértil campiña de Chiclayo, Monsefú se erige como una de las villas más emblemáticas del norte peruano, donde el fervor religioso, la identidad ancestral y la destreza manual se entrelazan de forma cotidiana. Conocida por sus arraigadas costumbres y la riqueza de sus manifestaciones culturales, esta comunidad ha logrado preservar con orgullo el legado de la civilización Mochica, proyectándolo hacia el presente a través de la calidez de su gente, sus sabores tradicionales y, de manera muy especial, la veneración a su santo patrono: el Jesús Nazareno Cautivo.

La devoción por esta efigie sagrada halla su origen en una prodigiosa leyenda que comenzó el 14 de septiembre de 1547. Aquel día, según relatan los historiadores y la memoria oral, una embarcación procedente de España arribó a la franja costera compartida por las playas de Santa Rosa y Pimentel. Entre el cargamento de la nave fue hallado un cajón de madera que custodiaba la hermosa estatua del Nazareno. Curiosamente, cuando los pobladores del lugar intentaron mover la pesada caja, esta se volvió inamovible, resultando imposible trasladarla a pesar del esfuerzo humano.

La noticia del singular hallazgo se propagó rápidamente por toda la comarca. Fue entonces cuando un grupo de pescadores monsefuanos acudió al litoral y, para asombro de los presentes, logró alzar la caja sin complicación alguna y transportarla con extrema facilidad hacia su pueblo. En Monsefú le erigieron una modesta capilla para su veneración. Sin embargo, la tradición cuenta que la imagen desaparecía misteriosamente de su altar ante la escasez de fieles que acudían a rezarle. Tras intensas búsquedas, los lugareños la hallaban invariablemente en los alrededores del poblado. Para evitar que volviera a marcharse, los fervientes creyentes decidieron atar la escultura y colocarle finas cadenas en las manos, gesto devocional que dio origen a su célebre apelativo de Señor Cautivo.

A 479 años de aquel milagroso arribo, la sagrada imagen del Jesús Nazareno Cautivo descansa en su morada principal: la parroquia San Pedro de Monsefú. Allí se exhibe ataviada con imponentes túnicas bordadas en finos hilos dorados, convirtiéndose en el epicentro de multitudinarias peregrinaciones de creyentes que acuden desde diversos rincones del país a rendirle pleitesía y agradecer los favores concedidos.

Pueblo de arte

A la par de su profunda religiosidad, Monsefú destaca como un pueblo organizado donde la creatividad del auténtico artesano se manifiesta en su máxima expresión. Para cautelar que esta herencia cultural moche no pierda su esencia, en 1989 se impulsó la creación de un espacio emblemático: el Parque Artesanal de Monsefú, situado en la avenida Venezuela, entre las calles Diego Ferré y Manuel María Ízaga. Esta iniciativa comenzó con 35 integrantes bajo el liderazgo de su primera presidenta, la señora Lucrecia Chafloque Custodio.

Actualmente, el recinto es administrado por la Asociación de Artesanos de Productores del Parque Artesanal de Monsefú (ADAPPAM), institución que reúne a 33 stands registrados y vela por el orden y la tranquilidad de sus miembros. En este vibrante paseo comercial, artesanos locales exhiben y venden productos hechos a mano a través de técnicas ancestrales transmitidas de generación en generación. Los visitantes pueden observar en vivo el delicado proceso de confección: las bordadoras plasmando motivos en servilletas y túnicas; las tejedoras elaborando tradicionales alforjas con hilo pardo; y los maestros cesteros dando forma a canastas, petates, alfombras, muebles y petatones confeccionados en carrizo.

La oferta artesanal incluye vistosos paños, vestimentas para el baile de la marinera, sombreros de paja, adornos en madera tallada y finas piezas de alfarería. Estos trabajos encandilan por sus vivos colores y por reflejar con maestría la historia, fauna, flora y costumbres de la costa norte. Asimismo, el paseo artesanal se complementa con la gastronomía tradicional. Un puesto especializado ofrece una irresistible variedad de dulces locales como manjar blanco, dulce de membrillo, higos rellenos, alfajores, cocadas, natillas y ajonjolíes; mientras que al caer la tarde, tanto turistas como residentes se deleitan con los famosos picarones o buñuelos monsefuanos recién fritos.

Por su incomparable valor cultural, el Parque Artesanal se ha consolidado como un punto imperdible dentro de las rutas turísticas del departamento de Lambayeque, donde los viajeros nacionales e internacionales encuentran el recuerdo perfecto que sintetiza la fe, el arte y el espíritu inquebrantable de Monsefú.

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