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LAQUIPAMPA: El santuario natural que protege a la pava aliblanca y los secretos del bosque seco

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1462

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  • Es el primer refugio de vida silvestre que se declaró en el Perú.

En el punto de encuentro donde convergen la cálida costa norte y las estribaciones andinas de la provincia de Ferreñafe, dentro del distrito de Incahuasi, emerge una joya de la conservación del Perú: el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa. Su nombre proviene de la voz quechua que significa «Pampa de los llantos», un espacio natural que destaca por resguardar un ecosistema privilegiado y por ser el escenario de rescate de especies emblemáticas que se creían extintas en el territorio nacional.

La historia de esta área natural protegida se remonta al 5 de octubre de 1982, cuando fue establecida oficialmente mediante la Resolución Ministerial n.° 00692-82-AG/DGFF como la Zona Reservada de Laquipampa, abarcando inicialmente una extensión de 11 346.90 hectáreas. Tras más de dos décadas de valiosos esfuerzos de conservación, el 7 de julio de 2006 se emitió el Decreto Supremo n.° 045-2006-AG, otorgándole un estatus histórico al ser declarada como el Primer Refugio de Vida Silvestre del Perú, con una superficie delimitada de 8 328.64 hectáreas. Los objetivos centrales de esta categorización fueron proteger una muestra representativa del bosque seco, asegurar el hábitat de fauna amenazada como la pava aliblanca, el oso de anteojos y el cóndor andino, e impulsar la investigación científica sobre el manejo, reproducción en cautiverio y repoblamiento de especies locales.

Uno de los mayores tesoros que alberga el refugio es la población de 22 ejemplares de pava aliblanca (Penelope albipennis), una especie de ave endémica del bosque seco peruano que se encuentra críticamente en peligro de extinción. La trayectoria de esta ave es singular: fue descrita por la ciencia en 1877 y, al no registrarse nuevos avistamientos durante un siglo completo, la comunidad internacional la dio por extinta. Sin embargo, en 1977 fue redescubierta en Lambayeque por el conservacionista Gustavo del Solar, devolviendo la esperanza a la ornitología mundial. Hoy en día, la supervivencia de esta ave en Laquipampa se logra gracias al esfuerzo activo de la propia población local asentada en la zona de amortiguamiento.

Para científicos y naturalistas, Laquipampa representa un destino extraordinario para el avistamiento de aves y el estudio de la biodiversidad. El refugio conserva de forma inalterada una gradiente de sucesión vegetal que transita desde el bosque seco hasta el bosque húmedo, extendiéndose desde el valle del río La Leche a los 200 metros sobre el nivel del mar hasta alcanzar los 2 500 m s. n. m. Esta continuidad ecológica resulta sumamente difícil de encontrar en otras regiones del país, especialmente en la franja norte.

Paraíso terrenal

La riqueza biológica del área protegida abarca una imponente diversidad de avifauna. Además de la pava aliblanca, el refugio es morada de la paloma ventriocrácea (Leptotila ochraceiventris), el pitajo de Piura (Ochthoeca piurae), el rascahojas capuchirrufo (Hylocryptus erythrocephalus), la pava parda (Penelope barbata), el limpia-follaje cuellirrufo (Syndactyla ruficollis), el mosquerito pechigris (Lathrotriccus griseipectus), el semillero azul (Amaurospiza concolor) y el emblemático cóndor andino (Vultur gryphus). En la lista de mamíferos destacan el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), el venado de cola blanca (Odocoileus virginianus), el oso hormiguero (Tamandua tetradactyla) y la ardilla nuca blanca (Sciurus stramineus), sumándose además un registro de 17 especies de reptiles y dos de anfibios. 

Llegar a este refugio natural implica una travesía de tres horas desde Chiclayo. El recorrido se realiza por la vía asfaltada que pasa por Ferreñafe y Pítipo, bordeando el Santuario Histórico Bosque de Pómac —cuna de la cultura Sicán y extenso algarrobal— hasta llegar a Batán Grande. Desde allí, se toma el camino afirmado a la izquierda que atraviesa los pintorescos poblados del valle del río La Leche hasta arribar a la comunidad campesina de San Antonio de Laquipampa, sede del centro de interpretación.

El lugar goza de un clima sumamente saludable con temperaturas que oscilan entre los 18 °C y los 28 °C. La temporada más cálida discurre entre diciembre y mayo, alcanzando sus picos en febrero y marzo, mientras que las temperaturas más bajas se registran en julio y agosto. Las precipitaciones se concentran principalmente entre los meses de marzo y abril.

Las actividades de turismo de naturaleza y recreación son variadas. Destaca el circuito de observación de la pava aliblanca en la localidad de Lajas (a 800 m s. n. m.) y la ruta por la quebrada Shambo para avistar a la pava parda. Asimismo, a 20 minutos del centro de interpretación se ubican las cascadas de Lajas, un atractivo conjunto de cuatro caídas de agua cristalina ideal para caminatas. Los pobladores de la zona de amortiguamiento complementan la experiencia ofreciendo servicios alimentarios, hospedaje y guiado turístico. Por si fuera poco, el refugio resguarda un patrimonio arqueológico ancestral, evidenciado en la huaca «El Zapote» en Puchaca —donde se hallaron restos humanos, ceramios y chaquiras— y en la cueva «Pozo» en San Antonio de Laquipampa, reafirmando que este territorio es un espacio donde la historia prehispánica y la riqueza natural conviven en perfecta armonía.

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