En la extensa llanura arenosa costera, situada a solo 8 kilómetros al oeste de la ciudad de Lambayeque y a 4.5 de la línea de playa de San José, se yergue el complejo arqueológico Chotuna-Chornancap. Se trata de uno de los principales monumentos de la región que conserva gran parte de su majestuosa monumentalidad casi intacta, habiendo resistido con hidalguía el incesante paso de los siglos y las incursiones de depredadores. El recinto abarca una vasta superficie compuesta por 95 hectáreas destinadas al sector de Chotuna y 17 hectáreas correspondientes al área de Chornancap. Todo este territorio se encuentra moldeado por médanos estables de arena eólica que, en diversos sectores, cubren parcialmente importantes estructuras arquitectónicas.
Los reconocimientos de campo y las prospecciones realizadas en la zona permiten constatar una intensa actividad humana en el pasado. La presencia de áreas destinadas a cementerios y sectores residenciales queda al descubierto mediante la dispersión en superficie de fragmentería cerámica, restos de osamentas humanas y claras evidencias de ocupación doméstica.
La zona monumental alberga impresionantes volúmenes arquitectónicos entre los que destacan la Huaca Chotuna, la Huaca de los Frisos, la Huaca Susy —bautizada así en emotivo homenaje a la arqueóloga Susana Meneses—, la Huaca de los Sacrificios, la Huaca de la Ola Antropomorfa y la Huaca Chornancap. Asimismo, las prospecciones arqueológicas ejecutadas entre los años 2007 y 2008 lograron documentar más de cien montículos adicionales al este de Chotuna. Estos hallazgos confirmaron una secuencia ocupacional ininterrumpida y prolongada que abarca desde la época Virú o Gallinazo, pasando por el Moche Medio, Moche Tardío, Lambayeque, Chimú e Inca, hasta llegar al periodo Colonial.
Actualmente, el entorno paisajístico del complejo está definido por amplios campos agrícolas dedicados al cultivo de arroz y algodón, entre los cuales asoman pequeños montículos arqueológicos y algunas viviendas modernas dispuestas en los límites de la zona intangible, especialmente en los flancos sur y este. Además del paisaje agrícola, la cercanía con el litoral marino impone una presión climática e influencia ambiental única sobre todo el monumento. Reconociendo su valor histórico inapreciable para la identidad del país, el Estado peruano lo declaró oficialmente Patrimonio Cultural de la Nación mediante la Resolución Directoral N° 1156, emitida el 6 de diciembre del año 2002.
Las huacas
El núcleo principal del conjunto lo define la imponente Huaca Chotuna, una colosal estructura de adobe con forma tronco-piramidal que alcanza aproximadamente los cuarenta metros de altura. Sus muros presentan lados inclinados hacia el frente oeste, punto donde se inicia el recorrido de una monumental rampa circunferencial. Esta vía de acceso asciende rodeando los lados oeste, norte y este de la pirámide hasta culminar en la plataforma superior. Hacia el oeste, muy cerca de esta rampa, yacen los restos de un gran recinto rectangular cuyas evidencias sugieren que estuvo destinado a labores artesanales y de especialización a manera de talleres. En tanto, hacia la sección sudeste del monumento se extienden enormes espacios amurallados de planta rectangular construidos con adobes de regular tamaño. Si bien se presentan como amplios corralones, las hipótesis científicas plantean que se habría tratado de escenarios de uso ritual y administrativo concebidos para albergar masivas concentraciones humanas.
A tan solo un kilómetro y medio al oeste de Chotuna se erige el sector de Chornancap, dominado por una pirámide trunca de veinticinco metros de altura que se despliega en una planta rectangular. Esta edificación presenta una rampa de acceso directo orientada hacia el este y se encuentra flanqueada por áreas menores que hoy yacen sepultadas bajo los médanos. Precisamente en este sector, las exploraciones desarrolladas en el año 1982 sacaron a la luz una impresionante plaza decorada con murales policromos. Ambas moles piramidales reflejan en su diseño arquitectónico y en el uso masivo del adobe las formas clásicas de la edificación monumental representativa de la cultura Lambayeque, desarrollada entre los siglos VIII y XIII d. C.
El descubrimiento de mayor trascendencia científica en este complejo ocurrió al confirmarse científicamente el sexo femenino del personaje central hallado en la tumba de Chornancap. Este hito colocó a la investigación arqueológica en una posición interpretativa extraordinaria e impensable para la época, al permitir documentar por primera vez a una de las principales mujeres de la élite gobernante de la cultura Lambayeque. La suntuosidad y calidad de los bienes de prestigio que la acompañaban en su lecho funerario revelaron de forma contundente que esta dignataria desempeñó las más altas funciones de soberana política y máxima sacerdotisa de su tiempo, transformando para siempre la visión sobre las estructuras de poder en el Perú antiguo.
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