En el centro histórico de Chiclayo se ubica la imponente Iglesia de Santa María Catedral, joya de la arquitectura religiosa que no solo engalana el paisaje urbano de la ciudad, sino que atesora una peripecia histórica llena de promesas políticas, desafíos técnicos y más de medio siglo de paralización antes de ver culminada su estructura.
La chispa que dio origen a este templo nació de un compromiso militar y político. Tras la feroz jornada del 7 de enero de 1868, en la que el coronel José Balta salió victorioso en Chiclayo contra las tropas del general Mariano Ignacio Prado, el pueblo chiclayano aclamó al caudillo. Una vez asumida la presidencia de la república, Balta buscó cumplir su promesa de erigir una obra de gran envergadura para la ciudad. Atendiendo al clamor popular que demandaba un gran templo católico, el 30 de diciembre de 1868 firmó el decreto para la creación de una comisión encargada de los planos y el presupuesto, nombrando a los ingenieros Mario Alleón y Guillermo Townsend.
Poco después, a mediados de 1869, el presidente encomendó al ingeniero Felipe Arancibia concebir un templo “grande y suntuoso”. El diseño original concebido por Arancibia planteaba una iglesia de planta basilical de cruz latina con tres naves: una nave central de 15 metros de ancho y dos laterales de 6.50 metros cada una. El coro alto se extendería sobre el pórtico y la fachada estaría enmarcada por dos imponentes torres.
Conforme explica la arquitecta Velia Beltrán Centurión, en 1869 se colocó la primera piedra en una solemne ceremonia apadrinada por el hijo del presidente Balta y oficiada por el sacerdote Manuel Vargas Machuca. La cimentación, realizada sobre piedra azul con umbraladura de algarrobo, cal, arena y yeso, tomó 40 días. Sin embargo, el entusiasmo inicial chocó rápidamente con la realidad económica. Tras dieciocho meses de trabajos en los que se levantó el templo hasta el segundo cuerpo de las torres, las obras se paralizaron por falta de financiamiento. Las paredes quedaron inconclusas, faltaban los pisos, el revestimiento y la gran bóveda.
Durante más de cincuenta años, el gigantesco armazón de mampostería quedó en el olvido, expuesto al deterioro por el paso del tiempo y las filtraciones de humedad. La «Iglesia Nueva», como se le conocía, pasó a ser un espacio desolado utilizado como cancha para juegos de pelota, lugar para carruseles, peleas de gallos y hasta plaza de toros. A inicios del siglo XX, la frustración era tal que surgieron voces que proponían demoler la estructura inconclusa para ampliar el Parque Principal.
Reinicio y culminación
El rescate del templo llegó en febrero de 1928, bajo el gobierno del presidente Augusto B. Leguía y con el decidido respaldo de la ciudadanía. Tras más de medio siglo de abandono, se reanudó la construcción. La responsabilidad de los trabajos recayó primeramente en el ingeniero y arquitecto alemán Roberto Behr. Posteriormente, en 1935, el arquitecto y proyectista Víctor Mora Flores, natural de Paiján, asumió la tarea y tuvo a su cargo la ornamentación del altar mayor para el centenario de la ciudad.
Los maestros alarifes e ingenieros de la época emplearon técnicas tradicionales para la época, logrando una resistencia notable en las columnas mediante mortero compuesto por claras de huevo de aves, cal y yeso. Hacia fines de la década de 1939 la edificación propiamente dicha estaba concluida, aunque los detalles de acabados y correcciones estructurales se extendieron hasta la década de 1950.
El reconocimiento eclesiástico a esta majestuosa obra no tardó en llegar. El 17 de diciembre de 1956, el papa Pío XII desmembró la Arquidiócesis de Trujillo para erigir la Diócesis de Chiclayo. Con este nuevo estatus, el histórico templo pasó a llamarse oficialmente Catedral. Finalmente, el 7 de diciembre de 1959, la Catedral fue consagrada a los Sagrados Corazones de Jesús y María por el primer obispo de Chiclayo, monseñor Daniel Figueroa Villón, en compañía de monseñor Jerónimo Mondoñedo.
Hoy en día, la Catedral de Chiclayo ha cobrado un nuevo protagonismo al haber sido la sede episcopal del ahora papa León XIV.
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