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RESISTENCIA BACTERIANA: Una amenaza silenciosa que pone en riesgo la salud de todos

Escribe: Olinda del Pilar Bustamante Canelo
Edición N° 1463

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La resistencia bacteriana constituye uno de los mayores retos para la salud pública mundial, ya que para muchas personas si bien parecería un problema exclusivo de los hospitales, es en realidad, una amenaza que afecta a toda la población.

La Organización Mundial de la Salud la considera una de las diez principales amenazas para la humanidad, debido a que cada vez más bacterias dejan de responder a los antibióticos que durante décadas permitieron tratar eficazmente numerosas infecciones.

Resulta importante aclarar antes un concepto fundamental: las personas no se vuelven resistentes a los antibióticos; quienes desarrollan la resistencia son las bacterias. Sin embargo, nuestras acciones promueven que estas bacterias resistentes aparezcan, sobrevivan y se propaguen.

¿Cómo se desarrolla la resistencia bacteriana?

Cuando se administra un antibiótico, las bacterias sensibles mueren, mientras que aquellas que poseen mecanismos naturales de defensa, sobreviven y continúan multiplicándose. Además, las bacterias pueden intercambiar genes de resistencia entre ellas mediante diferentes mecanismos de transferencia genética, acelerando la aparición de cepas multirresistentes capaces de propagarse en hospitales y en la comunidad.

Aunque la resistencia es un fenómeno biológico natural, las actividades humanas han acelerado notablemente este proceso.

¿Qué acciones favorecen la resistencia bacteriana?

La automedicación, el uso de antibióticos sin prescripción médica, suspender el tratamiento antes del tiempo indicado, utilizar antibióticos para enfermedades virales como la gripe o el resfriado, y compartir medicamentos con familiares son prácticas que favorecen la selección de bacterias resistentes.

Otro factor preocupante es el uso indiscriminado de antibióticos en la producción animal. Su empleo para prevenir enfermedades o favorecer el crecimiento del ganado facilita la aparición de bacterias resistentes que pueden llegar al ser humano a través de los alimentos, el agua o el medio ambiente. Por ello, la resistencia bacteriana debe abordarse bajo el enfoque "Una Sola Salud" (One Health), que reconoce la estrecha relación entre la salud humana, animal y ambiental.

En el Perú, la resistencia bacteriana representa un problema creciente. El Instituto Nacional de Salud mantiene un sistema permanente de vigilancia, que ha emitido alertas por la circulación de bacterias altamente resistentes, entre ellas Klebsiella pneumoniae productora de carbapenemasas, Pseudomonas aeruginosa y Acinetobacter spp., microorganismos asociados a infecciones graves y con opciones terapéuticas cada vez más limitadas.

En hospitales de alta complejidad, como los de nuestra región, también es frecuente el aislamiento de Escherichia coli, principal causante de infecciones urinarias, así como Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa y Acinetobacter baumannii, bacterias que han desarrollado resistencia frente a múltiples antibióticos y representan un reto para el tratamiento de pacientes hospitalizados.

¿Por qué es un problema tan grave?

Porque las consecuencias son profundas y críticas para la salud. Las infecciones resistentes prolongan la estancia hospitalaria de los pacientes, incrementan los costos de atención, obligan al uso de antibióticos más costosos y con mayores efectos adversos, y aumentan el riesgo de complicaciones y muerte. Además, ponen en peligro procedimientos médicos como cirugías, trasplantes, tratamientos oncológicos y cuidados intensivos, que dependen de antibióticos eficaces para prevenir infecciones.

¿Cómo podemos prevenir la resistencia bacteriana?

La resistencia bacteriana puede prevenirse de diferentes modos, como por ejemplo la población puede desempeñar un papel fundamental usando antibióticos únicamente bajo indicación médica, respetando la dosis y la duración del tratamiento, evitando la automedicación y nunca compartiendo medicamentos. Igualmente, importantes son el lavado frecuente de manos, la vacunación, la adecuada manipulación de alimentos y el fortalecimiento de las medidas de prevención de infecciones tanto en la comunidad como en los establecimientos de salud.

Como microbióloga clínica, observo diariamente cómo las bacterias resistentes dificultan el tratamiento de pacientes que, años atrás, habrían respondido favorablemente a antibióticos convencionales. Detrás de cada resultado de laboratorio existe una persona cuya recuperación depende de que aún dispongamos de medicamentos eficaces.

Los antibióticos constituyen uno de los descubrimientos más importantes de la medicina moderna. Preservar su eficacia no es solo responsabilidad del personal de salud; es un compromiso de toda la sociedad. Cada uso responsable contribuye a frenar la propagación de bacterias resistentes y a proteger la salud de las generaciones presentes y futuras.

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(*) Hospital Regional Lambayeque

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