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Un nuevo gobierno, los mismos problemas: ¿Podrá el Perú romper el círculo de la crisis?

Escribe: Bagner Salazar Salazar (*)
Edición N° 1459

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Parece que Perú se ha habituado a vivir entre promesas de renovación, cambios de autoridades y crisis políticas, los nuevos gobiernos llegan con expectativas, discursos enfocados en el cambio y promesas de volver a ganar la confianza del pueblo; no obstante, a medida que pasa el tiempo, los problemas que impactan directamente a la población siguen siendo casi los mismos: inseguridad ciudadana, corrupción, informalidad, deficiencias en los servicios públicos, desigualdad y una desconfianza cada vez mayor hacia las instituciones.

La cuestión del país no se limita solamente a quién tiene el poder de manera temporal, la experiencia reciente muestra que la mera sustitución de las autoridades no asegura un cambio en la situación del país, si las instituciones son débiles, la planificación se vuelve menos relevante y los gobiernos toman decisiones públicas más guiadas por urgencias políticas que por una visión a largo plazo. En tal escenario, cualquier gobierno puede acabar gestionando los mismos problemas que se comprometió a resolver.

El Perú ha tenido que pagar un precio alto por la inestabilidad política, el conflicto constante entre las autoridades estatales, los cambios recurrentes de líderes y la falta de acuerdos básicos han relegado a temas que debieran tener un lugar destacado en el debate público; mientras la política se enfoca en sus propias disputas, millones de ciudadanos siguen a la espera de soluciones concretas ante el crimen, el desempleo adecuado, las barreras para acceder a servicios médicos oportunos y las brechas educativas que todavía existen.

Recuperar la confianza de una ciudadanía cada vez más incrédula será uno de los retos más grandes para un gobierno nuevo, los habitantes de Perú han oído durante años promesas semejantes y han visto cómo muchas de ellas se desvanecen debido a la falta de planificación, los intereses personales o la incapacidad para transformar las propuestas en resultados; la confianza no se restablece a través de discursos; se logra con decisiones sensatas, transparencia y resultados que sean perceptibles en la vida diaria.

La inseguridad ciudadana es, sin duda, uno de los casos más claros de esta situación, las familias, los trabajadores y los empresarios sufren las consecuencias de la delincuencia, el crimen organizado y la extorsión, ante esta situación, las respuestas que son solamente reactivas o temporales no son suficientes; para que el país pueda fortalecer a la Policía Nacional, mejorar la inteligencia contra el crimen, modernizar el sistema de justicia y facilitar una coordinación efectiva entre los diferentes niveles de gobierno, es necesario contar con una estrategia integral.

La economía es otro desafío esencial, si el crecimiento no se traduce en mejores oportunidades para la mayor parte de la población, simplemente mostrar indicadores favorables no es suficiente, en una nación con un alto grado de informalidad, miles de ciudadanos laboran todos los días sin seguridad social, estabilidad ni oportunidades reales de progreso; el reto es crear las circunstancias para una economía que fomente la inversión y el emprendimiento, pero a la vez posibilite la expansión del empleo formal y disminuya las desigualdades presentes.

El nuevo gobierno tendrá, por tanto, una responsabilidad que va más allá de administrar la coyuntura, necesitará comprender que los problemas estructurales del Perú no pueden resolverse mediante medidas aisladas ni anuncios de corto plazo; el país requiere continuidad en las políticas que funcionan, reformas institucionales responsables y acuerdos básicos que puedan mantenerse más allá de un periodo gubernamental.

Romper el círculo de la crisis implica también cambiar nuestra forma de entender la política, el Perú no puede continuar reiniciando sus prioridades cada vez que cambia una autoridad. Necesitamos construir una visión de país que trascienda nombres, partidos y gobiernos, la educación, la seguridad, la salud, la infraestructura, la productividad y la lucha contra la corrupción deberían formar parte de compromisos nacionales sostenidos en el tiempo.

La pregunta, entonces, no es solamente si un nuevo gobierno podrá resolver los problemas del Perú, la verdadera pregunta es si el país será capaz de aprender de sus crisis y construir instituciones que funcionen independientemente de quién se encuentre en el poder; los gobiernos pasan, pero las consecuencias de las malas decisiones permanecen.

El Perú tiene recursos, talento y enormes posibilidades de desarrollo, lo que necesita es recuperar la capacidad de convertir esas posibilidades en resultados concretos para sus ciudadanos, un nuevo gobierno puede representar una oportunidad, pero solo será verdaderamente nuevo si también cambia la manera de gobernar; de lo contrario, continuaremos viendo nuevos rostros frente a los mismos problemas y formulándonos, una vez más, la misma pregunta: ¿cuándo comenzará realmente el cambio?

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Doctor, ocente universitario. economista.

Correo: bagnerss3@gmail.com

Teléfono: 979217638

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