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El género en casa

Escribe: Luis Rolando Alarcón Llontop (*)
Edición N° 1454

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  • Los estereotipos no son ficciones antojadizas que circulan en dimensiones paralelas ni distantes de la realidad: los estereotipos de género suelen ser espejo de lo real.

Dos investigaciones cuyo tema central es la discriminación contra la mujer en medios de comunicación y en redes sociales, y con uno de sus énfasis en los estereotipos que se forman en estos canales sobre ellas, esperan el veredicto de pares evaluadores en una revista científica y un evento académico dedicado.  En ambos estudios, una estereotipia hallada tiene que ver con roles de la mujer asignados para que los cumpla en casa.

Respecto a los estereotipos sobre la mujer ya hemos antes conceptualizado -recogiendo de varias fuentes- que son ideas aceptadas comúnmente por la sociedad machista con carácter de inmutable que se establecen y perpetúan respecto a las mujeres en general, relegando su participación en sociedad en contextos que terminan por discriminarla, esto es, recortando el goce real de sus derechos.

De Martínez Villegas y Camacho Castañeda (2020), Barbera y Wences (2020) y ACHNUC (2023), entre otras bases consultadas, se tiene que los estereotipos de género constituyen visiones generalizadas o ideas preconcebidas respecto a los atributos o las características, o los papeles que desempeñan o deberían desempeñar las mujeres.

Y hay más: Unas veces abiertamente hostiles (como en: "las mujeres son irracionales"), otras en apariencia benignos (en la romántica: "ellas son cariñosas"), los estereotipos resultan perjudiciales al apoyar y naturalizar desigualdades. Por citar, foco de este artículo, la visión tradicional que tiene a las mujeres como cuidadoras termina por endilgarles o refuerzan el que las responsabilidades del cuidado de los niños y mayores en el hogar recaigan mucho más o hasta exclusivamente en ellas.

Del dicho al hecho

Lo cierto es que los estereotipos no son ficciones antojadizas que circulan en dimensiones paralelas ni distantes de la realidad: los estereotipos, en este caso los de género, suelen ser espejo de lo real. Aunque no sabremos qué será el huevo o qué la gallina. Particularmente, sospecho que se trate de un proceso de retroalimentación: la realidad alimenta la estereotipia y la estereotipia devuelve a la realidad. Un continuo.

En ese marco, el informe “Las personas trabajadoras de América Latina con responsabilidades de cuidados: Una mirada regional al Convenio 156”, publicado en marzo pasado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe, alcanza datos que sostienen nuestra tesis y que tomamos acaso resumidos:

Datos relevantes:

– A nivel mundial, las mujeres realizan el 76,2 % de todo el trabajo de cuidado no remunerado, dedicando 3,2 veces más tiempo a estas tareas que los hombres. Así, 606 millones de mujeres en edad de trabajar (21,7 %) realizan trabajos de cuidado no remunerados a tiempo completo, bien, bien, lejos de los 41 millones de hombres (1,5 %).

– En América Latina, las mujeres dedican entre 6,3 y 29,5 horas semanales más que los hombres a realizar trabajos de cuidado no remunerados. Son en total 8.417 millones de horas semanales dedicadas al trabajo de cuidado no remunerado por parte de las mujeres en la región.

– En 2022, las mujeres en América Latina percibieron en promedio el 88,2 % del salario mensual real de los hombres en zonas urbanas. Pero cuando se considera el total de los ingresos laborales, incluyendo los distintos tipos de empleo y las horas trabajadas, la brecha se amplía notablemente: las mujeres perciben apenas un 59 % de lo percibido por los varones.

Ha dicho al respecto la directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Ana Virginia Moreira Gomes: "El trabajo de cuidado, esencial para nuestras economías y sociedades, sigue subestimado y distribuido de manera desigual, perpetuando las desigualdades de género".

Si esta inequidad -real- restringe no sólo la participación laboral de las mujeres, sino que también las relega a una situación de desventaja económica y social, se naturaliza y perpetúa a nivel de imaginarios colectivos con los estereotipos que persisten en erigir sobre ellas, medios de comunicación tradicionales tanto como redes sociales. 

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(*) Colaborador y articulista.

 respuesta de TATIANA el 2020-07-14.

excelente

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