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LOS JAGÜEYES DE MAYASCÓNG: El místico oasis de agua, naturaleza y vestigios ancestrales en Lambayeque

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1462

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  • Se ubican en el camino al distrito altoandino de Incahuasi.

Enclavados en un entorno privilegiado de la costa norte peruana, a una elevación que oscila entre los 400 y los 700 metros sobre el nivel del mar, se encuentran los jagüeyes de Mayascóng. Estos afloramientos hídricos cumplen un rol ecológico fundamental al proporcionar un suministro constante y vital de agua al ecosistema de bosque seco subtropical de la zona. Las aguas brotan directamente de las entrañas del cerro conocido como Calabozo, un imponente promontorio envuelto en el misticismo local, donde los lugareños le atribuyen desde tiempos inmemoriales poderes mágicos y propiedades encantadoras.

El singular nombre de estos puquiales tiene un origen histórico vinculado a la tradición productiva regional, pues proviene del famoso chocolate Mayascóng, una célebre golosina que se elaboraba en la emblemática Casa Hacienda del mismo nombre, propiedad de la familia Salcedo Peramás, acrisolada estirpe lambayecana cuyo descendiente más célebre, Augusto B. Leguía Salcedo, llegaría a ser varias veces presidente del Perú. y según cuenta la tradición correteó entre los campos de cacao y palitos y los espléndidos arrozales de las más de mil hectáreas de lo que fue alguna vez una excelente propiedad sobre las faldas de los bosques de Batan Grande.

Para aquellos viajeros e investigadores que buscan adentrarse en este rincón lambayecano, la referencia de acceso consiste en dejar atrás el caserío La Traposa, ingresar por la calle Incahuasi y avanzar hasta alcanzar la histórica Casa Hacienda. A tan solo treinta minutos de caminata desde esta edificación colonial, el visitante es recibido por los jagüeyes, los cuales forman hermosas pozas y lagunas naturales que han dado origen a un ecosistema sumamente rico y diverso.

Este oasis hídrico fomenta el crecimiento de una abundante flora silvestre representativa del bosque seco. Entre las especies vegetacionales de mayor importancia destacan ejemplares de palo santo y densos matorrales decorados por la colorida flor de overo. El paisaje vegetal se complementa con una llamativa variedad de cactáceas: sobresalen los cactus de gran tamaño conocidos popularmente como «grandes», junto a fascinantes especies de forma esférica que crecen al ras del suelo, denominadas por los pobladores como «piñas». Asimismo, la zona hace gala de una vistosa diversidad floral donde destacan la flor de higuerón y delicadas campanolas que matizan el entorno natural.

La disponibilidad permanente de agua y la variada cobertura vegetal convierten a los Jagüeyes de Mayascóng en un refugio clave para la fauna regional. En las áreas más altas y escarpadas que rodean las fuentes de agua, es posible divisar valiosos ejemplares de osos de anteojos, así como venados o tarucas que acuden al lugar en busca de alimento y refugio. En tanto, en el estrato más bajo, entre las grietas de los roquedales y las pequeñas formaciones rocosas, corretean libremente iguanas y variadas especies de lagartos.

Las pozas

Más allá de su evidente riqueza biológica, los jagüeyes destacan por su profundo valor arqueológico y simbólico. El jagüey de mayor envergadura posee una impresionante estructura natural de ocho metros de diámetro y alcanza una profundidad de aproximadamente tres metros y medio. Existe la firme hipótesis de que estas formaciones fueron aprovechadas activamente como baños termales y medicinales por los antiguos pobladores de la cultura Sicán. Esta interpretación se sustenta en la arquitectura natural del lugar: en el tercer jagüey se aprecia una amplia poza que en la época prehispánica habría sido acondicionada para el uso de personas adultas, flanqueada por otra fosa de menores dimensiones que probablemente sirvió para el baño de los niños.

Esta teoría sobre el uso ritual y medicinal de las aguas por parte de los ancestros sicanes cobra un sustento extraordinario gracias a los testimonios iconográficos presentes en el sitio. Justo al lado de las mencionadas pozas se conservan dos importantes petroglifos cuya simbología resulta reveladora. Las inscripciones grabadas sobre la piedra presentan dibujos de personajes antropomorfos cuyas posturas sugieren la clara intención de ingresar a las pozas de agua. Asimismo, el repertorio de arte rupestre incluye complejas representaciones de serpientes bicéfalas, imágenes humanas y diversas figuras de aves capturadas en distintas posiciones.

De esta manera, los jagüeyes de Mayascóng se consolidan como un espacio donde la geografía, la mitología popular, la biodiversidad del bosque seco y la herencia arqueológica de Lambayeque se entrelazan de forma armoniosa, manteniéndose como un testimonio vivo del sabio manejo del agua en el Perú antiguo.

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