La historia y la arqueología devuelven los restos materiales de las civilizaciones pasadas, pero es el arte el encargado de insuflarles vida y devolverles la voz. En Lambayeque, el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán marcó un hito mundial, pero la tarea de ponerle rostro, cuerpo y movimiento a esa majestuosidad recayó sobre los hombros de un solo hombre: Alfonso Tello Gamarra. Conocido en el ámbito artístico como "Chocho", este destacado actor y gestor cultural ha dedicado gran parte de su vida a la monumental tarea de personificar al antiguo gobernante mochica, convirtiéndose en el nexo viviente entre el esplendor ancestral y el público contemporáneo.
Hijo del recordado poeta, pintor y periodista Alfonso "Fuco" Tello Marchena, Alfonso creció en un hogar donde el arte era una vocación natural y obligatoria. Su primera incursión en los escenarios ocurrió a los 12 años interpretando al Huerequeque, portando un vestuario confeccionado por su madre. Con los años, aunque transitó por la práctica del básquetbol y los estudios de Derecho y Sociología, el teatro y la técnica del mimo moldearon su cuerpo y expresividad. Esta rigurosa preparación en el dominio físico y el lenguaje del silencio fue, precisamente, la que años más tarde le permitiría asumir la responsabilidad de encarnar al monarca más importante del antiguo norte peruano con una dignidad e imponencia incomparables.
La metamorfosis sobre las tablas
El ingreso de Tello Gamarra al universo mochica ocurrió en 1990, cuando el compositor Edgard Dante Saavedra le propuso asumir el rol protagónico en la Cantata al Señor de Sipán, tras la salida del intérprete inicial. Al analizar la propuesta, el actor notó que la obra corría el riesgo de volverse monótona debido a su ritmo pausado. Lejos de ser un simple ejecutor, impuso su visión artística y aceptó el personaje bajo la condición de realizar una profunda reestructuración coreográfica y actoral. Su propuesta transformó una representación estática en un espectáculo dinámico y vibrante, dotando al soberano de una presencia magnética y una fuerza teatral arrolladora.
Bajo la piel del Señor de Sipán, "Chocho" inició una travesía que conmovió a multitudes en todo el país. La majestuosidad del gobernante norteño rompió las fronteras regionales y nacionales. El espectáculo no solo recorrió casi todos los departamentos del Perú, sino que traspasó fronteras hacia Bolivia, Chile y los Estados Unidos. En este último país, la puesta en escena deslumbró durante casi cuatro meses en escenarios de Washington y Nueva York, llevando la riqueza cultural de Lambayeque ante los ojos del mundo y demostrando el impacto universal de una interpretación hecha con el corazón.
El eco del eco mochica
La consolidación de Alfonso Tello como el rostro oficial del Señor de Sipán alcanzó su punto cumbre a finales de la década de 1990. Con motivo de los diez años del descubrimiento arqueológico, la Cantata fue invitada por el alcalde de Lima a presentarse en el atrio de la Catedral de la capital, en un evento que reunió a las principales autoridades del país. Esta imponente escenificación abrió las puertas para llevar al soberano a una histórica y simbólica presentación dentro de las celebraciones del Inti Raymi en el Cusco, uniendo místicamente las culturas del norte y del sur. Cada función significaba un tremendo esfuerzo físico para mantener la rectitud y solemnidad que el personaje exigía bajo el peso de la indumentaria real.
Sin embargo, el esfuerzo de Tello por el arte de su región nunca se limitó al aplauso masivo; su liderazgo también se trasladó a las aulas. En 1986, propuso el anteproyecto para fundar la Escuela de Arte de Lambayeque y, tras fundar la Coordinadora de Artistas Lambayecanos (COAL) en 1990 para presionar a las autoridades, se logró que la institución se fundara formalmente en 2012. Para el actor, la formación de las nuevas generaciones es el único camino para mantener viva la antorcha cultural de la región.
El legado imperecedero
Haber personificado al Señor de Sipán durante más de tres décadas ha transformado la carrera y la vida de Alfonso Tello Gamarra. Vestirse con las réplicas de las orejeras, los collares de oro y plata y el gran cetro mochica no ha sido un simple acto de entretenimiento, sino un constante ejercicio de memoria histórica y orgullo identitario. A través de sus gestos solemnes y su mirada firme sobre el escenario, ha logrado que miles de personas sientan orgullo de su pasado y entiendan la grandeza de los antiguos habitantes de los valles lambayecanos.
Alfonso Tello Gamarra no solo ha interpretado al Señor de Sipán, ha custodiado su dignidad y ha grabado la imagen de un rey eterno en la memoria colectiva del pueblo.
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